Javier Torres-Goitia Caballero

El narcosocialismo del siglo XXI

viernes, 22 de noviembre de 2019 · 00:09

 Ha transcurrido casi un mes desde que Bolivia decidió poner fin a la dictadura del narcosocialismo del siglo XXI, identificada así por el prestigioso periodista peruano Jaime Bayly.

 Una movilización pacífica, generalizada, como nunca antes se había visto en el país, congregó a millones de hombres, de mujeres, de jóvenes, de ancianos, niños, indígenas, campesinos, mestizos, profesionales, religiosos en todos los departamentos de Bolivia. El liderazgo fue de todos, sin embargo, debemos reconocer que Luis Fernando Camacho y Marco Antonio Pumari Arriaga fueron los que lograron entender con clara precisión que en Bolivia despertó el ansia democrática y de valores.

 No fue un movimiento político, el detonante fue el fraude electoral, pues aún alterando resultados, mostró que más del 50% de la población no votó por el MÁS. La movilización y la demostración técnica del abusivo  y descarado fraude provocaron que el narcosocialismo recurra a la guerra total contra la sociedad boliviana en su conjunto.

 El jefe del cártel narcosocialista de Bolivia armó algo que pensó le funcionaría, confió en la supuesta estupidez de la opinión pública mundial. Planeó la estrategia de atribuir que la población preparó un golpe de Estado. Confió en que, pese al fraude descubierto, su aliado, el jefe de las FFAA, lo defendería; no imaginó el poder de un pueblo convencido de la verdad, de sus valores y de su fe. 

Tampoco supuso que la Policía y las FFAA tenían también consciencia de su dignidad y que podían obedecer a sus deberes más que a las prebendas. Él, en su tradicional estilo de “meterle nomás, que para arreglar eso están los  abogados”, con insensatez y  cobardía, decide aceptar la invitación de A. Manuel López Obrador y vuela a México desde al narcoaeropuerto de Chimoré, en el Chapare. 

 Se va asilado sin haber recibido la aceptación de su renuncia, como lo hace cualquier dignatario de Estado que se ve obligado a dimitir. Huye y empieza el libreto de ciencia ficción, del golpe de Estado. Torpemente abandona funciones y hacen lo mismo sus sucesores legales del Senado y Diputados, para que empiece el caos de acuerdo con sus planes. 

Pero al empezar el vandalismo, se activa la resistencia, que busca vivir en paz y con reglas claras para los derechos y obligaciones ciudadanas. Sale a la palestra una senadora beniana, abogada, luchadora de hace años por la democracia, la  Jeanine Añez Chávez. Demuestra inteligencia, valor, vocación democrática y para en seco las aspiraciones del narcosocialismo, al activar la sucesión constitucional prevista en la Carta Magna, aprobada por la dictadura dentro de un cuartel en 2009.

 Políticamente derrota al dictador con todo el apoyo ciudadano del país. Como era de esperar, y los que no lo quieren ver es porque son cómplices directos o complacientes, se activa la respuesta furiosa de la transnacional del narcotráfico, de la cual los narcosocialistas son pieza fundamental.

 Ahora el país menos desarrollado de Sudamérica, gracias a los despilfarros de la dictadura, se ve amenazado por una guerra feroz, inhumana del narcotráfico, usando a la gente más pobre como carne de cañón.

 El nuevo gobierno transitorio ha demostrado firmeza y valentía frente a la amenaza inédita en las luchas nacionales, la violencia del narcotráfico, la legalidad contra las armas, la institucionalidad contra la mafia internacional. Estoy seguro de que la política, la ley y la institucionalidad vencerán. 

Sin embargo, también estoy seguro de que ante la magnitud del enemigo, el próximo gobierno debe sumar a todos los colores políticos, todos los sectores sociales, todos los grupos religiosos, a todas las etnias. Debe ser, ojalá, el gobierno de mayor cohesión de la historia de nuestro país.  

 Debemos dejar de lado la arrogancia, los egoísmos, las ansias de figuración, que han caracterizado a la política boliviana. Debemos decidir renovar el pensamiento político y acomodarlo a la amenaza de una guerra sin cuartel que nos dará el narcosocialismo incrustado en muchas organizaciones internacionales. 

 ¡Bolivia nos pertenece, recuperarla es nuestro deber!


Javier Torres Goitia Caballero fue  Ministro de Salud.

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