El Evo está como las Barbies

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martes, 17 de abril de 2018 · 00:07

La icónica muñeca Barbie, que tuvo su reinado durante 50 años, finalmente dejó de ser la favorita de las niñas, cuando éstas cambiaron su preferencia por las muñecas Bratz.


Los productores de Barbie, Mattel, calculan que se vendía la fantástica cantidad de una Barbie cada tres segundos, haciendo un aproximado de mil millones de Barbies vendidas alrededor de todo el mundo… sencillamente impresionante. Resultaba rarísimo que en una familia con niñas no se tenga entre los juguetes por lo menos una Barbie.


¿A qué debía Barbie su éxito? ¿Cuál era el motivo que llevó a millones de niñas y mamás (también papás) a comprar esta muñeca? ¿Por qué las niñas preferían las Barbies frente a otras muñecas, bebés que cerraban los ojitos o inclusive lloraban?


Sucede que Mattel identificó un código cultural de una generación, plasmaron este código en la muñeca y fue así que la Barbie llegó a convertirse en una excelente representante de aquellos que hoy cuentan entre 33 a 53 años: la generación X.


Los X entendían el éxito a partir de construir una carrera profesional que les permitiría tener plata, tener una linda casa, un lindo auto, viajar; vestir ropa de niño bien, tipo Benetton, corte de pelo impecable, silueta fina para las chicas y hombros anchos de gimnasio para los hombres. Sin duda, el novio ideal era Ken.


Las niñas (y las madres también) querían ser como Barbie, la muñeca rubia, delgada, alta, elegantemente bien vestida. Era la aspiración y el modelo (de éxito) a seguir.


Mattel, durante mucho tiempo, no necesitó de mayores investigaciones de mercado y vivía feliz vendiendo como loco, sin mucha competencia. Todas las imitaciones de Barbie eran sólo imitaciones que poco le preocupaban. Pero como todo tiene un ciclo, la decadencia llegó de la mano de las Bratz.


Las Bratz son muñecas más naturales, no son perfectas, son urbanas y transgresoras. Referente esta vez de otra generación, los millennial. Esta generación tan diferente a su antecesora entiende que el éxito está en disfrutar del camino y no necesariamente en llegar a la meta. Son informales y cambiaron la ropa de niño bien de sus padres por ropa transgresora, parchada, arrugada y rota, tipo Abercombie.


Mattel no pudo identificar que se venía otra generación, con gustos totalmente diferentes, aspiraciones diferentes, miedos diferentes y terminaron desplazados.


Algo parecido le sucede al Evo y al MAS. En la elección de 2005 sus estrategas identificaron, como no lo había hecho nadie en ninguna campaña política, un código cultural invisible y silencioso: dignidad.


Nuestro país después de la capitalización y de la excesiva injerencia de “la embajada” en nuestros asuntos, quería “dignidad”. Esta dignidad se tradujo en la nacionalización del gas, la expulsión del embajador de los Estados Unidos, en la inclusión indígena y en dejar atrás todo lo que tenga que ver con aquel pasado oscuro. La personificación del pasado fue encarnada por los partidos neoliberales.


Este código cultural, descubierto y encontrado por el MAS, le sirvió para triunfar en tres elecciones y un referendo revocatorio,  y fueron realmente exitosos, pero como todo tiene un ciclo, este código ya está pasado, está en desuso. 


En 2019 el país tendrá aproximadamente unos 3,2 millones de millennial  (aquellos nacidos entre 1980 y 2000), que poco o nada recordarán de la capitalización y del neoliberalismo. En la gran mayoría de los casos, habrán escuchado hablar escasamente de Gonzalo Sánchez de Lozada y compañía.  


El mayor rango de los millennial, los de 35 años, cuando Evo entró al poder tenían apenas 22 años, serán los que mayores recuerdos albergarán del pasado, si es que a esa edad algo interesa la política. Ni qué decir de los que irán a votar por primera vez en 2019, que apenas contaban con cinco añitos de edad cuando Evo asumió el gobierno. Estos últimos muy poco habrán escuchado hablar de los demonios neoliberales.


Apelar hoy a la dignidad y atacar al pasado neoliberal como recurso para captar votos no suena solamente a palabras huecas,  sino que es inútil y en algunos casos (millennial)  inentendible.

Peter Maldonado Bakovic es administrador de empresas.

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