Rolando Morales Anaya

Conjetura 19

miércoles, 30 de octubre de 2019 · 00:10

El número 19 hace referencia al año 2019. Este año, Bolivia se encuentra divida en tres: un tercio conformado por clases medias bajas, núcleos rurales, cocaleros y cooperativistas mineros; el segundo tercio está formado por clases medias, medias y altas y profesionales, y el resto por personas que brillan por su indiferencia.

En los últimos 14 años, el primer tercio ha controlado todas las instituciones del Estado, desde los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, hasta empresas públicas, muchos municipios y gobernaciones. Su poder ha sido casi total. El segundo tercio le disputa actualmente el poder y la administración de las instituciones del Estado. Más allá de las críticas y reflexiones sobre las elecciones de 2019, es necesario pensar que se trata de un serio problema de  conflicto por la hegemonía del poder entre dos importantes sectores de la sociedad.

Durante la Revolución Nacional de los años 50, el MNR hizo suyo el discurso de la “alianza de clases”, intentando comprometer en un mismo esquema a intelectuales, clases medias, campesinos y mineros. Fue una excelente idea. En los años 90, Goni gobernó estirando la sábana en favor del segundo tercio, terminó muy mal. En este siglo, Evo cometió el grave error de gobernar con el primer tercio, prescindiendo de la clase media y de los intelectuales.  Incurrió en el mismo error que Goni y podría pasarle lo mismo.

Clases medias e intelectuales critican al gobierno por su ineficiencia, arbitrariedad y corrupción. La crítica por la ineficiencia viene atada a la observación del bajo nivel profesional de una parte importante de las autoridades, plasmada en el derroche de los recursos del boom externo. Las observaciones sobre la arbitrariedad se basan en las decisiones de gasto, en el manejo de la justicia y, actualmente, en el proceso eleccionario destinado a perpetuarlo en el poder.

Las críticas a la corrupción, que son muchas y fundamentadas, se asocian también a un curioso sentir de las clases medias, que reconocen que sus gobiernos igualmente fueron corruptos, pero que la corrupción en las clases bajas en inadmisible.

Desde el Gobierno, el primer tercio acusa al segundo de racismo, discriminación y de afanes hegemónicos, destinados a alejarlo del poder y privarlo de su participación en el ingreso nacional. Sus acusaciones tienen serias bases históricas. También observan que el segundo tercio anida a pequeños grupos que tienden a reposicionar a la derecha, pero entre ellos también hay grupos que mantienen posiciones fascistas.

Se llegó al colmo cuando el Presidente tildó a los estudiantes de corruptos, drogadictos y convocó a los campesinos a cercar las principales ciudades.

Los jóvenes, quienes durante varias décadas se mantuvieron alejados de la política, han irrumpido con gran fuerza en el conflicto suscitado por acusaciones de fraude en las elecciones. Posiblemente, su preocupación se alimenta en la forma en que ejerce el poder el primer tercio, los estudiantes no vislumbran un  futuro prometedor, pues el gobierno no da espacio a los profesionales, menos aún si son jóvenes. Los salarios son muy bajos impidiéndoles hacer proyectos de familia y, de todas maneras, la tasa de desempleo para este grupo poblacional es elevada (20% en jóvenes entre 15 y 29 años).

¿Cómo resolver el problema? Es necesario hacer nuevas elecciones para recobrar la paz social y habrá que poner en marcha políticas en los tres campos siguientes:

1) Promoción de la igualdad de oportunidades, 2) Reconocimiento a los esfuerzos individuales, tanto de trabajadores como de estudiantes y profesionales, 3) Lucha contra el racismo y la discriminación. Estas políticas, que no pueden ser las únicas, deben hacer parte de una propuesta de gobierno que todavía no se la ve venir. Entretanto, hay que esperar que los conflictos actuales lleven a la reconstitución de un sistema de partidos políticos y al funcionamiento efectivo de la democracia.

Rolando Morales Anaya es economista.

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