Tuffí Aré Vázquez

El final de una campaña extraña

lunes, 14 de octubre de 2019 · 00:12

En la medianoche del miércoles cesará todo el proselitismo para iniciar un periodo de reflexión del votante. Nadie mejor que la exitosa estratega política mexicana Gisela Rubrack, para definir esta campaña boliviana como la más extraña que le ha tocado vivir y seguir en su trayectoria profesional. Extraña, según ella, porque en vez de disminuir en el tramo final la cifra de indecisos, más bien aumentó, cuando lo normal es que descienda. Extraña, dice la consultora, porque el candidato de la continuidad sigue en el imaginario del electorado boliviano como el del cambio y los candidatos que deberían ser los del cambio son vistos como los de la continuidad.

Esta confusión de perfiles y la ambigua identidad de algunos de los aspirantes a la Presidencia de Bolivia han sido una posible causa del número de indecisos, quienes serán los que romperán finalmente la indefinición respecto a si Evo Morales gana en primera vuelta o si Carlos Mesa alcanza a forzar por primera vez en la historia un balotaje. Esta no sólo ha resultado la campaña más extraña, sino también la más larga y aburrida, aunque animada últimamente por las ocurrencias mediáticas del ascendente candidato surcoreano Chi y las constantes incongruencias y enredos del Tribunal Supremo Electoral, en cada dilema que se le ha presentado.

Hasta los spots emitidos en un mes de propaganda televisiva no han roto la monotonía. Excepto algunas piezas audiovisuales del oficialismo, que exhiben una calidad cinematográfica, solventadas por un presupuesto nítidamente mayor, la campaña de los candidatos en general ha sido relativamente austera. Una fuerte apuesta a las redes sociales, pero con técnicas poco innovadoras, baratas y tradicionales, ha dominado la propuesta comunicacional. Si no, haga usted el esfuerzo de recordar algún espot que lo haya deslumbrado en estos meses. Probablemente se encontrará con una dramática carencia.

En todo caso, tanto vacío y hasta extravío ha sido cubierto o compensado, en parte, por un par de iniciativas como el debate de los candidatos a vicepresidentes en la red Uno y un par de entrevistas de Unitel a dos personajes de la campaña. Ha sido tan pobre la campaña que el brillo de una conductora de televisión más que el de los propios candidatos se convirtió en noticia durante algunos días.

Comunicacionalmente la campaña también ha estado marcada por una inflación de encuestas, algunas de ellas con cifras y muestras disparatadas.  Cada mes hemos tenido un inusual bombardeo de sondeos, que han promovido más la confusión que la claridad, pese al blindaje regulatorio. Hasta en las encuestas los vocales del Tribunal Electoral han sido promotores del enredo.

La extraña campaña ha encontrado como punto de inflexión los monumentales incendios de la Chiquitania. El desastre encontró candidatos desconcertados, que tras una alarmante parálisis, finalmente pudieron recuperar algo de iniciativa.

No han faltado los vetos de algunos candidatos a los medios y de algunos medios a los candidatos, como parte de la peculiar relación de amor y odio entre periodistas y políticos. Un debate de todos los aspirantes presidenciales hubiese resuelto la sensación de injusticia que deja siempre la selectividad, pero sobre todo hubiese recuperado una práctica vital, pero ausente desde hace más de una década en la frágil democracia boliviana. Vamos a terminar, por lo tanto, esta campaña extraña una vez más con interrogantes trascendentales sin responder por los candidatos con mayores posibilidades de ganar. La estrategia electoral vencerá así de nuevo a las necesidades de un electorado insatisfecho.

Hemos entrado a las horas decisivas de la campaña con el presidente Evo Morales como favorito, pero no como seguro ganador, por primera vez después de las tres elecciones en las que actuó como un vendaval que arrasó a sus rivales. Después de años llegamos a esta parte de la campaña con la posibilidad de un balotaje, en medio de los claros y alarmantes altibajos de los principales rivales del Presidente boliviano, quien tampoco ha podido romper con su máquina de ganar elecciones el crónico estancamiento que le impide ser el tsunami que fue.

Estamos a las puertas de que se despeje la incógnita de si tendremos o no por primera vez en la historia de la democracia boliviana la segunda vuelta, que, de por sí debería ofrecer una segunda campaña muy diferente y menos extraña a la que hemos tenido durante estos largos meses. Más allá de la resolución de la disputa por el poder el próximo domingo en las urnas, al parecer se avecina un nuevo ciclo político que posiblemente ya no se asentará en la supremacía de un partido sino más bien en una mayoría, lo que exigirá acuerdos políticos que aseguren las condiciones de gobernabilidad del país.

Tuffí Aré Vázquez es periodista.  

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

68
2

Otras Noticias