Pablo Pizarro Guzmán

Nadie se cansa, nadie se rinde

sábado, 30 de noviembre de 2019 · 00:09

Todavía suena el eco del cántico que retumbó en Bolivia durante 21 días  seguidos. Fue un tsunami arrollador. Incansable. Imbatible. Irreversible. Inexpugnable.  

¿Quién se cansa?, nadie se cansa. ¿Quién se rinde?, nadie se rinde, ¿Evo de nuevo?, huevo carajo, se transformó en un poema musical: un soneto a cuatro voces con un fondo rítmico de violines, vientos y cuerdas. Un arpegio de voces al unísono. Una melodía de rock and roll que suena a Beatles. 

En una chispa mágica que nació de las profundidades del cuore joven.  Una estela que movió las células más recónditas de cada ser. Una ráfaga de viento que despertó a los más escépticos. Una llamarada de fe que sacudió los espíritus. En definitiva toda una oda.

Así, ¿quién se cansa?, nadie se cansa, ¿quién se rinde?, nadie se rinde quedará como una huella indeleble en la flora y fauna de la Chiquitania. En cada animal, hoja, insecto, gota de agua y aire. Ahí reposará, en la memoria de nuestra naturaleza que gracias a su energía renacerá como el Ave Fénix.

Fue una frase expresada a capela contra un sistema político, liderado por el expresidente Morales y por García, quienes quebrantaron a su favor las leyes para aferrarse al poder, cuando adujeron que su cuarta reelección era un “derecho humano”, obviando el referéndum vinculante de febrero del 2016 que le dijo No a su postulación indefinida. 

Fue una epopeya a favor de los indígenas del Tipnis. Brutalemente reprimidos y amordazados en Chaparina por oponerse a la apertura de una carretera que partiría por la mitad su territorio ancestral. Siendo este parque natural uno de los espacios más ricos en biodiversidad del mundo. Se estima que cobija a 3.000 especies de plantas, 850 de fauna y cerca de 470 tipos de aves. 

No fueron simples voces de papel que mueren en el basurero, más bien alas de libertad que recorrieron con el viento las venas de los bolivianos del campo y la ciudad. Un caleidoscopio que reflejó imágenes coloridas de la fuerza boliviana.  

Y los jóvenes fueron los autores directos de este cautivador mantra. Estudiantes de colegios y universidades que entonaron como un himno por los valles, altiplano y oriente, dispuestos a protestar cada mañana con valentía, arrojo y audacia. 

Por lo tanto, a los jóvenes de la Generación Pitita que marcaron el rumbo no podemos defraudarlos. A futuro hay que actuar en serio sobre algunos temas centrales: 1. Que los colegios y universidades públicas tengan la misma calidad que los privados. 2. Que el acceso a las oportunidades sea  equitativa  para todos, es decir empleos dignos. 3. Que la tecnología se democratice. 4. Que la salud no sea un privilegio de unos cuántos. 5. Que la justicia brinde justicia. 6. Que las mujeres sean cuidadas.  

¿Quién se cansa?, nadie se cansa. ¿Quién se rinde?, nadie se rinde, tarareo en mi adentro, caminando por mi barrio de El Molino en Tarija. Este pedacito de rincón que huele a tierra húmeda y despide un aroma nuevo. 

Hacia adelante, Bolivia ya nunca más será la misma.

 
Pablo Pizarro Guzmán es periodista y escritor.

156
2

Otras Noticias