Jorge Patiño Sarcinelli

Masistas contra maximalistas

lunes, 25 de noviembre de 2019 · 00:10

Esto no se ha terminado, y aunque hay atisbos de paz, la cosa tira para largo; así que toda reflexión al respecto será defectuosa y toda conclusión tentativa. Pero ante la depresión que causan la convulsión, la incertidumbre y las muertes, acudo a la terapia de la palabra para sumarme al debate necesario.

Cuando escribo estas líneas, aparecen luces al final algunos de los túneles en los que Bolivia está metida, pero no todos. Algunas de las evoluciones han sido previsibles y otras sorprendentes. Se anticipaba que el MAS en la oposición iría a ejercer con violencia todas las malas mañas que demostró en el pasado, ahora más envalentonado y mejor pertrechado. Pero la buena sorpresa ha sido que haya apoyado los acuerdos para nuevas elecciones. Esperemos que se mantenga constructivo y traiga al proceso democrático su nada despreciable caudal de apoyo popular. 

El episodio había mostrado lo que ya no necesitaba ser demostrado: que Carlos Mesa puede tener muchas virtudes, pero entre ellas no están las dotes para batirse en conflicto. Desde que este comenzó a gestarse, cuando aparecieron los primeros atisbos de fraude, él mantuvo una actitud vacilante, ha dejado que los acontecimientos le ganaran la mano y cedió el protagonismo que debía asumir por responsabilidad. 

Mesa, Camacho y buena parte de la oposición cometieron el error de rechazar la negociación con Morales, queriendo con eso deslegitimarlo. Fraude o no fraude, la legitimidad de Evo estaba en que él era el presidente y seguía teniendo fuerza, apoyo y credibilidad populares. Haber querido ignorar esta fuerza negociadora con negativas maximalistas fue una de las causas de la violencia.

Naturalmente, no podemos más que especular sobre la sinceridad de la convocatoria o de los posibles resultados de esa negociación rechazada, pero no hay peor gestión que la que no se hace. La salida de Evo sin un intento de diálogo por parte de la oposición y a “sugerencia” del Ejército ha contribuido a la percepción de golpe que se tiene en la prensa internacional.

Fue un error colectivo forzar la salida prematura de Morales; prematura en calendario y prematura porque ha hecho tambalear el precario equilibrio político que se necesitaba para salir de la crisis institucional que planteaba el fraude. De esta hemos pasado a la guerra en las calles y con eso no ha ganado nadie y el país ha perdido mucho. Hemos recuperado  a duras penas una frágil paz, pero ha sido con costo. 

Evo, a su vez, cometió el error que comenten todos los dictadores en la víspera de sus renuncias: creer que podrán evitarla atribuyéndose más legitimidad y fuerza de la que tienen. Es cierto que él llamó a negociar, pero él podía haberse abstenido de cantar una victoria que estaba a todas luces manchada. Podía haber moderado el fraude y llevado el proceso a la segunda vuelta. Quizá hubiese perdido –no está claro como le hubiera ido sin la mancha del fraude- pero hubiese tenido control de la Asamblea.

Cuando falta la cordura campea el maximalismo. Unos pedían que Áñez renuncie en 48 horas, el otro quería elecciones la próxima semana, y hasta algunos reclamaban que hubiesen pasado nueve días sin que hubiese habido ya una convocatoria a elecciones. 

Me pregunto si todos los que han trabajado por la renuncia de Evo ignoraban la sucesión constitucional, se hacían ilusiones cuanto a Áñez o en realidad creen que ella es apenas un paso intermedio para lograr fines no declarados. Como sea, ¡no reclamen de las consecuencias de sus propios actos!

No se sabe si las posiciones y pedidos extremos son bravuconadas, posiciones de negociación o fruto del desquicio general, pero maximalistas y masistas se han sumado para ahondar la crisis, ¡y lo pueden conseguir gracias a la debilidad de un gobierno que patina en el barro dejado por otros!

El país está todavía lamiendo las heridas de la violencia descontrolada. No creo que haya una sola verdad que la explique y menos razones que nos consuelen de las  muertes siempre innecesarias. Avanzamos a tientas.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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