Juan Antonio Morales

La rosa y el clavel

miércoles, 10 de octubre de 2018 · 00:09

El fallo de La Haya tiene una gran lección para nosotros. Como lo han dicho varios autores que me han precedido, obliga a repensar el país y obliga también a pensar en su inserción internacional en un mundo cambiante, ancho y ajeno, como diría Ciro Alegría.

¿Por qué no pensar en un gran acuerdo de integración internacional, económica y cultural, de Chile, Bolivia y Perú? Sigamos el ejemplo del entendimiento franco-alemán de 1963, acordado entre el canciller Adenauer de la República Federal Alemana y el presidente De Gaulle de Francia (el tratado del Elíseo). Ese acuerdo selló una gran amistad, entre dos países que se habían guerreado entre ellos durante siglos.

Las negociaciones para un gran acuerdo serán arduas y tomarán mucho tiempo pero tendremos un horizonte. Está claro que en las circunstancias actuales no podemos avanzar mucho. Evo Morales no es Adenauer ni Piñera tiene la talla de De Gaulle. En el país se debería entretanto recrear Udapex (la Unidad de Análisis de Política Exterior) en la Cancillería para que vaya preparándonos.

La intuición del expresidente Jaime Paz Zamora de que será Chile el que dará los primeros pasos para las conversaciones es correcta. Tenemos que entender a Chile. Por el momento le lleva mucha ventaja a Bolivia. Tiene un PIB per cápita (medido en dólares constantes corregidos por paridad de compra) que es de 3,4 veces el nuestro. Tiene una clase empresarial muy dinámica y una burocracia muy competente. Las universidades chilenas están entre las mejores de la región. Chile está muy bien relacionado con el resto del mundo.

Pero así como tiene fortalezas tiene también debilidades. Su economía pareciera haber caído en la trampa de los ingresos medios. Ya no puede crecer simplemente incorporando más capital y trabajo, sino que necesita aumentar su productividad, lo que no está sucediendo a la rapidez requerida. Tiene también los problemas de envejecimiento de la población, de una distribución, personal y regional, del ingreso muy desigual, y del costo más alto de Sudamérica de la educación y de la salud en proporción del ingreso disponible promedio de las familias. Su neoliberalismo, el más extremo de las Américas, que le ha servido bien durante muchas décadas, ahora puede volcarse en contra.

Es cierto que emplea tecnología de punta en su minería y en su agricultura, pero sus exportaciones siguen siendo de productos poco complejos. No tiene una producción industrial digna de ese nombre. Su sector de servicios de alta tecnología es prometedor, pero está todavía lejos de jugar en las ligas mayores.

La imagen de Bolivia que tienen los chilenos es simplista. No se han dado cuenta de que nuestro país se ha beneficiado del superciclo de altos precios de los commodities, tal vez más que los vecinos. Tampoco se reconoce que nuestra población es de más en más urbana, con la ventaja, además, de que gozamos de un bono demográfico, es decir, de una población joven, que puede darle un gran impulso al crecimiento económico de país.

Para muestra un botón: Cochabamba, con sus empresas de tecnología de la información se está convirtiendo, hablando un poco hiperbólicamente, en el Silicon Valley de América del Sur. La gran vitalidad de la agroindustria cruceña es otro ejemplo más de los muchos. Estamos lejos de la trampa de ingresos medios. Con un cambio de las actuales políticas estatistas de desarrollo y de sus responsables podemos llegar muy lejos. En algún momento se darán cuenta en Chile que para salir de sus entrampamientos y para darle más vida a sus regiones del norte, que han estado relegadas, le convendrá mejorar las relaciones con Bolivia.

Por nuestra parte, bajemos los decibeles de los discursos y busquemos un entendimiento duradero y ambicioso con nuestro vecino. También démosle una mirada a los otros esquemas de integración y de comercio preferente, que en el país han caído en un “descuido benigno” en el gobierno del MAS. No nos conviene como país estar sólo en compañía de los muchachos del ALBA.

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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