Hernán Cabrera M.

Neutralizar a los demonios del racismo y la discriminación

miércoles, 20 de noviembre de 2019 · 00:11

El odio racial y las luchas étnicas han provocado en el mundo miles de muertos y heridas históricas. La lista es larga de países que se confrontaron entre sus propias razas y en algunos persiste ese odio entre integrantes de diferentes etnias.

Si bien en Bolivia  la herencia de la Colonia es precisamente el haber abierto el abismo del racismo y las puertas hacia la discriminación, taras sociales que aún no hemos superado y han vuelto con fuerza a partir del año 2000, porque, por estrategia política, lograron fundirla en la lucha por el poder y como forma de hacer política.

La Asamblea Constituyente fue una oportunidad histórica que tuvimos para ir superando el racismo y la discriminación, porque la integraban collas, cambas, chapacos, indígenas, campesinos, citadinos, trabajadores, amas de casa, profesionales y cocaleros; pero fue un trauma su desenlace. Se aprobó en un cuartel, hubo muertos, se hizo arrodillar a campesinos pidiendo perdón, se abrieron más las grietas de la violencia entre bolivianos. Quedaron heridas bien marcadas, que con el tiempo saldrían a relucir y a cobrar facturas.

Después de la asunción de Evo Morales, que llegó con un discurso fuertemente marcado indigenista y de ser la víctima de la explotación y de la discriminación, alcanzó sus 14 años de gobierno. Pero antes este gobierno lograría aprobar una de las leyes más resistidas y que generó más violencia y lo sigue haciendo a estas alturas. La Ley 045 Contra toda forma de Racismo y Discriminación  es usada para fines religiosos, culturales, políticos, electorales, sexuales, sociales, etcétera.

Es una ley que sirve para todos los gustos, pero que se han dado algunos avances importantes, pero en lo legal pocos avances, ya que no se han producido procesos ordinarios por un hecho denunciado o en su caso  se han quedado a medio camino.

Luego del 20 de octubre, día de las elecciones nacionales, otra vez surgen con fuerza ambas taras sociales  y lamentablemente desde el espacio que goza el entonces presidente Evo Morales, se repiten los guiones de hace 14 años y las directrices de la victimización, de su condición de indio y por eso no quieren los blanquitos o la clase media que siga en el poder. La bestia despertó y con más violencia aún y por ello hoy el país sigue sumido en este falso debate o falso problema de que el asunto es de collas vs. cambas, de campesinos vs. citadinos, de pobres vs. ricos, de cocaleros vs. cochabambinos, etc. A eso nos han conducido y esto es más peligroso que cualquier otro conflicto armado.

Glenda Yáñez, ciudadana paceña, en un video publicado  denuncia que ella fue obligada a arrodillarse  porque vestía pollera  y dijo que la olla del odio racial está rebalsando.

Las señales interesantes que hemos sido partícipes, como el abrazo del poncho rojo  Nelson Condori; de la mujer de pollera en la asamblea de los cocaleros de los Yungas con el presidente del Comité pro Santa Cruz; la presencia y discurso del presidente del Comité Cívico de Potosí, Pumari, en dos cabildos de Santa Cruz y que ahí griten “Pumari presidente” son elementos centrales para ir trabajando para neutralizar el odio racial y la discriminación.

Pero también se han dado hechos por demás negativos a la convivencia, como ser la quema de la whipala, las pateaduras a mujeres de pollera  y otros que debemos rechazarlos desde todo punto de vista.

Es un asunto central de la estabilidad social y política que se merece este país. No solo la estabilidad económica, la misma que es lo determinante para que se generen las otras condiciones. Pero en la medida que desde el poder se haya arengado el odio racial entre bolivianos y el enfrentamiento entre las clases sociales de Bolivia, seguiremos viviendo en una situación de alto riesgo.

Es responsabilidad de todos los bolivianos no alimentar más a los demonios del racismo y de la discriminación. Y eso lo podemos hacer todos los días, desde un saludo, un gesto, un mensaje por las redes sociales, una ayuda social  y otras acciones y cada espacio donde uno se desenvuelve, y no esperen cabildos multitudinarios, ni enormes manifestaciones  ni cambios de gobierno  ni que venga el Papa a salvarnos.

 

 Hernán Cabrera M. es periodista y exdefensor del Pueblo de Santa Cruz.

 

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