Elizabeth Salguero Carrillo

Otro poder es posible

jueves, 28 de noviembre de 2019 · 00:11

Ante los últimos conflictos políticos y sociales que hemos vivido en el país, se hace necesario cuestionar la confrontación, la polarización y el pensamiento binario en que parte de la sociedad boliviana ha caído. Resulta que ahora, a nombre de la democracia, se quiere negar los derechos de todo aquel que piensa diferente y se relaciona con el MAS. 

Incluso se festejan la represión y las muertes mediante las redes sociales, que se han convertido en el espacio privilegiado de la exacerbación del racismo, el odio, y la intolerancia. La máxima expresión antidemocrática fue la movilización de algunos ciudadanos que quisieron impedir la declaración de las víctimas de la represión militar ante la CIDH.

Si bien se han dado casos de vandalismo, quemas de viviendas y presuntos actos de terrorismo que merecen ser investigados, y sancionados, hasta el peor de los delincuentes tiene derecho a ser sometido a la justicia, en el marco de un Estado de Derecho. No podemos ingresar en el terreno de la venganza, en la lógica de que todo lo vivido en los últimos 14 años en el gobierno de Evo Morales, es negativo y hay que destruirlo, sin tener la capacidad de discernir y analizar que también hubo avances sociales y mejora en la calidad de vida de las poblaciones más necesitadas. 

Sin duda, son cuestionables muchas políticas relacionadas al extractivismo, al abuso del poder, a la violación de los derechos de la Madre Tierra y, fundamentalmente, al intento de perpetuarse en el poder. Sin embargo, un enfoque reduccionista y maniqueo no nos ayudará a seguir adelante, construyendo o reconstruyendo el país en base a lo avanzado, porque el llamado proceso de cambio va más allá del MAS o de Morales; es el resultado de la lucha del pueblo boliviano por sus reivindicaciones sociales, plasmadas en la Constitución Política del Estado.

 Así mismo, se trata de cuestionar el poder patriarcal que ha venido reproduciendo la dominación, la subordinación y la violencia sobre las mujeres, y las diversidades sexuales. En ese sentido, Aquelarre Subversiva dice que “han estado tejiendo espacios libertarios desde la autonomía y la rebeldía, construyendo un accionar político que no depende de partidos, líderes, ni instituciones. Resistiendo a la estrategia de cooptación y fragmentación de los movimientos sociales, a la represión y criminalización de la protesta”. 

Agregan que sienten frustración y rabia hacia la política partidaria patriarcal que se nutre del enfrentamiento y polarización utilitarios a sus intereses y poderes. Manifiestan su repudio a un gobierno que no quería soltar el poder, pero también a los discursos obsoletos de la clase política opositora. Ambos exacerban las peores intolerancias como el racismo, clasismo, machismo, homofobia e incitan a la confrontación para justificar la violencia.

Otros colectivos feministas expresaron que es necesario reestablecer principios mínimos en la vida política boliviana que no sean caminos directos al desastre. Poner límites a todos los abusos, a la prepotencia y la violencia estatal; volver a colocar la vida digna en el centro y parar la irresponsabilidad, y ambición de quienes gobiernan.

La Asamblea Feminista y Diversa alega que Bolivia ha sido víctima de un fraude sistemático y estructural que radica en “la postergación de nuestros sueños y esperanzas, en la despolitización y partidización de nuestros horizontes, en el ninguneo de nuestras causas históricas, en la instalación de una democracia solo de hombres”.

Como dice Solana López, el poder desde el feminismo debe ubicarse siempre en contra de la matriz de la opresión, dominación y violencia. Romper con los modelos patriarcales hacia una humanidad más justa y solidaria, una sociedad que no permita la naturalización de la violencia y de los feminicidios, que este año llegaron a 104 convirtiéndose en una matanza cotidiana de las mujeres.

 

Elizabeth Salguero Carrillo es comunicadora social

 

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