César Navarro Miranda

El ideal colectivo

miércoles, 16 de octubre de 2019 · 00:08

La construcción discursiva -desde las oposiciones- no está concentrada en función de la concepción ideológica y su visión de poder, sino en crear un ideal colectivo como imaginario antigobierno en algunos sectores de la sociedad  y ser -las oposiciones- los abanderados de ese ideal colectivo.

El ideal, como un supuesto de verdad para su realización, ha constituido escenarios de presencia pública: medios de comunicación, comités cívicos, empresariales y  ha impulsado acciones de violencia política y racial a través de la organización de fracciones, y grupos. Para la materialización de ese ideal, primero lo ha convertirlo en un valor legítimo; segundo, como consecuencia de esa “legitimidad”,  las acciones de violencia se constituirían en mandatos “populares” que justifiquen estos hechos de violencia. 

En el periodo 2006-2009, las oposiciones emergentes del voto democrático tenían una composición multipartidaria: MNR, UN, Podemos, pero su comportamiento político no partía de su relación partido-parlamentario, sino que el bloque de poder de oposición al Gobierno se conformó a través de cuatro prefecturas, comités cívicos, algunos medios privados de comunicación, empresarios y grupos cuasi fascistas. Los parlamentarios asumieron su subordinación a este bloque de poder y los partidos pasaron a la sombra sin ningún tipo de relevancia.

El ideal que impulsaron fue autonomía y capitalía. Estas consignas no superaron los límites regionales y, por el contrario, su fracaso estuvo determinado por su propia violencia. Los grupos de poder fueron el norte y el escenario para el conflicto. Pero por la vía democrática, en tres momentos fueron derrotados: el referendo revocatorio-ratificatorio de 2008, la aprobación mediante referendo constitucional de  la Constitución Política del Estado, en 2009, y el triunfo del MAS en la elecciones nacionales de 2009. En estos tres escenarios con más del 60%.

En 2009, por decisión democrática y el resultado electoral definió una composición de representación parlamentaria con más de dos tercios de votos para el MAS. Este hecho democrático obligó a que las oposiciones asuman el eslogan mediático como identidad discursiva. Identidad y descalificación, el yo positivo genérico de la oposición; al oponente como  malo, negativo, personalizando al sujeto, tanto individual (Evo) y colectivo (movimientos sociales).

Los dos tercios discursivamente  fueron definidos como sinónimo de totalitarismo y dictadura. Explícitamente significa el desconocimiento de facto del valor del voto democrático del pueblo, pero se arrogan el derecho que no tienen a nombre del “pueblo”. Las oposiciones despliegan una constante estratégica como presentación política y pública.

Para las oposiciones vivimos en la ficción de la dictadura, por ello que la contradicción sería democracia vs. dictadura. Las oposiciones serían la expresión de la democracia y el Gobierno la expresión de la dictadura; ello implica que estas elecciones representarían, en su ideal, recuperar la democracia, siempre y cuando gane la oposición; pero si gana el candidato oficialista continuaríamos con la dictadura, porque  el voto democrático emitido por el pueblo a favor de la otra candidatura (MAS) no tendrá valor democrático.

Para las oposiciones sólo el voto para ellos mismos tiene valor democrático, es democrático maximizar para sí mismo un resultado y descalificar los otros votos democráticos. En sí mismo este hecho es antidemocrático, por eso la noción de democracia está limitada en su ideal a su yo político.

Para presentar su derrota como triunfo es vital para el eje discursivo postelectoral un elemento que los aglutine temporalmente y es el fraude: “El Gobierno, que es antidemocrático para ser re-electo, necesita alterar el resultado electoral y por ello organizó un fraude, con la complicidad del Tribunal Supremo Electoral y el aval de los organismos internacionales, que son los  veedores electorales expertos”.

Es decir, que el discurso de “totalitarismo, dictadura, democradura, etcétera” ya no tendría  valor movilizador postelecciones; los “líderes de las oposiciones” necesitan dar  sentido de triunfo a su derrota y crear en fracciones de la sociedad el ideal de que fueron derrotados a través del fraude.

Es la suma de ideales  construidos en el imaginario de fracciones de la sociedad para la interpelación constante al Estado con rostro indígena-popular y de izquierda como el enemigo a  enfrentar y destruir. Lo que  impulsan es el sentimiento enfrentamiento, pero al frente -estas fracciones de la sociedad-  no encuentran su propia alternativa, porque cada uno de los opositores, que deliberadamente impulsan está lógica, no son asumidos como la opción;  por ello que la frustración puede ser canalizada en acciones de violencia racial y política.

 

César Navarro Miranda es ministro de Minería.

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