Jorge Patiño Sarcinelli

Esa niña que jode

jueves, 17 de octubre de 2019 · 00:10

La fama de los niños suele ser corta e ingrata: dura menos que la infancia y cuando pasa, se los recuerda con la pena de que ya no sean tan bonitos, o simplemente no se los recuerda. De Joselito a Daniel Radcliffe son muchos los actores de cine o televisión cuya fama no resiste los granos de la  adolescencia. 

En política, campo tradicionalmente reservado a la perspicacia y malicia de los adultos, los niños rara vez alcanzan la fama, pero tenemos dos casos recientes. Malala Yousafzai, la niña pakistaní, activista por el derecho de ir a la escuela. A los 17 años recibió el Premio Nobel de la Paz (2014). Su discurso no era novedoso, pero llovieron las flores. 

Ella es hoy una “activista y bloguera” y reside en Inglaterra. En unos años será una consultora de la ONU sin mucha relevancia en la paz mundial. No es su culpa. Es muy difícil causar un impacto en problemas de escala planetaria. Sólo menciono este antecedente para contrastar con el segundo caso: Greta Thunberg. 

Greta, casi no es necesario recordarlo porque está fresca la tinta, es una niña sueca de 16 años, con síndrome de Asperger, que cruzó el Atlántico en barco para llamar la atención sobre el impacto de los aviones en el calentamiento global, y pronunció un inflamado discurso en la ONU sobre la amenaza del cambio climático. 

Es poco probable que el discurso de Greta logre un cambio significativo en la indolencia general sobre el deterioro del medio ambiente -la poltrona del inactivismo es demasiado cómoda y rentable- y no hay que esperar lo imposible. 

Podríamos admirarla por su iniciativa, agradecer su esfuerzo por el bien común,  tener pena de su ingenuidad o simplemente sentir ternura por esta niña brava. Todas estas reacciones serían naturales, pero, aunque ha habido mucho de eso, es chocante la ola de críticas burdas e insultos que han caído sobre ella. 

1. Se ha criticado su discurso ante la ONU porque no ha dicho nada nuevo ni profundo. Pero ¿qué lenguaje querían? La parte importante de esas verdades es sencilla. Jesús no fue Platón ni a sus 33 años. Estos críticos son los amargados que saben cuatro cosas, pero nadie los escucha.

2. Se ha dicho que ella está siendo usada por quienes, con no sé qué fines oscuros, quieren evitar el calentamiento global. Si ellos la usan o ella se apoya en ellos, qué más da si la causa es buena y es la de todo el planeta. Estos críticos son los incapaces de reconocer méritos en una joven porque no encaja en sus prejuicios. 

3. Hay los que dicen que ella quiere doblegar a la humanidad como ha dominado a sus padres. Si ella consiguiera hacer que todo el planeta se preocupe con el cambio climático, no estaría mal, ¿no? Estos críticos son los avestruces que no aceptan que nadie -menos una niña- les diga lo que están haciendo mal.

4. Hay los que creen que si sus padres la hubiesen educado mejor, Greta estaría ahora dibujando sapos para su clase de biología en lugar de estar jodiendo a los demás. Estos son los ilusos que confunden educar con lograr moldear a sus hijos a medida de sus modelos y complejos. 

5. Hay quienes dicen que se deja llevar a hacer lo que hace porque tiene Asperger. En lugar de admirar a una persona que vence sus males para luchar por el bien común sin pedir pita ni tregua, estos creen que ella es una minusválida que debe hacer de ello excusa para no hacer nada. Peor que sufrir de Asperger es estar orgulloso de ser normal. Los dioses castigan esta soberbia.

6. Se ha dicho que Greta no es más que un producto mediático. Pero, ¿qué quieren? ¿Que una niña que cruza el Atlántico y pronuncia un discurso ante la ONU no sea primera plana? ¿En qué mundo viven?

Con frecuencia en la historia han sido los diferentes, los locos o los estrambóticos (como decía un editorial de aquí) los que dicen las verdades que nadie quiere oír, y los niños sabios joden aun más que los infantes terribles. 

Todavía no podemos decir si el discurso de Greta hará mella en las políticas medioambientales –quizá no- pero ahora entendemos mejor por qué es tan difícil lograrlo.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

 

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