Shane Hunt y Harold Olmos

Los pensamientos de Evo en su primera mañana en México

martes, 19 de noviembre de 2019 · 00:09

Así que esto es México. Parece bastante bonito. La altura me cae bien. Es la misma de Cochabamba.

En el desayuno tuvimos enchiladas, que comí sin entusiasmo. Quién sabe si me acostumbraré a estas delicias.

Nunca quise ese cuarto mandato presidencial. Me empujaron… Ya lo dije antes: Lo que de verdad quería era irme a mi casita en el Chapare y quedarme, rodeado de amigos que me apoyarían y protegerían.  Pero mis asesores me desaconsejaron diciendo que vendrían por mí.  Con ese discurso de la independencia judicial y el imperio de la ley, tendrían nuevos fiscales y nuevos jueces. Y entonces hurgarían hasta el delito más pequeño de los últimos 15 años para atacarme.  Y, claro, ha  habido unas pocas veces cuando tuve que sobrepasar la ley. ¿Cómo crees que los partidos políticos se financian en América Latina? Y no es que esas compañías brasileñas sean las únicas que saben construir una buena carretera. Claro que saben. También los chinos saben. Y hay que aprovechar lo que acostumbran dar.

Aquí estoy con ese lío de la cuarta elección. Y eso que nada ha sido fácil. El referendo del 21 de febrero fue mal manejado y entonces tuvimos que salir con esa estúpida decisión del Tribunal Constitucional. Y casi se nos resbala la elección. Debíamos haber intervenido mucho antes, pero te aseguro que yo creía que ganar iba a ser pan comido. Y nunca pensé que la misión de observadores de la OEA iba a ser tan metiche.

A lo mejor no debía haber hecho aquel acuerdo con Almagro. Lo importante,  como me repetían los asesores cubanos y venezolanos, no es cómo ganas sino simplemente que ganes. De modo que uno tiene que retorcer el proceso democrático como un chorizo. ¿Qué importa?  Como estos asesores insisten, las elecciones democráticas burguesas se basan en un precepto falso, con el que, bajo el capitalismo y el imperialismo, el pueblo vota por su propia esclavitud.

Los asesores no se metieron tanto en esos últimos discursos porque estaban tan ocupados endilgándome que yo había perdido el control del Ejército y la Policía. Pero ¿cómo controlarlos cuando todos están metidos con WhatsASpp y saben todo?

Bueno, pues al final acordamos llamar a nuevas elecciones. Habríamos tenido suficiente tiempo para erradicar a los disidentes en el Ejército y la Policía. Pero podía haber sido un asunto complicado. Hasta los venezolanos cometieron el error de llevar a juicio público a un oficial disidente que estaba ya medio muerto por las torturas y acabó muriendo. 

Quizá eso no habría sido un gran error. Pero nada había comenzado hasta que aquel militar nos paró en seco exigiendo mi renuncia. Pero no lo culpo. ¿Qué podía hacer él? Pienso que él ya  había perdido el control de demasiadas tropas. Si tus soldados empiezan a marchar por su cuenta, lo mejor que puedes hacer es salir al frente y pretender que los estás comandando.

De manera que no podía irme al Chapare sino para hacer mi maleta. ¿Qué opciones tenía?

¿Venezuela? No, gracias. No quiero hacer fila para recibir mi comida. ¿Cuba? Ha sido siempre lindo estar allí como jefe de Estado. Sus médicos son magníficos, pero como exiliado me mirarían como un tipo que traicionó a la revolución por no haber sido suficientemente duro. ¿Rusia? Muy frío. Allí está Siberia. Moscú no es más que Siberia con subterráneos.

De manera que surgió México. Es bastante bonito. Aquí hablan español. Pero es muy feo si para salir tengo que estar con un ejército de guadaespaldas.  Además, está la DEA, apenas pasando la frontera, lamiendo sus vasos de cerveza con sólo  pensar en agarrarme y convertirme en un nuevo Noriega.  Y ¿qué si aquí comienzan un proceso para extraditarme y Trump amenaza con cerrar la frontera para apoyar la demanda?

¿Será AMLO lo suficientemente duro  para parárseles? Me dicen que Correa vive en Bélgica. Él entregó el poder a su vicepresidente y se fue. ¡Qué fiasco! Si no puedes confiar en  un tipo cuyo nombre es Lenin, ¿en quién confiar? Su nombre debería haber sido Judas.

Pero me pregunto qué tal sería vivir en Bélgica…  Me hicieron tantos problemas. Eso de la Zapata, por ejemplo. Aún peor: tanta bulla en todo el mundo por la arremetida en el Tipnis, que iba a abrir el camino a los indígenas. ¡Iban dejar de comer tanto pescado y habrían comido asado de vaca! 

Cómo me han insultado por ese rascacielos en la plaza Murillo que volvió un enano el palacio viejo. No puedo creer que no lo volveré a ver. Uno no sabe todo. ¡Cómo los de la ciudad me criticaron cuando en un desfile me soplé la nariz con la bandera! Se aprovecharon de que no sabía las costumbres de esa gente.

Si hubiera vivido el Hugo habría tenido quién me ayude a hacer y decir las cosas. Ahora estoy en la tierra de un general que decía que nadie resiste un cañonazo de 50.000 pesos Y cómo tenía razón. ¡Entre los empresarios ese dicho vale! Quiero ver ahora cómo se las arreglan ahora sin el Evo.

 

Shane Hunt y Harold Olmos son periodistas.

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