Catalejo

¿Más recursos para educación?

miércoles, 13 de junio de 2018 · 00:05

Estudiantes exponen su vida… Uno, recién ingresado a la Universidad Pública de El Alto, muere,  ¡para que el gobierno central aumente el presupuesto de su universidad!

La caída del IDH ha reducido los ingresos de las universidades públicas: ¡Hasta en eso nos perjudica el extractivismo! Y esta disminución de ingresos seguirá generando presiones para recuperar, al menos parcialmente, los niveles de gasto alcanzados anteriormente.

Pero invertir en universidades debería ser resultado no de presiones sino de evaluaciones de desempeño, lo que no se hace pese a que nuestras universidades públicas quedan situadas alrededor del lugar 3.000 en los rankings internacionales (Chávez P7 2008/6/10), muy lejos, demasiado lejos, de universidades como las de Buenos Aires (la número 73), de Sao Paulo (118) o de Los Andes, Bogotá (272) (www.topiniversities.com/university-rankings).

El problema de la educación empieza en los niveles preescolar, primario y secundario de los establecimientos públicos, de pésimo nivel a causa, en gran parte, de que las reglas del juego las imponen los sindicatos (véase Hannover P7 2018/6/10).

Y en las universidades públicas, los profesores de planta, salvo excepciones, no son los mejores profesionales sino aquellos con más influencia para ser designados. Y lo son no solamente por colegas ya en ejercicio sino, en un 50%, ¡por los estudiantes! Los hechos de corrupción son frecuentes pues los sueldos y otros beneficios de los empleados universitarios –tales como su seguro de salud– son altamente codiciados, sobre todo porque los profesores de las universidades privadas con fines de lucro suelen ser pésimamente remunerados.

Que los cargos sean asignados más por influencia que por méritos es un problema del sector público en general pero mientras nuestra educación universitaria continúe con los deplorables resultados actuales hay pocas esperanzas de que superemos el subdesarrollo.

En efecto, hay un consenso mundial en que lo decisivo para el desarrollo son las “instituciones económicas” y la educación, esencial para crear tecnología. Instituciones económicas en el sentido de reglas del juego para progresar. Ahora bien, según las reglas del juego, informales pero plenamente vigentes en nuestro país, para prosperar, ¿qué es más fácil?: ¿Lograr influencias o ser trabajador y creativo? –Lamentablemente, lo primero, mientras la clave para el desarrollo es que la única manera de mejorar sea lo segundo.

¿Qué hacer entonces con la educación?  –Desde ya, para todo el sector público y el país se requiere una reforma institucional generala fin de erradicar el clientelismo y la prebenda, a la que ya me referí (P72017/11/15). Esta reforma es posible si logramos un consenso al respecto.

Y a partir de dicha reforma, ¿cómo encarar la educación? – Según ya propuse (P7 2017/12/13), habría que partir de cero: empezar por garantizar a todos, a partir de una nueva generación, nutrición y salud plenas desde antes del nacimiento, y luego una educación de máxima calidad a nivel mundial, empezando por la preescolar, hasta llegar a la técnica y la universitaria. Para poder lograrlo, ir formando con anticipación educadores de nuevo tipo, atrayendo para ello a especialistas entre los mejores del mundo. En esto último puede ser útil la experiencia de Ecuador.

Y a medida que vayan egresando dar a los nuevos educadores un tratamiento muy diferente a los actuales: para empezar, seleccionar para la carrera docente a los mejores bachilleres y profesionales, y, cuando completen su formación, otorgarles excelentes remuneraciones pero con contratos temporales, donde la renovación y el ascenso dependan de rendimiento y actualización, no de antigüedad. Dar a los establecimientos amplio margen de independencia y someter a todos, públicos y privados, a constantes evaluaciones de desempeño. Y más adelante, someterse a las pruebas PISA.

Sólo con objetivos y nuevas reglas como éstas se justificaría no sólo un aumento de recursos para Educación sino que los profesores fueran los profesionales mejor pagados del sector público. Sería el mejor destino para los dineros provenientes de la explotación de recursos naturales pues sólo así podremos liberarnos definitivamente del extractivismo.

 

Iván Finot es MSc. en economía, especialista en desarrollo.

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