Juan Antonio Morales

Las agendas de un gobierno de transición

miércoles, 20 de noviembre de 2019 · 00:09

Todos deberíamos agradecer a la presidenta Jeanine Añez en estos días difíciles  por haber aceptado el arduo trabajo de contribuir a la pacificación del país y asegurar la transición con nuevas elecciones que, esperemos, puedan llevarnos a una nueva etapa de democracia y libertad.

Admiramos su  coraje y le deseamos el mayor de los éxitos, por bien del país.  Sin embargo, notamos que discursos y acciones de algunos de sus miembros de su gabinete dejan en la población muchas inquietudes y preguntas acerca de las intenciones de política, incluyendo la política económica.

Los ministros del gabinete de la presidenta Añez no parecen tener en claro que están por un tiempo corto, hasta las elecciones, y que sus funciones tienen que limitarse a despachar los asuntos corrientes, sin hacer grandes reformas de política, por necesarias que ellas fueran. Tienen también que hacer un levantamiento de datos de la situación en la que se encuentra el país para usarlos como insumos para el gobierno que salga elegido en las urnas. Idealmente deben completar ese relevamiento con análisis prospectivos, es decir lo que pudiera pasar en el futuro mediato.

Los grandes cambios de política económica tienen que resultar de la aceptación por los votantes de los programas de gobierno. Son principalmente sus representantes en el parlamento que deberán sobre el curso de acción a seguir. 

Por las razones anteriores, llama la atención que el Ministro de Desarrollo Productivo esté proponiendo modificaciones de política económica, que van más allá de lo que se esperaría de un gobierno de transición. En contraste, el Ministro de Economía y Finanzas Públicas, un economista muy respetado por la profesión, se ha dado cuenta muy bien de las funciones que corresponden a una transición y, correctamente, no ha propuesto cambios. Tiene empero el gran reto de restablecer la confianza de la población. Su gran experiencia en temas fiscales puede contribuir.

La liberación de las exportaciones es tal vez la única medida de política económica que debería tomarse con relación a la política anterior, dada la evolución de los precios internacionales de los alimentos que hacen innecesarias las prohibiciones. Aún así, tiene que tomarla con el mayor cuidado posible. 

Restablecer el orden y la paz es también importante para la economía. Las palabras importan mucho y hay que tener cuidado con ellas. Debe imperar la mesura como acertadamente recomienda Hernán Terrazas. Los desafíos tienen que asumirse respetando escrupulosamente todos los derechos humanos. 

La política de comunicación necesita también ser tratada con el mayor cuidado, como lo han hecho notar varios editoriales y comunicados de los gremios. La imagen internacional del país está en juego, lo que tiene también implicaciones  para la economía. Nuestra Ministra de Comunicación no debe interferir con las tareas periodísticas y menos aún amenazar a los periodistas, aún si algunos reporteros extranjeros pecan de bellacos. Se tiene que respetar escrupulosamente la libertad de expresión. Nada llenó más de contento a los periodistas argentinos que hacerse rescatar por su ministra Patricia Bullrich. Cumplieron con su sueño dorado de aparecer como víctimas de una “cruel dictadura”.

La hostilidad del gobierno de López Obrador a nuestro gobierno se explica por razones de política interna, como lo hace notar el periódico mexicano El Financiero en su edición del 13/11/201. Sus enchiladas no están en nuestro menú. Evo Morales, apapachado por López Obrador, que siga dando todas las entrevistas que quiera. En algunas de ellas, como la dada a la BBC, le ha ido muy mal. El refrán dice que el pez muere por la boca. Sus tuits incendiarios sólo están causando dolor y lágrimas.

Por último, creo compartir el sentimiento de muchos compatriotas de que el lugar de la Biblia y de la religión no es el palacio. Está más bien en las convicciones de cada uno. La prensa internacional, incluyendo al muy prestigioso New York Times, está calificando al gobierno de Añez de conservador, con un tono religioso. Creo que no es un piropo.

Juan Antonio Morales es economista, expresidente del Banco Central de Bolivia.

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