La UNE enciende la alerta ante excesivo consumo de alcohol

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miércoles, 14 de febrero de 2018 · 00:00

No es un secreto, ni tampoco algo que esté prohibido: en los cuatro o tres días de Carnaval, mucha gente tiene como su principal ingrediente el consumo excesivo o moderado de bebidas alcohólicas y sus buenos churrascos. Pues bien, esta situación es analizada por dos especialistas, un médico y un experto en neurociencias.

 El médico Jorge Crisosto, jefe de carrera de Medicina de la Universidad Nacional Ecológica (UNE), indica que el  alcohol inhibe a la conducta lo que conlleva a realizar acciones poco favorables para nuestro bienestar, específicamente en la salud a corto, mediano y largo plazo. Uno de ellos son las relaciones sexuales ocasionales, “lo grave es que lo hacen con personas desconocidas, hay un riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, como las venéreas, por estos encuentros sexuales”; pero también está el excesivo consumo de alcohol lo que conlleva a graves consecuencias para nuestro organismo.

 Por su parte el experto en neurociencias, y vicerrector de la UNE, Manuel Rojas, dice que el consumo de alcohol altera el balance funcional en el cerebro, daña el ADN de las células madre y aumenta el riesgo de cáncer en los jóvenes y adolescentes. Agrega que lo más grave es que el exceso de consumo de bebidas alcohólicas en estos tres días de Carnaval, esa persona será propensa a tener algún tipo de cáncer. 

 “El alcohol genera daño a los cromosomas y secuenciación de ADN de los genes que es causado por el acetaldehído, un químico perjudicial que se genera cuando el cuerpo procesa el alcohol. La ciencia está descubriendo que el acetaldehído rompe y daña el ADN dentro de las células madre sanguíneas, alterando de manera permanente las secuencias de ADN en su interior.

 Cuando las células madre saludables se vuelven defectuosas pueden dar origen a células cancerosas. Beber alcohol incrementa el riesgo de desarrollar siete tipos de cáncer, incluidas formas comunes como el de pecho y el de colon”, explica científicamente Rojas.

 Pero en la parte médica, retornamos a las indicaciones del doctor Crisosto: “Hay familias enteras que carnavalean, lo que en muchos casos se dan que algunos de los hijos e hijas salen a festejar carnaval y con el consumo prolongado de alcohol, estos jóvenes regresan en condiciones muy lamentables, incluso con signos de haber consumido algún tipo de drogas, voluntariamente o de manera involuntaria. 

 Hay otra situación que es muy común hoy en día (aunque no debiera) el crear espacios o ambientes liberales de consumo de alcohol entre padres e hijos generando una distorsión de roles; en estos casos puede suceder que las familias aprendan a resguardar su integridad como otras que sólo lo verán como algo normal o común  porque es Carnaval”.

  Crisosto indica que el cerebro y el hígado son dos órganos que en la medida que se van deteriorando, van causando serias deficiencias del funcionamiento normal; es decir, el cerebro dañado va a limitar el potencial del desarrollo intelectual de una persona, incluso del comportamiento. El hígado dañado por la toxicidad del alcohol va debilitando su función,  que finalmente se debe extraer y es indispensable, ya que no se puede vivir sin este órgano. Un hígado deteriorado nos hace adquirir una serie de problemas.

  El hígado graso es muy común en gente joven hoy en día, efectivamente este órgano va evolucionando hacia una cirrosis hepática a largo plazo pero va alterándose en su composición en el tejido  con infiltraciones grasas y finalmente todo esto lleva a una insuficiencia hepática.

 Pero qué pasa con el cerebro, que según los especialistas, es el otro órgano más afectado por el consumo de bebidas alcohólicas. Rojas, desde la neurociencia, explica que  el  consumo de alcohol altera las funciones cerebrales,  desde las emociones (cambios drásticos de humor) hasta los procesos de pensamiento y de juicio.

Agrega que  altera la acción de los  neurotransmisores: disminuye el estado de alerta y el autocontrol, retarda los reflejos, produce cambios en la visión, pérdida de la coordinación muscular, alucinaciones, etcétera. Daña las células cerebrales de forma irreversible. 

Produce  alteraciones en la memoria, en la concentración y en la conciencia de diversa duración (minutos, horas, e incluso, días). Causa  trastornos de sueño.  Aumenta el riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés. Impide el correcto desarrollo cerebral en los  adolescentes y el daño es irreversible.

Hernán Cabrera fue Defensor del Pueblo de Santa Cruz.

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