Javier Torres-Goitia T.

Las sonrisas ganadoras y el vandalismo de la derrota

sábado, 23 de noviembre de 2019 · 00:10

  En mi anterior    columna, antes de la renuncia de Evo, hacía un parangón del paro cívico nacional con la revolución de los claveles de Portugal. Efectivamente, en ambos casos una movilización pacífica, con claveles, allá, con sonrisas aquí, derrocó una dictadura. En Bolivia, una contundente mayoría desarmada, pero decidida a no tolerar más abusos y vejámenes, sin más escudo que una Biblia, el amor por sus prójimos y su fe, pudo más que los grupos de choque provistos de dinamita, bombas molotov, fusiles de las FARC y odio concentrado. 

 Sin embargo, el grado de civilización de los protagonistas determina diferencias abismales. En Portugal, el dictador depuesto exigió firmar su renuncia ante otro militar de igual o mayor graduación que la suya. Le concedieron la gracia y renunció con todo su gabinete reiterando que renunciaba “para evitar que el poder caiga en la calle”. 

Abandonó el país aceptando su derrota. En Bolivia, Evo Morales, derrotado, firmó su renuncia desde el Chapare, no la entregó a nadie, se aseguró de tener protección personal extranjera y sin que nadie lo persiga o enjuicie, abandonó el país ordenando renuncien también sus sucesores, para provocar “que el poder caiga en la calle” 

 El terrorista plan que él mismo anunció a principios del conflicto nunca fue anulado, simplemente lo ocultó por la repulsa nacional e internacional que produjo su criminal anuncio de cercar las ciudades, privarlas de abastecimientos básicos, cortar el agua y otros suministros para asfixiar a todos los citadinos. 

Una vez que obtuvo la protección del asilo y se vio sin riesgos, afloraron sus instintos y ordenó su ejecución. El miércoles pasado descubren una llamada telefónica de Evo ordenando cumplir el plan a uno de sus seguidores. Cínicamente afirma que tal llamada es fruto de un montaje y no reconoce que él mismo, públicamente, amenazó cumplirlo cuando apenas empezaban las protestas pacíficas en su contra.

Más grave aún, su agente ejecutor es un narcotraficante prófugo de la justicia durante los últimos años de su mandato presidencial. ¿También montaje?     

  Como todo líder populista endiosado cuida cobardemente su seguridad personal mientras expone a la muerte a modestos campesinos, convertidos en carne de cañón. Su angurria de poder se nutre de los muertos en su beneficio, sin importarle nada las viudas o los huérfanos o la población entera de El Alto que pudo desaparecer si el ejército no frena el desborde de los que pretendían incendiar Senkata

 Felizmente, el valor civil tiene más fuerza cuanto mayor es la opresión y esta vez la reacción surge de una mujer con mayor coraje que muchos de sus matones a sueldo. Acatando la prelación legal en su calidad de segunda vicepresidenta del Senado asume la Presidencia del país, desafiando a sus vándalos y francotiradores, sin miedo a nadie porque está blindada de amor de fe y encarna la esperanza de todo un pueblo que dijo No una vez y ahora repite “Basta”.

 Sus fanáticos lo siguen todavía incendian casas, matan, roban siembran el terror, pero poco a poco se preguntan ¿por qué no están a su lado, desafiando los mismos peligros,  Quintana, Romero, el Satuco Torrico y otros terroristas verbales expertos en azuzar  el bandidaje desde refugios seguros? Por qué el propio Evo ¿nunca está en las líneas de combate?

 Poco a poco, con  paciencia respaldada por alentadora  firmeza, el nuevo gobierno está logrando vencer el caos y el vandalismo para reconstruir un estado de paz, y comprensión recíproca. Paulatinamente, todos llegarán a comprender que “la mentira tiene patas cortas y los idiotas explicaciones largas” y a veces temerarias. Los largos años de engaño, demagogia, corrupción, narcotráfico y Mentira, así con mayúscula, están terminando. El fraude electoral ya es indiscutible. Otras verdades, despejarán los abusos en Chaparina, el Porvenir, el incendio de la Chiquitania, la construcción de elefantes blancos derrochando 600 mil millones de dólares recibidos por el aumento de los precios de las materias primas y abandonando el cuidado de la salud, de la educación, de la justicia, y el bienestar social.

 
Javier Torres-Goitia T.
fue ministro de Salud

116

Otras Noticias