¿Linchamos a Iturri?

lunes, 22 de octubre de 2018 · 00:10

Narra un columnista de este periódico que “Hace unos días el periodista Jaime Iturri, director de ATB, fue increpado por una persona en un restaurante de Cochabamba, donde, además, hizo que alguien grabara todo el hecho”. Como el “hecho” está siendo ampliamente comentado en las redes, lo tomo como tal.

Inicialmente, me parece, la reacción fue de condena al acto. Sin embargo, en los últimos días han comenzado a aparecer curiosas defensas de quien perpetró el referido hecho, como si se tratara de ejercer un derecho democrático, y que indirectamente estuviera reivindicando a los cabreados con este Gobierno.

Me cuento entre los cabreados, los desilusionados y todos los que creen que el gobierno del MAS es un Gobierno corrupto y arbitrario, que es cada día más autocrático. Digo esto para que no se confunda lo que voy a decir con una defensa de Iturri o del Gobierno. El primero no lo necesita y el segundo no lo merece.

Sin embargo, la reivindicación del acto contra Iturri como un ejercicio del derecho a una condena social me parece que surge de una lamentable confusión, o quizá simple obcecación contra el MAS.

Cito tres defensas del referido acto porque vienen de personas de las que se podría esperar cierta cordura democrática. Supongo que se han difundido otras, pero solo quiero ilustrar.

“Estoy plenamente de acuerdo con que las personas públicas reciban sanciones sociales”, Agustín Echalar, FB.

“Yo no comparto la idea de quienes dicen que este es un acto de intolerancia. Si un ciudadano no puede gritarles unos cuantos insultos a las autoridades de turno (o a los periodistas del oficialismo), entonces no es democracia.” Raúl Peñaranda, P7.

“Yo vi cómo, a la exministra de Salud, los ciudadanos le reclamaron a su llegada al aeropuerto. Me parece que ver impasible cómo destruyen la democracia, cómo se roban todo no es de civilizados, es de zombies”, Patricia Alandia, FB.

Me parece alarmante que personas por lo demás sensatas crean que parte de los derechos democráticos es insultar a cualquier funcionario de un Gobierno con cuyas acciones no se está de acuerdo. No creo que haya habido un solo Gobierno en la historia que haya logrado la aprobación unánime de la población de su país.

Según Echalar, Peñaranda y Alandia, cualquier funcionario de cualquier Gobierno democrático es insultable por el solo hecho de que a alguien no le guste ese Gobierno. Extender ese derecho a los periodistas asociados de alguna forma al mismo, atenta además contra la libre expresión. Y, si siguiéramos ese principio de sanción social, por qué limitarse al insulto. ¿Por qué no una chicoteada, al mejor estilo masista

Peñaranda, queriendo justificar la “sanción” contra Iturri, incurre en uno de esos golpes bajos del periodismo. “Ninguna de esas cosas ha sido probada, pero se mencionan con insistencia”. Si no hay pruebas, mejor callar.

Al respecto, es importante la precisión que hace Reyesvilla:

“La ciudadanía, para expresar su repudio por las acciones de los poderosos, debe agotar las instancias jurídicas para hacer valer sus derechos. Pero ante la oclusión de tales vías por parte del Estado… surge la sanción social... El primer gran gesto de sanción social ocurrió durante la inauguración de los Juegos Odesur … La silbatina generalizada…” Puka Reyesvilla (cita abreviada).

Es decir, ese derecho sólo entraría en vigor cuando el Estado ha cerrado otras vías de protesta o de hacer valer los derechos ciudadanos. Pero Reyesvilla se está refiriendo al acto colectivo de abuchear o gritar consignas en actos públicos.

Si vamos a llamar sanción social a esto último, no se podría estar en desacuerdo. Pero, hacer que arbitrariedades del Estado en un terreno generen derechos de ofensa y agresión personal a cualquier persona asociada al Gobierno, abre la vía a consecuencias poco democráticas.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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