Rodrigo Muñoz-Reyes P.

El triste ocaso del cacique

jueves, 31 de octubre de 2019 · 00:08

El viernes último desde su trinchera preferida, el Chapare, Evo Morales Ayma amenazó al país con cercar ciudades que sigan desconociendo y rechazando su cuestionado triunfo ilegal en las elecciones pasadas. Convocó a campesinos del llamado movimiento indígena, que en realidad se reduce a las bases cautivas del MAS: “Si quieren paro, no hay problema, lo vamos a acompañar con cerco en las ciudades para hacerlo respetar (la reelección), a ver si aguantan", vociferó delante varios sindicatos cocaleros.

Amenazar con sitiar ciudades, es la mayor y mejor constatación de que Morales Ayma no sólo intuye, sino que sabe con certeza que, en éstas, donde se concentra la mayor población del país, perdió todo apoyo. En un acto de arrogancia retornar a sus viejas prácticas de intimidación a todos quienes percibe y califica de “enemigos”, mostrando un característico comportamiento de matón de pueblo.

Con la confianza de sentirse en casa, –el trópico Chapareño–, territorio donde manda a gusto y placer desde hace décadas, Morales improvisó su discurso sin guiones de asesores ni control de imagen. Mostró su visión sectorizada de la sociedad y, a la vez, su profunda y verdadera debilidad: su gran incapacidad de sentirse el Gobernante de una Nación. Demostró que sólo llega a ser el líder de una facción parcial, atrapado en intereses corporativos de dudosa legalidad. Asimismo es como también ejerció y abusó los 13 años de su hegemónico poder presidencial.

Visiblemente alterado por el contundente rechazo nacional a su ilegal reelección, asume su papel de “jefazo” de las seis federaciones de productores de coca del Trópico Cochabambino en lugar de Presidente de todos los bolivianos y reduce la crisis que vive el país causada por su elección amañada, a un conflicto entre indios vs. blancos, campo vs. ciudad, y la reiterada letanía de derecha vs. pueblo provocada por el imperialismo norteamericano. Cree aún que con esa histérica arenga de odio racista movilizará lealtades de sus otrora ingenuos seguidores. ¡Ya no, el pueblo se cansó!

¡Qué funesto y peligroso es el aislamiento del Tirano, perdido en su lujoso palacio, viajes en ostentosos aviones y helicópteros y, sobre todo, cercado por su corrupto entorno de oportunistas! 13 años de abuso de poder y adulación desmedida le causaron ceguera política y divorcio con la sociedad en su conjunto. ¿Cuánto más tardará el déspota para darse cuenta de que con la borrachera de poder no sólo perdió el contacto con la realidad, sino que destruyó su ilusa pretensión y oportunidad de pasar a la historia como el gran Cacique de los Andes que le contaron que sería?

¿Persistirá en su obstinada terquedad de aferrarse al poder que está llevando al país al enfrentamiento suicida? ¿Cuántos cientos o miles de muertos necesitará para bajarse de su megalomanía y entender que el pueblo se dio cuenta de la enorme impostura de ser un gobierno de los pueblos indígenas y los desvalidos, de defensa de la Pachamama y el medioambiente, de inclusión social, del “vivir bien”? ¡Cuánta mentira y concentrada! ¡Cuánta infamia a un valiente pueblo que no acepta más ser estafado para enriquecimiento ilícito de un grupo aferrado ilegalmente al poder! ¿Serán compromisos y lealtades con el alto mando caribeño que lo tienen cautivo sin opción a retrucar? ¿O es el miedo de saber que tanto abuso de poder, corrupción, y “…le meto nomás y que los abogados lo arreglen!” los llevarían a prisión lo que lo mantiene atrincherado tras su ilícito aparato de poder?

La odisea por la democracia las próximas semanas será larga y dura. El pueblo boliviano, hoy expresado y representado en el grito rebelde e inspirador de los jóvenes que despertaron a una primavera de insurrección contra 13 años de abusos, falsas promesas y vergonzosa impostura no claudicará ante las dificultades. No tengamos duda de que el vigor y nuevos valores de inclusión verdadera que traen los jóvenes bolivianos, principalmente dentro, y también jóvenes por todo el mundo, no sólo aguantarán estoicamente las amenazas del tirano, sino que las superarán para crear una Bolivia con nuevos horizontes de democracia.

El pueblo boliviano, hoy alzado de occidente a oriente y de norte a sur, tiene el valor moral como principal inspiración de fortaleza. Sabe que fue cuna de libertades y tumba de tiranos. Este pueblo, alimentado con la energía de la juventud comprometida con un futuro democrático, también sabe que es mucho más fuerte que los desvaríos del tirano. No dudemos de que Bolivia saldrá airosa y triunfante de este difícil e histórico desafío por su libertad.

Rodrigo Muñoz-Reyes P. es antropólogo y ciudadano indignado.

 

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