Lupe Andrade

¡No cuerran! ¡Por qué cuerren!

miércoles, 27 de noviembre de 2019 · 00:10

¿Qué pasó? Mi cabeza da vueltas, y no por la gramática.  En poco más de un mes, Bolivia entera volcó la tortilla de un cabezazo.  Después de una larga época de somnolencia, tal como con La Bella Durmiente, es como si el país hubiera despertado de un sueño (o pesadilla).  Salió el sol, pero en ese amanecer las cosas ya no eran iguales.  Los colores cambiaron, las perspectivas aclararon, y tal como con la varita mágica de los cuentos, el pueblo dormido abrió los ojos y pudo ver otra vez  un futuro.  Hoy, en vez de correr a esconderse, vale la pena gritar: “¡No cuerran! ¿Por qué cuerren?”.  Ahora hay que detenerse, mirar alrededor, comprobar que estamos lastimados pero no heridos de muerte  y ponerse a trabajar.  

El 20 de octubre fuimos a votar, mansos y obedientes.  El 21 de octubre, menos de 24 horas después, cuando el conteo se detuvo sin explicación, la población se levantó, sacudió la cabeza, se frotó los ojos  y echando espuma exigió explicaciones.  Cuando no las hubo, la antigua durmiente saltó y salió, reforzada por su largo sueño.

No parecía el mismo país de antes.  Había otro aire. Despiertos, energizados los bolivianos salieron pacíficamente a las calles, a mirar el nuevo día.  “Ya no más”, dijeron.  No y no.  El viejo estilo se acabó.  La varita mágica que hipnotizó a todos dejó de funcionar.   El despertar ocurrió en las calles, noche y día, con canciones, estribillos, turnos vigilantes, con “las pititas” y una flamante vocación que sacudió a todos: los que cuerrían y los que decidieron plantarse y validar su decisión.  

Fue fácil despertar, por supuesto, y afianzar esta nueva realidad tomará tiempo y trabajo, pero hoy es más fácil sonreír y necesario hacerlo; hacía tiempo que estábamos demasiado serios.  Luego de días de innegable horror, desconcierto y miedo; entre trabajo y reconstrucción, podemos hacer una pausa para recordar, reír un poco  y retomar la tarea con ánimo.  Hemos visto salir el sol, aunque fuese entre tormentas, rayos y granizada.  Hemos visto que pudimos, aún al último minuto, recuperar nuestro poder democrático de decisión.  No es poca cosa, eso de alzar la cabeza y sentirnos bien.

¿Cómo se dio vuelta la tortilla?  Es difícil decirlo, pero con ojos abiertos y fuerza creciente, la población se plantó y dijo “No”, esta vez con piquetes, defensa civil y horas  y días enteros pasados en las calles.  Fue algo tan simple como escribir esas dos letras N y O y tan heroico como subir al Illimani con abarcas.  Sin descansar, sin rendirse y sin violentar a nadie, los bolivianos y en especial las bolivianas repitieron “No”.  

|“No nos pueden engañar otra vez”, dijo el país.   Lo dijimos antes, pero no escucharon y aún así votamos una vez más con paciencia democrática, y en forma disciplinada.   Sólo queríamos una transición en paz.  Cuando se vio repetir la vieja treta, vino un desborde inevitable, una erupción volcánica de hombres corajudos y mujeres decididas que emergieron en cascada para mostrarle al país que sí  tenía reservas de coraje. 

Además de los hombres, las mujeres activistas y valientes eran miles y miles, sin miedo a nada más que dejar que Bolivia se vaya al diablo.  Ellas resultaron ser la punta de lanza de una nueva era: trabajaron, bloquearon e hicieron vigilia desde la madrugada hasta pasada la medianoche.  “¿Quién se cansa? ¡Nadie se cansa! ¿Quién se rinde? ¡Nadie se rinde!” Ese era el estribillo que les daba fuerzas en los días más aciagos.  Con maridos e hijos, o solas sin compañeros, con “las pititas” fueron el corazón de la resistencia, el alma de cada esquina y de cada ciudad.  

Algunas tienen nombre en mi memoria, otras son imagen: puño en alto, bandera al hombro, defensoras de barrios, familias y país.  Se equivocaron los grupos de asalto que creyeron que el poder era grito, palo con punta de clavo y amenaza.  Por supuesto que las asustaron, pero no se rindieron.   Todas: campesinas, cholas, oficinistas, técnicas, ingenieras  y diputadas  dieron prueba de energía, coraje y fervor cívico.  Hablo de las mujeres, amigos, porque reconociendo el valor de nuestros líderes, en esta crisis la emergencia de las mujeres fue un factor esencial y revitalizador.  Nadie tuvo que gritarles “¿por qué cuerren?”.  Ellas no corrían; se plantaron y.... ganamos todos.

 
Lupe Andrade es periodista.

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