Gonzalo Parraga Gallardo

La pregunta

lunes, 25 de noviembre de 2019 · 00:09

¿Qué día murió Franco?, de que hablas, duerme, es tarde, ¿qué día murió Franco?, no lo sé, es importante saber, no lo es. Franco y su muerte era la excusa para nuestro malestar, para nuestra pelea, extraña intransigencia la de ese día, pero fue la última, nunca más hablamos y eso quedó, la distancia...” (Jamás el Fuego Nunca, Diamela Eltit.)

Hoy en Bolivia ese malestar tiene otra excusa, pero en unos años será una pregunta vacía.  ¿Por qué renunció? Esta pregunta hoy nos divide, nos acecha, nos aflige, no cómo a dos en un diálogo, (si tan sólo fueran dos). Nos divide como bandos; la respuesta nos adscribe a uno u otro, una política del amigo enemigo, a eso nos lleva y eso nos exige. 

Cada uno tiene su respuesta; verdadera, legítima, democrática pero ¿es oportuna en este momento?, la política es una guerra en otros términos, (debatir, convencer, acordar), no una guerra como tal,  ¿necesitamos más guerra en este momento?  

Cada día la defensa intransigente de esta respuesta es un paso más al vacío, a no escucharnos, a tan sólo quedarnos sordos por la respuesta. Y actuamos, defendiendo nuestra sordera, anulamos al otro y sólo lo clasificamos, malo-bueno, q’ara-indio, racional-irracional, golpista-demócrata, racista-no racista.  

Simple, trágico y sobre todo peligroso, ningún esquema institucional resuelve problemas binarios, todos en su extensión hacen de las soluciones grises, lo anterior ¿es políticamente correcto? no, porque el locus político desde donde miramos la realidad es la vergüenza de la derrota o el orgullo de la victoria (y ambas son imposturas).

¿Sera racional seguir buscando una salida institucional?, sí lo es, no tenemos otra alternativa, pero esta racionalidad se ciñe a las condiciones sobre que “los buenos” y los “malos” deban concederse mutuamente para dialogar,  acordar y aceptar; de no darse lo anterior, sigue un simple suicidio colectivo. 

En medio del dilema tenemos ensoñaciones de anulación y detalles macabros también, la calle habla y lo hace desde las emociones,  habla ese actor sintiente, el cual estuvo, está y estará en angustia,  ¿que dijimos estos días? yo al menos escuche atrocidades como “guerra civil2 e inmundicias como “indios de mierda”. 

Sin lugar a dudas, no tenemos idea de lo que es vivir una guerra civil; Franco la tuvo y ante la desolación la poesía apenas alcanzaba para decir “pobre España, pobre España”; lo segundo es simplemente aberrante, ser indio de mierda en un país de indios, esa lastimosa raíz colonial incrustada en lo más profundo, usada como sentido de distinción, cuando en realidad es síntoma de un complejo crónico de inferioridad.

Estas jornadas de zozobra se invocó al miedo para apoderarse de nuestras calles, lamentablemente ese miedo queda para todos así el/la otra se torna en enemiga, amenaza y peligro, y la irresponsabilidad de algunos junto a una malicia perniciosa de unos pocos simplemente hacen del miedo un discurso, ya no importa si es reivindicación o transición, atacan nuestras emociones desde el miedo, salen de las sombras a alimentarlo, a reproducirlo y encaminarlo.

No es de otro modo, las emociones se nutren y cobran sentido en el marco de las relaciones sociales, y en estos días pasados fueron de muy emotivos (tristeza, alegría, miedo), pero es el poder el cual manipula las emociones en tanto relaciones sociales (su pugna, su pérdida, su defensa).

Y en ese tablero de poder ¿dónde nos ubicamos? o más bien ¿dónde nos ubican?; esperan solamente nuestra reacción, nos anulan como personas y solo contamos como héroes anónimos (detenidos, heridos, muertos), para unos o para otros. Esta es la funesta combinación del miedo como política de la posesión/defensa del poder.

Hoy me siento trágico pero espero mañana sentir esperanza y eso deseo para todos, por favor a quienes muevan las fichas del tablero del poder, no nos lleven a la tragedia de un futuro donde nuestros hijos sólo alcancen a decir “Pobre Bolivia, pobre Bolivia”.

“Franco fue la ecuación implacable: fascista, violento, asesino; pero aún no recuerdo que día murió...” (Jamás el Fuego Nunca, Diamela Eltit.)

Gonzalo Parraga Gallardo es abogado, especialista en derechos humanos.

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