¿Reinvención de la propiedad del capital?

lunes, 24 de septiembre de 2018 · 00:10

El domingo 9 de septiembre, Gonzalo Chávez presentó la hipótesis principal de los economistas E. Posner y G. Weyl acerca de aplicar un sistema estatal de subastas a los productores privados de bienes y servicios de los diferentes mercados, invitando a un debate sobre tan imaginativo planteamiento.

El riesgo de mis comentarios residen en que no he leído la obra de los autores mencionados, de manera que lo siguiente se basa en lo presentado por Gonzalo Chávez.

En primer lugar, no se menciona si el sistema de subastas estatal planteado por Posner y Weyl se aplicaría a los productores de cualquier mercado. No tendría mucho sustento e incluso sentido hacerlo en mercados donde prevalece la libre competencia y los precios están definidos por el mercado. El planteamiento cobraría mayor sentido en mercados imperfectos, donde la competencia es escasa (oligopolios) o nula (monopolios), en un esquema de una privatización a la inversa, donde el Estado en lugar de ofertar las empresas públicas estatales ineficientes, volcaría su atención a estatizar las empresas privadas que desee bajo el mismo sistema de subasta, empleando como referencia el precio más bajo. Asumiendo que las empresas estatales asignan más eficientemente los recursos escasos.

En segundo lugar, habría que realizar la siguiente pregunta: ¿por qué en una economía de mercado el Estado tendría el interés de generalizar la estatización de las empresas de propiedad privada? Este indudablemente es un planteamiento que va en contra mano a la racionalidad de la teoría económica y, por supuesto, de sus iniciadores, y forjadores (Adam Smith, Jevons, Walras, Marshall, entre otros).

El planteamiento de Posner y Weyl pasa por alto la teoría del equilibrio general y, por supuesto, la economía de la regulación –disciplina relativamente reciente de la teoría económica- que es la respuesta a los fallos del mercado, donde los reguladores asumen la difícil tarea de regular monopolios y mercados de escasa competencia, tanto privados como estatales, con el principal propósito de lograr la eficiencia económica que alcanza la competencia, con las consiguientes economías externas en la macroeconomía.

En el límite de la hipótesis de Posner y Weyl, los hacedores de políticas públicas conseguirían la estatización general de la economía, lo cual no es un planteamiento nuevo, y menos un intento de reinvención del capitalismo. La economía marxista desde 1867 (año de publicación del primer libro de El capital) planteó la propiedad social -expresada en la clase proletaria- de los medios de producción, que posteriormente derivó en la propiedad estatal de los medios de producción. La única conexión entre Adam Smith y Karl Marx es la teoría del valor de cambio a partir de la cual Marx formuló su teoría de la plusvalía (o excedente) base de la propiedad social de los medios de producción.

Ya se ha escrito mucho sobre las causas sociales y económicas del desplome de la economía socialista –basada en la planificación económica como mecanismo de asignación de los recursos– en la ex-Unión Soviética en diciembre de 1991, principal impulsor de la economía marxista y del socialismo. Por tanto, no vale la pena intentar reabrir un debate cuyo resultado fue zanjado en 1991 o antes.

Al respecto, Karl Popper, uno de los filósofos pos-Socráticos más relevantes del siglo XX, aclaró que el marxismo fue refutado por la propia revolución rusa: “En Rusia la electrificación (transformación) de la sociedad no llegó desde abajo, sino que fue impuesta desde arriba y, ciertamente, por parte del gobierno, sobre la base de ciertas perspectivas ideológicas, es decir, de ideas. Esto es manifiestamente una refutación de la teoría marxista” (Karl R. Popper, Sociedad abierta, universo abierto, Editorial Tecnos, España, reimpresión 2017).

Erick Larrazábal es docente universitario en economía.

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