Diego Ayo

El terror, Evo y Linera, los sembradores del odio

viernes, 15 de noviembre de 2019 · 00:09

Evo habla como un santo dispuesto a volver y redimir almas. Evo pide volver, arribar a Bolivia y pacificar. Este hombre se regodea con el temor. Le fascina el terror de la gente. Los cuerpos aymaras, caídos, quizás muertos, lo sobrecogen, emocionan y le endulzan la vida. No debe matar, sólo debe esperar que otros lo hagan. 

Se excita, mierda que se excita, soñando con las víctimas, del color que sean, relamiendo su muerte en la tierra. Si son “suyos” de lujo, le da para lloriquear como si realmente le doliese, si no son “suyos”, los culpa por su artero comportamiento, asesino, criminal, ufa, negocio redondo. Muertos de allá, puntos para él, muertos de acá, puntos para él.  

Ha sembrado el odio, puta que lo ha hecho, y no lo percibimos. Culpamos a quienes descienden de El Alto o Chasquipampa de ser los instigadores de la ira, sin percatarnos de que al afirmar aquello los metemos en una bolsa de inferioridad que no percibimos: “Han bajado los indios, les vamos a dar, carajo”. Nos trenzamos en una guerra de colores, ellos oscuros, nosotros claros, sin darnos cuenta de que el líder asentado en México ríe, goza junto a su lechoso amigo Linera. Su misión se ha consumado.

 El destile de rabia que azuza no viene sólo de su lado, viene del nuestro. Empate técnico, sólo posible de desempatar con una pila de enterrados o con la Policía trabajando a full. ¿En qué nos hemos convertido? En una sociedad racista. No nos hemos convertido, para ser sinceros, sólo hemos heredado los rasgos de superioridad/inferioridad de viejas Bolivias.

La cosa venía de algunas décadas previas y, claro, cómo no, de siglos atrás. Adquiere nuevos rostros y se parapeta firme. ¿En qué se ha convertido? En ganancia electoral para quienes insuflan el odio. Quienes enseñan a odiar tienen un premio mayúsculo: la Presidencia. Vaya ganancia. 

Otrora ganaban la Presidencia quienes tenían el coraje de proponer reformas para vivir mejor. Hoy ganan este máximo cargo profesional quienes tienen la destreza de culpar a otros de su miseria. La principal política pública exige llorar. Y Evo es un llorón. Y, lo que es peor, llora por crímenes que le importan un carajo, le importa el poder, llevar las riendas y (mal)guiar. Y si para hacerlo debe inventar, pues inventa, “mis hermanos están siendo perseguidos”. 

Sus hermanos le interesan dos morlacos y sus hermanas tres rosquetes. Le interesa el poder, le encandila mandar y, sobre todo, le interesa que le amarren los huatos, y mientras la mayoría de ciudadanos de este país contengan esta dosis de morenitud, no hay duda que él estará ahí. Más clientes, más votos. Más morenos, más votos. 

Pero, ¿ha usurpado el poder para regalarlo a sus hermanos de raza? No, ¡no pues, carajo! ¿O García Linera, Quintana, Romero, Arce I, Arce II, Gabriela Montaño, Susana Rivero, el Gringo Gonzales, Sacha Llorenti y otras doñitas de menor relieve pero pálidas, repálidas, son hijos de este ancestral territorio y sus pieles se han aclarado hace poco, repentinamente, por alguna mágica razón?

¿Los hemos oído decir que si él no está, no habrá úrea para ser vendida a algún rincón del continente, no habrá gas para exportar, no habrá soya para que la coman algunos chinos, no habrá castaña para llenar los mercados europeos, no habrá carne para engordar asiáticos o qué sé yo qué? No, difícil de entender. Tanta gileza es para expertos. Aquí la cosa es más simple: ¡de qué color eres! Sí, señor, el asunto es racial. Da igual esa sarta de boludeces de compra y venta. Es racial la cosa. ¿No te das cuenta, articulista de quinta, no te das cuenta del océano de aplausos que se ha abierto este señor…, ¡odiando!? ¡Y le creemos!

 ¡Felices, che!, chochos nos subimos a su carrito de odio. Es un político sensacional, no para  de abrirnos un horizonte asiático/al Pacífico y vender a chinos e hindús lo que se nos cante, no para exportar hamburguesas enlatadas a Europa, no para que respetemos nuestra variedad cultural, yo, aymara, vos, hijo de cordobeses, ella, chiriguana, él, descendiente de españoles de hace 14 generaciones, o algo por el estilo. La cosa es más simple: “ellos son claros, tú no”. 

Su objetivo es distinguible a kilómetros: quiere sembrar el terror. O que otros lo siembren y él cosechar. Ya ha ofrecido volver y pacificar. Notable estrategia: dejar que nos saquemos la mierda, aparecer él, como héroe, y permitir gloriosamente que vivamos. ¿Lo puede hacer? No lo sé. Lo quiere hacer. Veo sus rostros enfermos de poder, él y el Linera, y no me queda dudas: quieren sangre. Les importa un sorete si esa sangre es indígena o, para ser sinceros, claman porque fluya esa sangre, exhibir su condición de “pobrecitos” y lucrar con la política. Y es que eso son ellos: mercenarios de la política.

 

Diego Ayo es politólogo.

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