Humor para todos

jueves, 1 de febrero de 2018 · 00:04

Rafinha Bastos, humorista brasileño, soltó una “piadinha” de muy mal gusto en 2011 respecto a la cantante Wanessa Camargo. En ese entonces Rafinha era parte del programa televisivo Caiga quién caiga, donde se difundió una foto de la cantante embarazada. Los otros conductores comentaron que Wanessa se veía hermosa, que el embarazo le sentaba bien, y Rafinha, para confirmar esas opiniones, dijo que ella estaba muy sexy, tanto que él “le daría a ella y al bebé”.


 Para muchos, el chiste fue grosero, pero gracioso; para otros, fue una ofensa grave. La cantante y su esposo demandaron al humorista, quien dejó la televisión por un tiempo. La pareja demandó a Bastos y en 2016 la justicia determinó que éste debía pagar una indemnización de 320 mil reales por daños y perjuicios. Sin embargo, Rafinha jamás ofreció disculpas, pese a que con eso el juicio habría acabado y él hubiese podido regresar antes a los medios.


 Él dijo que sí, que la broma había sido de mal gusto, incluso ofensiva, pero que ni por un segundo dejó de ser broma, que había sido lanzada en un programa humorístico y que si se disculpaba, estaría traicionando a todos los humoristas brasileños, pues sentaría un grave precedente que podía afectar el trabajo de todo su gremio.


 Personalmente, creo que lo cortés no quita lo valiente, pero tampoco estoy en desacuerdo con los argumentos de Bastos. Es un tema complejo, y, de hecho, el caso abrió el debate sobre los límites del humor en el país vecino. Para los principales humoristas brasileños, el humor no tiene límites y apoyan a Bastos. Según Danilo Gentili, conductor de The noite (exitoso late show en Brasil), “¿por qué no se puede hablar de mujeres, homosexuales o judíos en un chiste, pero sí de millonarios o de gringos?”. Es decir, el humor siempre ofenderá a alguien, al grupo o persona que protagoniza el chiste, pero los demás se reirán a pierna suelta.


 El chiste depende también de la interpretación, y ahora me refiero específicamente al montaje de Las Malcogidas que apareció en el periodiquito de Alasita de Página Siete. En el diccionario no existe esa palabra, pero sí “malcomida”, que quiere decir “poco comida”, por extensión, se puede inferir que a las afectadas se las tilda de insatisfechas, sexualmente hablando. No le veo la misoginia, no le veo una aversión contra La Mujer, así, en general; sí hallo el montaje de pésimo gusto, muy vulgarote, pero quizá otros no piensan igual. Quizá hay personas que sí disfrutan el chistecito y quizá hay personas que le hallan otras interpretaciones.


 El humor puede criticar, cuestionar, también ofender, o puede ser un chiste “tonto” sólo para reír. Hay humor ácido, como el de South park o Family guy, o humor familiar, como el de Los Simpsons, hay humor de gags, como el del teatro popular, o humor “inteligente”, como el de Les Luthiers. El humor es amplio y diverso, y mientras esté en un contexto determinado, no puede perderse de vista de que se trata de humor.


 En el contexto de un periodiquito de Alasita, donde todo, absolutamente todo, es ficcional, es parodia, es noticia falsa con tinte humorístico, lógicamente habrá chistes mal logrados, pero chistes al fin. Las interpretaciones individuales no pueden justificar censura de ningún tipo, como pretenden algunas autoridades del oficialismo, ante la vista y paciencia (¿miedo?) de los demás medios de comunicación, que no se han pronunciado con decisión sobre este atentado a la libertad de expresión.


 Lo de la ministra Campero ya sale de todo sentido común, pues se siente ofendida y discriminada por una noticia falsa, paródica, que apareció en dicha edición de Alasita, y pide que Página Siete se disculpe, utilizando, “para tales disculpas, las mismas características que usaron para denigrarme en la publicación del 24 de enero de 2018”. Me parece, sin embargo, que no hemos entendido el humor de doña Ariana, pues semejante despropósito sólo puede ser un chiste, considerando que lo que solicita es una disculpa en tono de broma en la edición de Alasita de 2019.


 Obviamente fue un chiste, pero muchos no lo entendieron. Jajajá por eso.

Willy Camacho es escritor. 

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