Juan Antonio Morales

Rosario de malas noticias

lunes, 04 de noviembre de 2019 · 00:09

Las malas noticias para el presidente Morales no son solamente políticas sino que vienen también del frente económico. Los datos del crecimiento del PIB para el año transcurrido entre junio de 2018 y junio de este año muestran un evidente enfriamiento de la economía. El guarismo más preocupante se refiere a los hidrocarburos, cuya producción cae en 17,5%. El año pasado ya cayó en 7,8% y este año será el quinto año de caída. ¿Qué dice a todo esto el ministro del sector, experto en maximizar el número de palabras por pie cúbico de gas descubierto? Todo parece señalar que hay graves problemas de gobierno corporativo en YPFB. Basta hacer notar que desde el 2006 la empresa ha tenido siete presidentes, además todos interinos. Como ya lo dijimos en artículos precedentes la tan mentada nacionalización fue mal pensada y peor ejecutada. 

 Los últimos datos del INE registran también una caída, de 0,5% con relación al mismo periodo del año pasado, de las inversiones, a pesar de las  voluminosas (y mal concebidas) inversiones públicas. Por el lado de la demanda interna, de la que tanto se jacta el ministro del MEFP, los sectores dinámicos son el consumo de los hogares y el consumo del gobierno, que sea dicho de paso crecen más que el PIB. ¿A qué clase de desarrollo estamos apuntando con la mera expansión del consumo, que es además en gran parte de bienes importados y en más empleados públicos? La contraparte del jolgorio del consumo es una caída del ahorro, que ahora se sitúa en un enclenque 14,2% del PIB. Los expertos en crecimiento económico subrayan la importancia del ahorro interno. China y los países del sudeste asiático crecieron rápidamente en gran parte por sus elevadas tasas de ahorro.  

 Hay que añadir que por la situación política incierta le será más difícil al país conseguir recursos externos para financiar sus inversiones. Por su parte, la inversión directa extranjera se hará de rogar, como decimos los habitantes de La Paz. 

 La situación económica del país está pues muy lejos de lo que fue durante los años del auge exportador y del superciclo de altos precios para nuestras exportaciones. La balanza comercial hidrocarburífera será pronto negativa, es decir estaremos recibiendo menos por nuestras exportaciones de gas natural que lo que pagaremos  por la importación de combustibles. El precio interno, muy subsidiado, está teniendo costos fiscales y está conduciendo a desperdicios. Está también impidiendo el desarrollo de energías alternativas, como la solar y la eólica. En algún momento el precio de los combustibles fósiles tendrá que reajustarse, pero hay que hacerlo inteligentemente. También tendrá que reajustarse el tipo de cambio, que está subsidiando a las importaciones, especialmente de  contrabando. 

 El déficit fiscal está bordeando el 8% del PIB. Ya son cuatro años consecutivos de déficit. Las reservas internacionales están a menos de la mitad de lo que fueron en su momento pico (noviembre 2014). La pérdida de reservas de este año, de 1.445 millones de dólares, incumple con el acuerdo de ejecución que tenía el MEFP con el BCB, firmado el 25 de febrero (1.217 millones de dólares).

 Sobre mojado llovido. El resultado de las elecciones del 20 de octubre es de difícil digestión para las clases medias y, más allá, para casi todos los habitantes de las ciudades capitales del país. Aún si se constatara que no ha habido fraude, la percepción de él que tienen los ciudadanos será muy difícil de disipar y será un obstáculo para la gobernabilidad. 

 El difícil panorama político tendrá costos para la economía que no podrán ser maquillados por una economía mundial favorable, como lo fueron hasta el 2014. Los paros ciudadanos y los bloqueos campesinos pasarán una abultada factura. Por otra parte, el gobierno tendrá que enfrentar ahora la rebelión de los profesionales, de los estudiantes y de los empresarios genuinos. Hasta ahora no ha hecho esfuerzo alguno para tender puentes a las clases medias, más al contrario. Si quiere gobernar, el gobierno tendrá que ser para todos los bolivianos.

 

Juan Antonio Morales es  economista y expresidente del Banco Central de Bolivia

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