La defensa de Evo Morales al régimen venezolano

miércoles, 30 de enero de 2019 · 00:09

El 10 de enero, Nicolás Maduro tomó posesión del cargo de presidente de Venezuela para un segundo mandato, por el periodo 2019-2025, aún a pesar del rechazo de la comunidad internacional. La posesión tuvo lugar en la sede del Tribunal Supremo de Justicia,  no así, como es costumbre, en la sede de la Asamblea Nacional, y sólo asistieron cuatro presidentes latinoamericanos: Miguel Díaz, de Cuba; Salvador Sánchez, de El Salvador; Daniel Ortega, de Nicaragua, su aliado, y su defensor incondicional Evo Morales, de Bolivia.

El rechazo al mandato de Maduro -resultante de las elecciones “tachadas” como irregulares y fraudulentas que le dieran el triunfo en mayo del 2018- quedó ampliamente expresado en la ausencia de 13 países, que reunidos en el Grupo de Lima, mediante comunicado, le exhortaron a Maduro a no tomar posesión y entregar el poder a la Asamblea Nacional, mientras no se realicen nuevas elecciones democráticas. 

Los países del Grupo de Lima, a los que se suman Estados Unidos y la Unión Europea, resolvieron aplicar acciones contra el mandatario venezolano -que se arriesga gobernar en el absoluto aislamiento y desconocimiento de legitimidad de la comunidad internacional-, como la ejecución de medidas de presión económicas hasta lograr el restablecimiento de la democracia en Venezuela. 

A esto se sumó el anuncio de Perú y de otros gobiernos de impedir el ingreso en sus territorios de altos funcionarios del gobierno venezolano y de sus familiares. Paraguay, por su lado, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas, ordenando el cierre de su embajada en Caracas. Recientemente, la OEA, en consejo permanente, resolvió desconocer la legitimidad de Maduro.

La incertidumbre se acrecienta aún más para un país en crisis que no ha logrado diversificar sus relaciones comerciales y sus fuentes de suministro. Depende exclusivamente de una economía petrolera, en la que son primordiales las relaciones exteriores, lo que, lamentablemente, no le es favorable por la inminente imposición del bloqueo y de sanciones internacionales.  

A pesar de la censura internacional, Evo Morales asistió a la toma de posesión de su aliado, ratificándole su alianza política, ideológica y apoyo, anunciando en conferencia de prensa: “Vengo a nombre del pueblo boliviano a acompañar la asunción del nuevo mandato del hermano presidente Maduro”. Esa declaración  provocó censura y críticas de diversa índole, que demuestran que es uno de los pocos gobernantes que no ha puesto en duda la legitimidad del mandatario venezolano. 

Dicho respaldo aviva aún más las fricciones entre el gobierno y la oposición, que ha cuestionado sus declaraciones, remarcando que su posición no refleja el sentimiento mayoritario de Bolivia  y sólo manifiesta su servilismo y complicidad hacia el régimen dictatorial de Maduro. 

No es de extrañar la actitud del presidente Morales -que sistemáticamente ha socavado el orden democrático e institucional en Bolivia, desconociendo la voluntad del soberano, que en el referendo del 21F le dijera NO a su pretensión de repostulación- de seguir haciendo gala de su autoritarismo y desprecio a lo dispuesto por la Constitución. Ha instaurado unas elecciones primarias innecesarias que sólo significaron un despilfarro de recursos para el país.

Los cierto es que Maduro inauguró un mandato ilegítimo, aislado por la comunidad internacional, que observa con preocupación y estupor la crisis social, política, económica opresora  y dictatorial en la que Venezuela se halla sumida, al extremo de apreciar un ascenso peligroso de la crisis humanitaria, traducida en el éxodo masivo de que huye de una nación empobrecida, hambrienta y sometida al ejército, generando preocupación en los países vecinos receptores, pues crea enorme tensión e impacto sobre la vida de las personas, empezando por los migrantes mismos, pero también sobre las poblaciones que los acogen.

Saúl Marcelo Chinche Callizaya es docente investigador de la UMSA.

 

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