Bolsonaro, Lula y Moro

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jueves, 08 de noviembre de 2018 · 00:09

Una campaña muy bien orquestada a nivel nacional y mundial difundió que había gran rechazo de la población a la corrupción del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y que por eso ganaría, y ganó Bolsonaro, pero las encuestas de opinión previas a las elecciones daban un triunfo arrollador a Lula, el principal corrupto, según la propaganda. Recordarlo, hace que la noticia que el PT perdió las elecciones debido al rechazo a la corrupción pierde credibilidad. 

El juez Sergio Moro sentenció a 12 años de prisión a Lula acusándolo de haber recibido un departamento de regalo de una empresa que quería hacer negocios con el Estado. Lula dice que nunca lo recibió. Pero se menciona también que es culpable de otros hechos de corrupción. Lo que no se entiende es por qué no fue inculpado por esos otros delitos. 

La sentencia de Sergio Moro tuvo como efecto impedir la reelección de Lula con lo cual se facilitó el triunfo de Bolsonaro.  Moro será el Ministro de Justicia de Bolsonaro. Ello ha echado sombras de duda sobre la imparcialidad del juez y sobre una posible connivencia con Bolsonaro. En todo caso, dicha designación pone en duda la reputación de Moro como juez probo.

A Bolsonaro le gusta mostrarse como blanco, homofóbico, racista, misógino, liberal, católico ultra-conservador y admirador de los desmanes de las dictaduras militares. ¿Cómo fue que pudo ganar las elecciones?

Dos importantes observaciones pueden ayudar a responder a esa pregunta. En primer lugar, según las encuestas, la población estaba dispuesta a votar por Lula pero no por el PT. Ello implica que en Brasil, como en otros países de América Latina, la gente vota por el caudillo, no por un programa o política, lo que muestra que no ha desarrollado lo que se llamaba antes formación o conciencia política. 

La segunda observación se refiere al estado de inseguridad ciudadana que hace que los electores busquen una opción de gobierno que prometa poner fin a los atracos, violaciones, asesinatos, etcétera. Ello ocurrió en Guatemala, donde la población votó por Otto Pérez, un antiguo militar, represor en épocas de la dictadura de Ríos Mont. Ocurrió también lo mismo en Filipinas con la elección del fiero Duterte. 

 Para realizar esa tarea, la gente busca a un hombre macho, temerario, cruel si fuese necesario, e intolerante con cualquier desliz. Como los pobres son generalmente de origen negro en Brasil y se piensa que en ellos se anida la delincuencia, ese macho tiene que ser blanco. Y como macho alfa tiene que ser intransigente con homosexuales y prostitutas. Bolsonaro tiene todas las características de ese salvador.

Las encuestas de LAPOP muestran también que en América Latina existe una amplia preferencia por gobiernos de mano dura que pongan fin a la inseguridad ciudadana, incluso si para ello es necesario sacrificar la libertad y la democracia. Esto no debe sorprender pues entre las 50 ciudades más violentas del mundo, 42 se encuentran en América Latina, donde se registra 144 mil homicidios cada año, de los cuales, 62.000 se dan en Brasil y 30.000 en México.

Todo esto contrasta con lo que alguna vez se pensó en América Latina que había un proceso de desarrollo de ideas orientado a construir sociedades prósperas, pacíficas y con justicia social.

Para terminar, cabe recordar que América Latina es la región del mundo con mayores índices de desigualdad. Ello genera que en cualquier proceso eleccionario se enfrenten grupos sociales y económicos con intereses opuestos, y que los grupos más poderosos puedan instrumentar a su favor los miedos y temores de los ciudadanos.

 

Rolando Morales Anaya es economista

 

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