Pedro Portugal Mollinedo

Auditoría electoral en medio del caos

martes, 05 de noviembre de 2019 · 00:11

La OEA ha comenzado la auditoría del reciente proceso electoral en medio del caos y de la incertidumbre. Esa auditoría internacional en circunstancias corrientes hubiese significado una tregua y un atisbo de solución pacífica en el ambiente de enfrentamiento que vive Bolivia. Sin embargo, serios impedimentos amenazan estorbar esa perspectiva.

En primer lugar, la desconfianza que en varios sectores de la población suscita la OEA al haber antes validado comicios contestados en Venezuela y, en segundo lugar, el temor de que su secretario general, Luis Almagro, estuviese acoquinado con Evo Morales.

Si bien se puede suponer –aunque con reticencias– que un organismo internacional como la OEA pueda tratar superficial e irresponsablemente un tema delicado, como el que atraviesa Bolivia, ese es un riesgo que se puede sortear si la otra parte interesada juega un rol protagónico en los mecanismos y actividades de esa auditoría.

Y he aquí el problema: la oposición mantiene una actitud cerrada de condena a la auditoría de la OEA. Sin embargo, declaraciones iniciales de algunos de sus líderes hacían pensar lo contrario.

Parece darse el fenómeno de que la dirección política de ese movimiento ha sido rebasada por la radicalidad de los activistas movilizados. Sin embargo, este es un problema político y como tal debe ser resuelto; lo que implica interlocutores válidos y con control de los movimientos que originan.

Incidentemente, los últimos acontecimientos revelan curiosidades que demuestran debilidades y contradicciones tanto en el Gobierno como en la oposición. 

El MAS en sus inicios tuvo una aproximación irreal de lo que institucionalmente necesitaba Bolivia. Lejos de propiciar la construcción de una sociedad común, cedió a los cantos de sirena plurinacionalista autonómica bajo la inspiración de asesores españoles. Empero, en la “madre patria” esa política tiene los resultados que podemos constatar en la resurgencia del problema catalán en ese país. 

Es sintomático que la región que clamaba por autonomía –Santa Cruz– y que juega en el actual problema un papel primordial clame ahora por el federalismo. La plurinacionalidad implica naciones diferentes; el federalismo se da como forma administrativa en el contexto de una sola entidad nacional.

La levedad de las reformas del MAS tiene, además, aspectos chuscos. En la Constitución Política del Estado, en su artículo 11, inciso II, reivindica la democracia directa y participativa, “por medio del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa, entre otros. Las asambleas y cabildos tendrán carácter deliberativo”. Ahora son cabildos multitudinarios que exigen su renuncia.

La oposición no es ajena a este galimatías. Es más, está al origen de ellas. Los anteriores gobiernos neoliberales intentaron hacer saltar a Bolivia de una condición premoderna a una posmoderna, institucional y políticamente hablando. 

En este contexto hará su trabajo la auditoría de la OEA. Si el trabajo político consiste en encontrar y aplicar soluciones, y no simplemente exacerbar contradicciones, tanto el Gobierno como la oposición deben tomar a pecho esa responsabilidad. 

Una auditoría integral, que tome en cuenta las observaciones, contestaciones e impugnaciones de ambas partes, es por el momento la única alternativa de paz social. Y no sólo ello, sino también puede ser el preámbulo para mejorar y encaminar transformaciones que necesita nuestro país.

Pero ello requiere interlocutores válidos y, contrariando el prejuicio políticamente correcto de las supuestas virtudes inherentes a los movimientos sociales oficialistas o a los multitudinarios cabildos opositores (los unos sometidos a reflejos coloniales centenarios y los otros prisioneros de fuertes emociones inmediatas), los únicos interlocutores sólo pueden ser el Gobierno en funciones y el principal candidato opositor.

Dejar pasar esta oportunidad nos orillará a situaciones imprevisibles y quizás desastrosas para todo el pueblo boliviano. Estamos aún a tiempo para salvar la Patria.

 

Pedro Portugal Mollinedo es autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia y actual director del periódico digital Pukara.
 

 

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