Precisiones

El fallo de La Haya, sofismas y mitomanía

Por 
jueves, 10 de enero de 2019 · 00:11

El calificativo de “sofista” comenzó a significar algo agraviante debido a las críticas de Sócrates, quien consideraba a los sofistas como una influencia nefasta para la vida democrática. No buscaban la verdad, sino ganar y, para ello, poco les importaba adulterar la verdad, a su conveniencia. Dominaban el monólogo retórico y lo utilizaban socarronamente para sus fines.

 Aristóteles decía que los sofistas eran maestros de una sabiduría falsa. Para él, en la dialéctica –el diálogo conducente a una conclusión verosímil- se luchaba por la sabiduría; en la retórica solo se pugna por una sabiduría dirigida al poder.

Se conoce como sofisma al argumento o raciocinio falso, dirigido a inducir al interlocutor en error. Algunos sofismas se fabrican intencionalmente para persuadir o manipular a los demás, mientras que otros se consuman sin intención debido a descuidos o ignorancia. En ocasiones, pueden ser muy sutiles y persuasivos.

Evo Morales, presidente del Estado, es, sin lugar a dudas, un sofista consumado; hizo de la búsqueda de la salida al mar uno de los pilares de su veleidosa e improvisada agenda internacional. El 2013 demandó ante la CIJ solicitando declare a Chile obligado a sentarse a negociar un acuerdo que otorgue a Bolivia una salida soberana al mar.

 El 1  de octubre de 2018, la CIJ se pronunció desestimando la demanda al descartar todos los argumentos de Bolivia, por 12 votos contra tres. Tajantemente, dictaminó que Chile tuvo la disposición de negociar pero que no contaba con ninguna obligación de hacerlo.

La reacción de presidente Morales no se dejó esperar y replicó:  “En este informe, si bien no hay una obligación de negociar, hay una invocación a seguir continuando con el diálogo”. Aludía así al párrafo 176 del fallo donde se puede leer: “sin embargo, los hallazgos de la Corte no deben ser entendidos como si impidieran a las partes continuar su diálogo e intercambios en un espíritu de buena vecindad para atender los asuntos relativos a la situación de enclaustramiento de Bolivia”.

¿Dónde está la invocación? Una invocación es una acción de llamar a alguien, habitualmente con una connotación de urgencia que suele utilizarse como técnica para reclamar la presencia de un ente sobrenatural de carácter religioso o mágico. En el ámbito jurídico se emplea para hacer referencia a alguna norma que proporciona determinados derechos o facultades a quien se acoge a ella.

En el documento, que no es un informe, sino un fallo formal del más alto tribunal global, el párrafo 176 no constituye, de manera alguna, una invocación, más bien es una aclaración o una advertencia para que no se confunda el contenido y alcance del fallo como un impedimento para continuar el diálogo, el mismo diálogo -bueno o malo- que había antes de presentarse la demanda.

 De donde resulta que la declaración presidencial constituye un sofisma que tiende a presentar un argumento falso para inducir en error a la opinión pública y a los bolivianos en general.

Hace unos días el señor Presidente volvió a la carga al sostener que el fallo adverso no es ninguna derrota. “Algunos dicen (que fue) como una derrota, pero no es ninguna derrota, ahora tenemos tres (nuevos) elementos, al margen de otros para seguir negociando una salida al mar con soberanía porque, primero, la CIJ dijo que Bolivia se ha creado con más de 400 kilómetros sobre las costas del océano Pacifico; segundo, dijo que los tratados no han resuelto el enclaustramiento de Bolivia; y, tercero, instó a seguir negociando para resolver la demanda de Bolivia”.

¿Ha dicho eso la CIJ? ¿No son acaso, más bien los antecedentes que la CIJ tomó en cuenta para emitir su fallo? ¿Constituyen estos antecedentes, nuevos elementos…? ¿Instó la CIJ a seguir negociando?

Nuevamente, el señor Presidente presenta argumentos falsos con el único propósito de inducir a que los bolivianos cometamos el error de creer que lo que ha pasado, no pasó, y que la derrota no fue tal… Otro sofisma retórico dirigido a aferrarse al poder utilizado retorcidamente una temática tan sacrosanta.

Lo grave es que los sofismas tienden, para el que los propaga, a convertirse en algo que, en sí, es muy preocupante: la mitomanía, entendida ésta como un trastorno que consiste en falsear la realidad como vía de escape para obtener aprobación o admiración.

El fallo de la CIJ es una realidad que amerita que la aceptemos tal como ocurrió. Si actuamos mal o bien en La Haya, eso es un pasado homologado por un fallo contundente. Hay que reconstruir el futuro de nuestro objetivo de retornar al Pacífico, aceptando el presente tal como es, no como quisiéramos que sea. Sofismas y megalomanías sólo nos perjudican y postergarán más la solución que todos anhelamos.

 

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

340
5

Otras Noticias