El tamaño de los políticos y la democracia que tenemos

lunes, 28 de enero de 2019 · 00:09

Sin principios la vida no tiene ningún sentido; eso todos lo sabemos. Pero como la Constitución, si los principios no se practican, entonces no sirven para nada.

Esta es la razón por la cual una gran mayoría del pueblo repudia e interpela al gobierno, porque no sólo incumple la Constitución, ha buscado medios indecentes para prorrogarse en el poder, e inclusive se burla del mandato soberano del 21F. Es decir, hace todo lo contrario de lo que los principios democráticos y constitucionales mandan y ellos se han comprometido respetar y hacer cumplir.

En el caso de la defensa de la democracia y la lucha por el 21F, sucede algo similar. Las conveniencias electorales y sobre todo la oportunidad de volver a encaramarse en el poder para medrar de sus privilegios y ventajas, está encegueciendo tanto a los candidatos, los partidos políticos y las organizaciones ciudadanas que los secundan, que han llegado al extremo de olvidar e inclusive despreciar el principio fundamental de la lucha y resistencia popular. 

Es decir, que NO se puede hablar de la existencia de un Estado democrático de derecho, si no se cumplen los principios elementales de respeto y cumplimiento de lo que manda la Constitución y el mandato soberano. Que si efectivamente se respeta y defiende la democracia, no se puede permitir y mucho menos legitimar ninguna intención que rompa sus reglas fundamentales, como  que la soberanía reside en el pueblo y que lo que manda la Constitución es de cumplimiento obligatorio e incuestionable.

 Prefieren convalidar el abuso, la imposición y la burla del autoritarismo prorroguista, anticonstitucional y antidemocrático, con tal de ir a la farsa de unas elecciones fraudulentas y ganadas por anticipado, nada menos que con el argumento de que esa sí sería la forma de desplazar la ilegal pretensión autocrática del oficialismo, cuando en realidad sólo trasluce el afán por copar algunos espacios que les permitan recuperar los privilegios perdidos. Tal es la estrechez de visión y la preeminencia de intereses egoístas.

Lo peor del asunto reside en que ni siquiera se dignan a responder y actuar con premura (dado el riesgo de vida y el enorme sacrificio empeñado hasta ahora en los piquetes de huelga), para adelantar una respuesta por demás obvia que no alteraría en absoluto sus intereses electoralistas. 

En cambio, interpelados por una huelga de hambre que está calando profundamente en la conciencia nacional (porque a tiempo de expresar las más profundas convicciones de respeto democrático que subyacen en el sentir popular, se le ha ocurrido nada menos que invocar un mínimo de consecuencia para hacer respetar el mandato soberano del 21F y defender la democracia),  ha tenido como respuesta un dilatador como insensible ofrecimiento de reunirse en fecha próxima, siendo que lo mínimo que corresponde es reconocer la prioridad por hacer prevalecer la larga lucha del pueblo iniciada el 21F de 2016.

Haciendo coro ante semejante insensibilidad y chatura democrática, pero que al mismo tiempo provoca enorme sorpresa y decepción, también los huelguistas han tenido que soportar que su valeroso llamado de unidad y consecuencia en la lucha del pueblo, sea tachado como “sacrificio inútil” nada menos que por una prestigiosa líder de opinión como es Amalia Pando.

Como no hay grandeza que no sea asombrosa, Alejandro Almaraz, en vez de criticar como corresponde semejante desprecio, más bien ha encontrado una oportunidad para contribuir a esclarecer los pasos y acciones que nos quedan hacia adelante como país en defensa de la democracia. 

Lo lamentable es que partidos políticos, candidatos y líderes de opinión enfrascados en su ceguera electoral legitimadora de la farsa, el fraude, la imposición autoritaria y la burla antidemocrática y anticonstitucional, parecen preferir y decantarse por sus subalternos intereses. Prefieren tomarse tiempo a costa del agotamiento de la vida de los huelguistas, antes que hacer y tomar acciones (no decir, ni declarar discursivamente principios que no practican ni cumplen), que conduzcan al país a recuperar la democracia y hacer respetar el mandato soberano.

Este es el lamentable tamaño de los políticos, opinadores y candidatos que tenemos. No tienen la más mínima sensibilidad como para atender un sacrificio tan grande y evitar el riesgo de vida que se ha puesto en juego tan desprendidamente en los piquetes de huelga que tan dignamente siguen esperando su respuesta. 

Ni siquiera están a la altura de una demanda tan elemental como la de exigirles que sean consecuentes con las convicciones democráticas que dicen representar. Y desde ese punto de vista, la democracia les ha quedado grande, y más grande aún, la fuerza, el espíritu y las convicciones de los huelguistas como Alejandro Almaraz, cuya interpelación y llamado los perseguirá, lo mismo que la conciencia nacional y las nuevas movilizaciones que ya se dejan sentir.

Arturo D. Villanueva Imaña es sociólogo boliviano.

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