Fernando Patiño Sarcinelli

Desde Barcelona, la distancia entre la ciencia y la práctica

martes, 08 de octubre de 2019 · 00:11

Recientemente se ha realizado en Barcelona la reunión anual de la Sociedad Europea de Oncología (ESMO). Desde hace años acompañamos los avances en el tratamiento de enfermedades oncológicas (cáncer y complicaciones relacionadas), una necesidad constante en la especialidad.

Cada año crece el vocabulario de siglas y mecanismos moleculares que intervienen en la formación de tumores. Siglas como BRCA, PARP, CDK4/6, KRAS, PD-L1, BARF, TTMB y muchas más son lenguaje corriente entre los investigadores. Éstos han descubierto varias fórmulas moleculares que llevan a diferentes tipos de cáncer. Para cada vía (pathway les gusta decir a los investigadores) se están diseñando nuevas moléculas con blancos específicos para el tratamiento. También crece la lista de medicamentos que hace pocos años no se conocían. Los nombres son casi impronunciables, pero se los reconoce por familias.

Los miembros de la familia INIB (Imatinib, Erlotinib, Azopanib, Ixazomib y otros) son tabletas para tomar día a día por meses, inhiben la tirosina kinasa (un tipo de acelerador tumoral) específica de cada tipo de cáncer. El problema con estos medicamentos es el costo y duración del tratamiento, sin garantía de cura definitiva. Los de la familia MAB (Monoclonal AntiBodies) son también conocidos como inmunoterapia (anticuerpos contra tumores: Rituximab el más antiguo, Trastuzumab, Nivolumab y unos 25 más).

 Hace más de 20 años se inventó la técnica de cultivar células que producen anticuerpos contra los tumores. Parece una buena idea, algunos aumentan la probabilidad de cura, pero otros apenas alargan el tiempo de la enfermedad.

Hoy vemos surgir una nueva especialidad: la IO (InmunoOncología), en la que los investigadores planean modificar el sistema inmunológico (defensas naturales) para que nuestros propios anticuerpos ataquen los tumores. Esto depende de nuevos medicamentos “inteligentes” que activan células ociosas o revelan los tumores al sistema de defensa.

Ya no se habla de quimioterapia como en el siglo pasado. No es que ha perdido utilidad, al contrario, sigue siendo imprescindible para muchos de los tumores más conocidos como el cáncer de mama, ovarios, linfomas y muchos otros que se pueden curar con viejos medicamentos. La quimioterapia convencional ya no tiene novedades, pero suele ser más económica comparada con los INIB o los MAB. 

 Aun así, muchos tumores todavía no tienen solución conocida, principalmente porque son tumores muy avanzados o raros, como el maldito melanoma. El cáncer de pulmón sigue siendo el campeón como causa de muerte y raramente se descubre a tiempo de que sea curable. Irónicamente es el tumor más prevenible, eliminando el tabaquismo se podría evitar más de 90% de los casos. En ambos casos, melanoma y cáncer de pulmón, la gran novedad es la combinación de Nivolumab con Ipilimumab con lo que se ha logrado prolongar la enfermedad a un costo aproximado de 250 mil dólares al año mientras dura el tratamiento, pero todavía no se habla de cura. 

Estos medicamentos funcionan mejor contra tumores con ciertos marcadores moleculares, dependen de pruebas específicas y sofisticadas para determinar la clave del medicamento más preciso, en muchos casos también combinados con quimioterapia convencional.

La distancia que nos separa para poner en práctica esta nueva estrategia es mucho mayor que el océano Atlántico. La tecnología y el costo para implementar estas innovaciones están fuera de nuestro alcance. No creo que lleguemos a cruzar ese charco y antes tenemos problemas más básicos que resolver. 

Las noticias no son todas tan buenas como aparecen en la tele, innovaciones y descubrimientos sorprendentes. Poco se estudia y poco se avanza en las estrategias de prevención. Está claro que es un tema que no les interesa a diferentes sectores de la industria. Cambios de estilo de vida, una dieta sana y educación de la población (y de las autoridades), diagnóstico oportuno y temprano para todos sería un gran aporte para aminorar el problema cáncer. 

Ni la industria farmacéutica ni la industria de los sofisticados instrumentos de diagnóstico y tratamiento van a lucrar con la estrategia de prevención del cáncer. Los intereses económicos están volcados al tratamiento de casos avanzados. El costo parece que no es una preocupación en países desarrollados. Recomiendo prudencia ante las noticias que impresionan sobre los nuevos tratamientos para el cáncer. 

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.
 

 

Confidencial

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