Renzo Abruzzese

La democracia sitiada

martes, 19 de noviembre de 2019 · 00:10

Más allá de los acontecimientos casi anecdóticos de la salida de Evo Morales y la mayoría de sus más cercanos colaboradores, es innegable que después del desbande que se produjo el domingo 10 de noviembre, día de la renuncia del caudillo, los núcleos políticos y parte de la militancia del MAS se han reconstituido y prometen una dura batalla en varios frentes. Los dos tercios del MAS han secuestrado el Poder Legislativo y el exmandatario ha hecho explícita su pretensión de retornar y hacerse del poder como si nada hubiera pasado.

En su estilo y aprovechando los mecanismos de la democracia, el MAS ha sitiado el Gobierno de transición. La estrategia de asfixiar el proceso en la vana esperanza de restituir a Evo Morales en el poder ha dejado de ejecutarse como un movimiento estratégico de naturaleza política y se ha organizado como un desplazamiento militar a cargo de mercenarios a sueldo, delincuentes comunes, y ciudadanos atemorizados. Jeanine Añez enfrenta la más peligrosa coyuntura en la historia democrática de nuestro país: un terrorista disfrazado de líder democrático bajo la protección internacional de López Obrador y una sociedad democrática sometida al terror fascista, y delincuencial del MAS.

Se suma a este cerco interno uno diplomático internacional, producto del eficiente aparato propagandístico que Evo Morales construyó a efectos de promocionar la imagen del “primer presidente indígena” y su mentado “proceso de cambio”. Este poderoso aparato propagandístico no hizo parte del desbande que eventualmente sacudió la estructura de poder del MAS día antes de la renuncia presidencial, y ha logrado desvirtuar de forma altamente eficiente la naturaleza democrática de los movimientos ciudadanos que lograron alejarlo del poder. La versión de un golpe de Estado ha contaminado la imagen del Gobierno en el exterior.  

Las acciones violentas y delincuenciales que lleva adelante el derrocado gobierno evista forman el componente objetivo de cada uno de los argumentos a favor de la asonada antidemocrática que ejecuta el MAS; de esta manera, la violencia de claros perfiles fascistas que ejecutan han terminado sitiando el Poder Ejecutivo y colocándolo en la difícil disyunta de enfrentar las hordas masistas de manera efectiva o sacrificar la eficacia gubernamental,  en sujeción a los preceptos constitucionales que Evo nunca respetó, y que ahora esgrime fiel, al estilo cínico y mentiroso del que hizo gala por cerca de tres lustros.

Por otro lado, y paradójicamente, el Poder Legislativo se ha transformado en la mejor trinchera antidemocrática y golpista del MAS y Evo Morales. Poseedores de dos tercios y al mejor estilo autoritario que vimos durante todo el gobierno del expresidente, pretenden ahora bloquear toda posibilidad de reconstituir un TSE transparente, y probo. Traer de vuelta a Morales y sentarlo en la silla presidencial, transgrediendo todos los principios éticos, morales y los mismos reglamentos, y disposiciones que rigen ese poder del Estado, es para las bancadas del MAS el objetivo inmediato, y en razón de ello no dudarán un minuto en pisotear toda la legislación nacional y los mecanismos congresales. 

Lo que hemos visto con senadoras y diputados que salieron de sus asilos políticos para asaltar los curules que habían dejado días antes, pasará a la historia como el más grotesco y vergonzante episodio congresal y el cerco legislativo más certero, y antidemocrático en la historia nacional.

La posibilidad de que en aras de una pacificación y un proceso de transición las fuerzas masistas se avengan a un diálogo patriótico es mínima. El MAS no está habilitado para aprender a respetar las normas democráticas, es una estructura aparentemente política en la que el autoritarismo y transgresión son inherentes a su naturaleza, lo que aleja cualquier posibilidad de un diálogo honesto  y transparente en beneficio de la nación.

Bajo estas condiciones se hace absolutamente necesaria una acción ciudadana tangible. Retomar las calles mostrará al mundo entero y a los propios masistas que frente a las hordas que movilizan de manera obtusa y delincuencial hay más de cuatro millones de ciudadanos que estamos dispuestos a hacer respetar la democracia, y apoyar incondicionalmente el gobierno transitorio de Jeanine Añez.  

La Presidenta no está sola, tiene dos terceras partes de la nación a su favor dispuestas a volver noche tras noche, pacíficamente, a defender la democracia y el obierno democrático que hoy nos cobija. Somos dos terceras partes del país que estamos dispuestos a mostrar a las turbas mercenarias y delincuenciales que financia el MAS y Evo Morales que aquí hay un país democrático que le ha perdido el miedo.

 

Renzo Abruzzese es sociólogo.

 

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