Lupe Andrade

Siendo Mirtha

miércoles, 09 de octubre de 2019 · 00:10

Mirtha Muñoz, campeona deportista quien alegremente comparte sus setenta años, no es una persona “de la tercera edad”.  Mirtha está más allá de los límites del tiempo normal, y no tiene setenta, ni sesenta, ni cincuenta años.  Simplemente no tiene edad, o por lo menos no tiene edad limitante.  Con feliz desparpajo hace algunas cosas difíciles, otras improbables y otras imposibles.  ¿Cómo?  La respuesta es fácil: lo hace todo, siendo Mirtha.

Les hablo de una mujer que transciende los límites de género, además de los supuestos límites de los años.  Siendo intensamente femenina, no está encuadrada en el arquetipo de “mujer”.  Es lo que es, y hace lo que hace, punto.  Y les aclaro que haber logrado todo lo que ha hecho, no fue fácil.  Lo que ha acumulado en logros es casi colindante con lo supernatural, es decir, con lo que está aparentemente más allá de lo posible, demostrando que ese supuesto límite no era real, por lo que las barreras de la maratón o de la carrera de subida en bicicleta hasta los 4760 metas han  dejado se ser infranqueables. Hoy habrá que buscar nuevas metas más altas y más difíciles para las futuras generaciones que quieran abrir sus propias fronteras, desafiando al tiempo.

Todos saben que Mirtha es una campeona.  Pero no todos la conocen de verdad; y yo sí tengo el privilegio de ser su amiga desde hace muchos, muchos años.  Por esa amistad, porque he compartido diversas experiencias y épocas con ella, puedo decirles que su vida no ha sido fácil, y que sus medallas no las ha ganado en mérito a entrenadores europeos y brebajes milagrosos.  Sus triunfos se los ha ganado a pulso, con dolor y sudor.  

Al releer estos párrafos, me doy cuenta que parezco estar hablando de la Madre Teresa.  Fuera de la tenacidad y decisión, no se parecen en nada.  Mirtha es amiguera y sociable; tiene un carácter alegre y espontáneo; es divertida, de risa fácil, clara y sincera.  Le gusta vivir a plenitud, y lo hace sin remilgos o dobleces.  En diferentes momentos , tuvo que mirar de cara a muchos problemas, y superar obstáculos que podrían haber destrozado a cualquiera, pero no se dejó vencer, ni perdió su optimismo con respecto a lo que hace ahora o hará en un futuro que no la atemoriza. 

Esta mujer pequeña y delgada, que no tiene un gramo de grasa ni en su cuerpo ni en su alma, parece haberse convertido en pura fibra y voluntad.  Ha llegado a una edad cronológica que la ley y la sociedad llaman “vejez”, pero a sus setenta, Mirtha no es vieja para nada y para nadie.  Es más, Mirtha es un desafío para cualquiera -joven o viejo- que piense en rendirse ante las dificultades del deporte o de la vida.   Ella enfrentó de cara los golpes y retos que se presentaron en su camino, y siguió adelante, siendo un ejemplo hasta en el trabajo, porque trabajó siempre para ser mujer independiente y no convertirse en carga para nadie.  

Mirtha es, por supuesto, un motivo de orgullo para sus hijas y para sus hermosos nietos quienes la admiran y la consideran amiga además de abuela; ellos son los entusiastas que acompañan su camino de exploración, innovación, desafíos y victorias generosas.  Son su barra y sus colegas competidores.  Y lo más importante es que Mirtha es un ejemplo para ellos y para todos: jóvenes, maduros y viejos.  Es un ejemplo que arrastra, que invita a no rendirse, que abre puertas a lo desconocido y muestra nuevos caminos insólitos por recorrer.

En mi imaginación la veo  ahora mismo pedaleando cuesta arriba por el paisaje austero y despojado de vegetación que lleva a la cumbre; la veo pasando rauda al costado de las majestuosas montañas coronadas de nieve que rodean y protegen la senda que lleva hacia los valles yungueños.  Mirtha, ella misma, es como esas montañas: dura fuerza mineral, pura altura espiritual desafiante, con cabellera nevada al viento y llena de toques de luz.  

No debemos solamente aplaudirla, amigos lectores.  Podemos determinar y llegar a nuestra propia cumbre. Podemos seguir su ejemplo y enfrentar los años, retos y escollos con algo parecido a ese coraje inmenso, a esa decisión íntima, y vital que rechaza lo imposible y lo amansa hasta conquistarlo. ¡Dale Mirtha!


Lupe Andrade es periodista

Confidencial

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