Democracia o dictadura

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jueves, 06 de diciembre de 2018 · 00:10

Sí, este es el dilema de política y de la vida en Bolivia. La anomia estatal se ha impuesto, la norma no existe, el respeto a la ley se evaporó. Sólo prima la voluntad del caudillo. Éste hizo aprobar una Constitución a su medida, donde no se separaba el Estado de la sociedad civil, sino que a ésta se la incluía dentro del Estado. Pero, es el propio caudillo quien violó su Constitución y que la sigue violando cotidianamente.

 En rigor, la única ley que existe es la de su palabra y su capricho; tan alejado está de la democracia que su único club de amigos es el compuesto por Cuba -que no sólo anda canciones de la nueva trova, sino que nos tiene controlados con su equipo de inteligencia militar- Nicaragua y Venezuela, gobernados por expertos en asesinar a quienes buscan democracia

 Lo más sagrado de las personas es la palabra empeñada. Dijo que respetaría los resultados del referéndum del 21 de febrero. No lo hizo. Dijo que no conocía a la señora Zapata, después sólo afirmó que era una cara conocida. Expresó que se preocupaba por su hijo, que le daba dinero para su manutención. Sus obsecuentes, desde el segundo de a bordo, lo aplaudieron por ser un padre ejemplo que se ocupaba por su hijo. Luego afirmó que tal hijo no existía. 

 Para otros de sus hijos, tuvo que ser la justicia quien lo obligue a pagar pensiones. Esa es la estatura moral del poder. Para perpetuar su gobierno y su memoria se construyó un museo propio y edificó su palacio personal. Las dictaduras más abyectas, ésas que se basaban en el culto a la personalidad, han hecho exactamente lo mismo.

Las instituciones no existen. El Poder Judicial no sólo es venal, sino sumiso al poder. El Tribunal Constitucional fue quien decidió la repostulación de Morales, actuando con cinismo reconoció el “derecho humano” del caudillo a repostularse. El Poder Legislativo es sólo caja de resonancia del Ejecutivo. El TSE planificó con calma el golpe de Estado, aprobó la Ley de Organizaciones Políticas y, luego, su reglamento para habilitar a Morales. 

 Uno de sus miembros fugó aduciendo enfermedad, pero no estuvo enfermo para firmar el reglamento, su expresidenta huyó por temor. Cuando habilitaron a Morales sólo dos de sus miembros tuvieron la ética de no aceptar su repostulación. 

Las Fuerzas Armadas sobornadas gritan vergonzosamente “Patria o Muerte” en los cuarteles. La Policía pincha las redes sociales de opositores y comunicadores para recibir favores del Gobierno. Buena parte de los movimientos indígenas fueron envilecidos usando corruptamente el Fondo Indígena. La COB apoya al binomio cobrando algunos ministerios. Los empresarios cruceños, ésos de alma conservadora, son aliados fundamentales del MAS.

El boom de los precios de las materias primas con el cual se benefició el Gobierno dejó un país con más informalidad, con un tipo de cambio fijo que promovió la desindustrialización, con una balanza comercial negativa cercana a 1.450 millones de dólares. Las reservas monetarias bajaron de 15.000 a 8.000 millones de dólares y cerramos 2018 con un déficit fiscal cercano al 8%. 

 Pero, seguimos creciendo a costa de gastar las reservas internacionales y por la contratación de una elevada deuda externa. Entre deuda externa e interna se llega casi a 15.000 millones de dólares. Todos estos datos negativos no le importan al poder, pues a éste sólo le preocupa reproducirlo.  

Llegaron al poder afirmando que eran portadores de nuevos valores, transparencia, respeto al medioambiente, austeridad, valorización a los indígenas. Cuando ya es más de una década de gobierno se sabe que la corrupción es clave del gobierno, que se reprimió a los indígenas, que se promueve el desarrollismo extractivista, destrozando el medioambiente.

La austeridad viaja en helicóptero de San Jorge a la Plaza Murillo y circula con decenas de coches policiales de resguardo. No, no son portadores de valores; por el contrario, estamos sumidos en una crisis ética y moral que destruye el futuro de nuestros hijos.

Han transitado de ser un gobierno autoritario y antidemocrático. Es un deber moral evitar su eternización en el poder. Se requieren múltiples tácticas pacíficas para que se vayan del gobierno. No hay que regalarles las calles, como tampoco hay que permitirles que hagan fraude en las urnas; es necesario votar contra quienes quieren eliminar la democracia. Pero, todo esto precisa un requisito: unificar la oposición, política y ciudadana, para que gane la democracia al intento de llevarnos a la dictadura. 

 

Carlos Toranzo Roca es economista

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