Amparo Ballivián

Megafraude y fraudecitos

domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:09

El fraude más grande en las elecciones bolivianas de 2019, el megafraude, se realizó a fines de 2018. Ese megafraude fue la aceptación del árbitro electoral a la candidatura manifiestamente ilegal del candidato presidencial del oficialismo, Morales. La Constitución boliviana (artículo 168) limita el mandato presidencial a dos periodos consecutivos. Como Morales quería quedarse, organizó un referéndum que le permita correr una vez más. Perdió. Pese a su ilegalidad y contra la voluntad del pueblo, la candidatura de Morales por cuarta vez fue aceptada por el árbitro, un árbitro evidentemente sesgado y dependiente. Eso no lo niega ni el propio Morales. Eso está superabundantemente probado.  

En las semanas y meses anteriores a las elecciones del 20 de octubre, ha habido otros fraudes grandecitos, y que se pueden probar fácilmente. Entre ellos, el uso de bienes públicos en hacer campaña electoral. Existen fotos de candidatos repartiendo entre los electores bienes comprados con recursos de los que pagamos impuestos. Existe la ley del presupuesto que muestra un monto fuera de toda proporción asignado al Ministerio de Comunicación. También fueron públicos los desacatos del partido oficialista al calendario de propaganda electoral. Mientras los partidos opositores fueron impedidos por el árbitro de realizar propaganda en los días anteriores a las elecciones, el partido oficialista mantuvo su propaganda en todo momento. A vista y paciencia de los ciudadanos. 

Estos fraudes mayores están probados, son de conocimiento público y ni siquiera fueron negados. 

En contraste, a partir del 20 de octubre a las 19:40 se han venido denunciado supuestos fraudes en el proceso de votación y en el conteo de votos. Casi ninguno de ellos tiene pruebas sólidas. Es por eso que no se han presentado denuncias formales de acuerdo a ley. Éstos son, en el mejor de los casos, fraudecitos. Quienes los denuncian vehemente –pero no legalmente– son personas que más parecen buscar hacerse propaganda sobre sus dudosas capacidades profesionales, que tener una genuina vocación cívica (ojo, no digo que no hubo fraude. Para decir eso necesitaría acceso a las bases de datos y las bitácoras de los dos sistemas de registro de votos. Digo que las denuncias publicadas no me convencen).

Ahora viene la Organización de Estados Americanos (OEA) a auditar, ¿qué? ¿El megafraude? No, ese ya lo aceptó cuando el secretario General de la OEA, Luis Almagro, visitó a Morales en mayo de este año para expresarle su apoyo y decir que negarle la candidatura sería discriminatorio. Poco le importó lo que digan la Constitución y las leyes de Bolivia. O el veredicto del pueblo en el referéndum. Recuerden que Óscar Ortiz, candidato opositor, mandó a pasear al señor Almagro.  

¿O le interesa a la OEA auditar los fraudes mayores indicados arriba? ¿Le interesa auditar la imparcialidad del árbitro? No, nada de esto le importa auditar a la OEA. Ni al gobierno. Sólo quieren auditar los supuestos fraudecitos, que ni siquiera estamos convencidos de que fueron tales.

¿Nos creen bobos? A quienes votamos, pagamos impuestos y respetamos las leyes en Bolivia no nos interesa una auditoría hecha por un auditor que ya mostró su sesgo, sobre unos temas frívolos. Hasta ya sabemos las conclusiones de su informe. Se las cuento. El informe dirá, más o menos, “La Comisión x, y, z ha revisado … Hemos realizado un trabajo técnico de auditoría informática y estadística… Hemos analizado las denuncias públicas de fraude y no hemos encontrado evidencias fundamentada en la gran mayoría de ellas. Hemos encontrado varios hechos irregulares, pero no hemos encontrado casos de magnitud, gravedad o recurrencia que ameriten la anulación de las elecciones. No obstante, reiteramos la recomendación del informe de veedores de la OEA, en sentido de que se realice una segunda vuelta entre los dos candidatos que obtuvieron mayor votación, aun cuando la diferencia entre ellos sea levemente superior al 10%, como forma de contribuir a la pacificación del país”.

Ahí lo tienen. Háganle “cortar y pegar”, auméntenle algunas palabras y ahórrense el tiempo, dinero y esfuerzo. Mientras tanto, los bolivianos de bien estaremos trabajando en la realización de nuevas elecciones, democráticas, con árbitro imparcial e independiente, con candidatos legales y en apego a las leyes.

 

Amparo Ballivián fue directora de la Aduana.

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