César Navarro Miranda

Politización y polaridad

jueves, 3 de octubre de 2019 · 00:10

La politización y polaridad política en la sociedad se presenta en momentos de crisis estructurales de Estado. El despliegue de la crisis involucra a la forma de organización y funcionamiento del Estado, la sociedad, la economía y sus códigos de funcionamiento. El gobernado no se siente gobernado, el mando estatal pierde capacidad de gobierno y el pueblo asume la deliberación, construcción de propuestas, ejes y posibles respuestas como hecho político inherente en la crisis. Esta construcción es el desarrollo, en este tiempo fáctico, de un ideal colectivo como norte de reformas o transformaciones estructurales.

El devenir del proceso puede derivar en revoluciones sociales o en reformas, dependiendo de quién lidera –liderazgo y organización– la resolución de las crisis. Los mismos pueden darse fuera del sistema democrático, dentro la democracia, prescindiendo de los actores políticos tradicionales, o también dentro del  sistema, con la participación de los actores políticos.

No son las fórmulas preestablecidas las que etiquetan el comportamiento, sino el desarrollo, la temporalidad, los actores en conflicto, su concepción, visión y decisión, la respuesta del Estado. Es el momento de entender el tiempo finito de la crisis, son esos momentos fácticos no prolongados de su resolución lo que deriva en la nueva coyuntura y su correlación de fuerzas, en la disputa por el liderazgo del poder.

La crisis de Estado en nuestra tierra se manifestó públicamente en abril de 2000, se agudizó en octubre de 2003 y se resolvió por la vía democrática, en diciembre de 2005. El resultado electoral es el momento de quiebre, pero también de resolución de la crisis en el ejercicio del poder político, subordinado a los códigos de la democracia liberal representativa.

De la crisis estatal y llegar a la estabilidad estatal supone la combinación de legitimidad del poder por la vía democrática, liderazgo estatal, políticas públicas integrales que nos permiten no encerrarnos en la simpleza de la coyuntura, sino entender que este momento es consecuencia de decisiones anteriores, pero también causa de nuestro futuro. 

Hoy nos encontramos en este escenario en el que el Estado Plurinacional como modelo de  Estado, economía, sociedad, está consolidado, con una economía plural con intervención del Estado, de producción, de distribución de la riqueza, de democracia integral, etcétera.

Los códigos de organización de la política giran en torno a este todo y los actores no pueden prescindir de las variables; por el contrario, su retórica discursiva deambula entre la imagen del candidato, la consigna, el eslogan y el simbolismo como forma de presentación pública; es decir, no son opción de poder, sólo intentan ser alternativa electoral administrativa de gobierno.

Es la coyuntura menos favorable para las oposiciones. Utilizan como antiimagen política la situación venezolana, intentando encapsular dos realidades diferentes, pero los resultados catastróficos del gobierno neoliberal de Macri, en la Argentina, el comportamiento cuasifascistoide de Bolsonaro, en Brasil, pese a las simpatías expresadas por los triunfos electorales en ambos países, son la sombra que desnuda su fragilidad.

El resultado electoral para algunas siglas electorales históricas será su certificado de defunción, para algunos candidatos su jubilación, lo que derivará en la constitución de un escenario parlamentario en el que las oposiciones serán más opiniones personales por la ausencia de norte pos electoral.

El atrincheramiento poselectoral serán los gobiernos subnacionales, pero ya no como opción de poder, sino por mantener su presencia pública en la política.

En este tiempo de estabilidades en el Estado y la economía, el pueblo tiene una valoración en función del tiempo que se vive;  los actores políticos, pese a imprimir mayor condimento discursivo por la coyuntura electoral, no pueden salirse de los códigos de nuestra realidad y la temporalidad de transformación estructural que vivimos.

 

César Navarro Miranda es ministro de Minería.

 

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