Rafael Archondo

¿Victoria?

jueves, 14 de noviembre de 2019 · 00:34

¿Por qué en Bolivia los que derrotaron el fraude electoral no sonríen? ¿por qué la parte del país que consiguió la anulación de las elecciones del 20 de octubre siente una angustia desbordante? ¿por qué la salida de Evo Morales y García Linera arrastra un sentimiento de desolación y penuria incluso entre quienes la exigieron?   Son las preguntas básicas de una victoria entre comillas, un triunfo lleno de cavilaciones y dudas.  Todos perdimos. ¿Hay salida?

Alguien me decía que hoy Bolivia es como una mujer violada a la que nadie le cree. El mundo mira con extrañeza y desconfianza a un país que parece haber exagerado la dosis de su descontento. La batalla por la empatía internacional está perdida, “mundo vil”. Lo máximo que podemos esperar es neutralidad, pero poca, muy poca solidaridad.

El MAS ha montado una emboscada monumental con la que intenta que sean sus propios rivales los que terminen aniquilándose. El peso infinito y lapidario de un gobierno vacío, abandonado a su suerte, junto a la puesta en acción de un campo minado para que los nuevos comicios no cumplan ilesos con su travesía, es la estrategia delineada por Evo, Álvaro, Juan Ramón y demás estrategas de la conversión de Santa Cruz, el Cercado de Cochabamba o la zona sur de La Paz en una red de “saigones” modernos, a tono con su épica vietnamita y su ideario de hedor maoísta. Abandonas la plaza y la llena de casamatas a la espera del ahogamiento. Ni el EGTK lo habría pensado mejor en sus grises días de atracos y detonaciones clandestinas.

Los que se empacharon con el poder durante 14 años salen ahora al mundo a interpretar el papel teatral de un Allende sin casco, de un desterrado sin perseguidores, de un fugitivo que pide asilo político mientras despega amparado por un coro de inventores del “golpe”, una asonada en la que no vemos golpistas ni prisiones, donde el palacio permanece cerrado por una bandera y dos cartulinas escolares, donde la plaza luce liberada de trincheras metálicas, donde no hay ley marcial ni marchas castrenses, donde una Biblia dejada torpemente en un atrio semi desierto sirve de pretexto para gritarnos: “oscurantistas, han vuelto”.

Ha caído el gobierno “legítimo”, ingresan los evangelios a la platea y brota el “fascismo” clerical, patriarcal y señorial… así se retrata a una sociedad que ha tenido la decencia de salir a defender su voto en 21 días de incansable bloqueo de “pititas”. 

Hay quien dice que luchar por elecciones limpias es algo fútil, que no hace parte del arsenal de la lucha de clases, que mejor suspendamos todo y encaremos lo que realmente valdría la pena: la edificación de otra sociedad. Claro, como si uno pudiera cambiar la realidad fáctica mediante una fabricación mental plena de ensoñaciones lejanas. En una fase superadora de la Guerra Fría, la gente suele salir a la calle por cosas tan superficiales y pedestres como la urgencia de que no se haga fraude. Es el piso compartido, mínimo y vital Ahí estamos colocados.

Los motines de la Policía y del Ejército fueron una renuncia noble al uso de la violencia. De eso sólo había sido capaz Carlos Mesa en 2003, ahora somos más. Los uniformados bolivianos no sólo pidieron la salida de Evo (el “golpe”), sino que se rehusaron a enfrentar a la gente. ¿Quién se atreve a decirme que eso se parece al septiembre de 1973 con Pinochet a la cabeza?

  Dejen de manosear el lenguaje.  Un golpe sin presos no es golpe y hasta ahora sólo están detenidos los autores del fraude.

Dado que los militares y policías nos han enseñado que las armas callan, la base mínima de entendimiento es entonces que las cosas hoy no se enfrentan con violencia. Si eso es así, entonces sólo nos queda acudir a las urnas otra vez; ahora con un árbitro creíble y una participación irrestricta que haga valer la Constitución y el resultado vinculante del 21 de febrero de 2016.

La pregunta es si los seguidores del MAS tolerarán unas elecciones en las que esté ausente su binomio vitalicio. Esa es casi la única condición para hallar una salida. Si prefieren incendiar Bolivia con tal de seguir teniendo a Evo en la papeleta, ¿cabe esperar que el otro bando ceda en este sentido? 

¿Imagina usted unas elecciones con Evo compitiendo desde el llano y Janine Añez a la cabeza del proceso?  ¿Imagina usted unas elecciones con un Evo dirigiendo a sus candidatos desde la ciudad de México?  ¿Alguien en Bolivia puede gobernar sin el MAS o en contra del MAS?  Angustia explicada, cambio y fuera.

Rafael Archondo es periodista.

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