Gonzalo Rojas Ortuste

Pensar salidas a la crisis que evite muertes y regresiones

viernes, 01 de noviembre de 2019 · 00:10

El campo denso, vital, de la política se aleja de la violencia y cuando se acerca a la concepción relacional del poder, que sólo puede ser si es con otros, no tanto contra otros. En el campo de la fuerza, que ya casi es violencia, donde se allí anida el campo de los rudos, que es que la piensa como choque, como encontronazo. Las disputas electorales buscan evitar eso por la vía del recuento de voluntades especificadas en candidaturas.

En lo personal, que por oficio conozco bien el sistema electoral en sus grandes matrices, sé que es poco equitativo y puede mejorarse significativamente, pero hoy por hoy es ese. Con el manejo del padrón en los últimos años ha tenido un manipuleo prooficialista inocultable y en trabajos más técnicos se puede demostrar, y, de hecho existen, realizados por colegas y por mí mismo. Empero, hoy quiero destacar que el oficialismo, con su candidatura prohibida por el 21F, ha estado como primera mayoría en todas las encuestas. Y los hechos en el procesamiento de los votos en el pasado 20 de octubre, con el cese de publicidad del sistema TREP (Transmisión Rápida de Resultados Electorales Preliminares), nos dan lugar a altísima probabilidad de irregularidad, de traición a esa voluntad popular, cierto que parcial, pero que puede ser decisiva.

Hoy, como otras veces en nuestra turbulenta historia política, estamos en trance de enfrentamiento fratricida. Desde luego que llegamos a esto porque hay acumulados muchos hechos y discursos sobre todo desde el oficialismo, que acostumbrado a triunfos mayoritarios en el pasado ha atropellado el arreglo republicano que implica respetos institucionales a límites y vigencia garantizada del pluralismo.

Se ha presentado la posibilidad de tener esa auditoría con una misión de la OEA, con la característica de que sus resultados sean vinculantes. Así las cosas, eso ya es un avance en relación con  esa lógica perversa que buscaba tergiversar la decisión popular para evitar la segunda vuelta que manda nuestra Constitución. Pero luego de más de una semana de esforzada movilización ciudadana y la persistencia de rechazo del oficialismo que ha vuelto a la estrategia del victimismo junto a amenazas de violencia de sectores sociales afines al oficialismo, ya parece poca cosa; máxime si la misma OEA en un pasado muy cercano, en la persona de su Secretario General, ha tenido una conducta cambiante en relación, precisamente con el referendo del 21 de febrero de  2016,  el que prohibió al binomio largamente gobernante.

A fuerza de movilización ciudadana, heroica y sorpresiva con jóvenes que parecían ajenos a los grandes problemas del país -y nos han mostrado con otros y otras- que esa apreciación estaba equivocada parece que no tiene mucho futuro de éxito ante un gobierno de rasgos autoritarios que no quiere perder la titularidad estatal.

 Por ello, para que tan admirable esfuerzo no se diluya en aras de una solución óptima, postulo que hay que aprovechar esta oportunidad, involucrando más actores confiables como representantes de la Unión Europea, peritos confiables como el ingeniero  Villegas (y otros similares) como un buen grupo de académicos nacionales han planteado para mejorar la calidad y amplitud de esa auditoría que es la posibilidad subóptima de enfrentar este entuerto electoral, pero es la que nos permitirá evitar el mal de la violencia fratricida, casi más odioso que el mal político que es la cancelación de libertades que amenaza el autoritarismo.

Algo más, el campo de la oposición tampoco es compacto. Las elecciones primarias de enero pasado nos mostraron cuánto apetito hay en ciertos políticos y estoy seguro no desaparecerá, al menos no en lo inmediato. En un escenario hipotético de nuevas elecciones es previsible otra dispersión de las fuerzas opositoras.

En cambio, en una segunda vuelta o balotaje ya hay alineamientos detrás de una opción que pueda derrotar al actual oficialismo con las rápidas correcciones de algunas circunscripciones departamentales o uninominales con fuerte incidencia en las irregularidades y, desde luego, con cambio de la cabeza del Órgano Electoral Plurinacional que sea confiable, y no el actual que ha ido perdiendo miembros como las ciudadanas Uriona y Sandoval, que mostraron apego a normas antes que parcialidad partidaria alguna.

Por todo lo previo, es mejor alcanzar un avance positivo viable, relativamente modesto antes que casi imposibles victorias rutilantes que abonan más bien otro triunfo del autoritarismo.

Gonzalo Rojas Ortuste  es politólogo, profesor del posgrado multidisciplinario de la Universidad Mayor de San Andrés.

Confidencial

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