¡Basta de victimizarnos!

viernes, 5 de octubre de 2018 · 00:11

No puedo ocultar que, al igual que muchos bolivianos, vi el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya con mucha esperanza. Al inicio, en la lectura del diagnóstico, el juez Yusuf nos ilusionaba cuando establecía que Bolivia nació como país en 1825 con un litoral de más de cuatrocientos km2. Al continuar su alocución, leyendo el análisis que seguramente hizo el equipo de magistrados de la CIJ, fue desbaratando los ocho puntos de argumentación trabajados por el equipo jurídico boliviano.

El juez somalí deshojaba la margarita de nuestros argumentos, que caían uno a uno al suelo.

La desazón a nivel nacional seguramente crecía al ver la transformación del rostro de nuestro Presidente conforme pasaba el tiempo. De una pose y un rostro contento y optimista, incluso posando con el saludo que simboliza la resistencia del proletariado –levantando el brazo izquierdo con el puño cerrado y la mano derecha en el pecho– pasó a un estado de confusión, agarrándose la cabeza, como diciendo, “esto no nos puede estar pasando”.

Cayó la última hoja de la margarita y, como ya lo dijeron varios, ni el más optimista chileno ni el más pesimista boliviano podrían haber imaginado el resultado. Bolivia perdió, la Corte le negó su demanda. Ese fue el resultado.

Surgieron entonces todo tipo de reacciones en el país. Las peores buscaron, como siempre, hacer leña del árbol caído. Argumentaban cosas tipo: “Sabíamos que el equipo jurídico era improvisado”. “Nosotros dijimos desde siempre que ésta no era la vía”, sostenían los que habían propuesto una tesis distinta a la que se ejecutó.

Otros fueron más autocríticos y establecieron que se debía reconocer la derrota haciendo previamente una evaluación profunda y responsable. Muchos sostuvieron que era uno de los peores días de la historia boliviana. igual o peor que el día en que se firmó el Tratado de 1904.

En fin, ya pasaron algunos días del fallo y es absolutamente necesario tener un momento de duelo que nos permita digerir el trago amargo y reacostumbrarnos a esta nuestra nueva forma de vida, teniendo claro que en la vida las derrotas y las victorias se deben tomar con serenidad.

Debemos aprender de nuestras derrotas y saber asimilar nuestras victorias. Tenemos que cambiar la eterna mentalidad de perdedores y de “lamento boliviano”, echando la culpa al otro de lo “desgraciados que somos”. De lo contrario, terminaremos como ciertos países que, viéndose como perdedores, se convirtieron en pueblos temerosos del otro, adoptando comportamientos xenófobos y de nacionalismo extremo para protegerse de nuevas frustraciones.

Por qué no podemos ver vías y escenarios alternativos de salidas, en todo sentido, que nos conduzcan como país a desarrollarnos armoniosamente con la sociedad y con lo humano, aceptándonos tal y como somos; en este caso, un país mediterráneo.

Después de todo, siempre las crisis han sido motivo para generar nuevas oportunidades y nuevas ideas. Si no me creen, los invito a revisar el significado de la palabra crisis en el idioma chino.

Tenemos que superar nuestros complejos como pueblo boliviano y reinventarnos despojándonos de todo lo que tenga que ver con la maldita victimización.

Jorge Dulon Fernández es administrador público y cientista político.

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