Daniela Sánchez López

¿Estamos ante el fin de la democracia en Bolivia?

viernes, 08 de noviembre de 2019 · 00:09

En su más reciente libro How democracy ends (Como termina la democracia), David Runciman plantea que actualmente la democracia occidental está viviendo una crisis existencial en la que la identidad y confianza del sistema son seriamente cuestionadas en un contexto globalizado y de redes sociales.

Un buen ejemplo para el autor es Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Éste no necesariamente representa el fin de la democracia en sí, pero si un grave síntoma de un clima político cada vez más inestable, intolerante e impredecible. En este contexto, los tradicionales puntos de referencia sobre lo que hace que una democracia se mantenga o fracase se basan en experiencias pasadas que nutren un imaginario político (por ejemplo, la gran recesión de los años 30  o las dictaduras de América Latina, África o Asia en el siglo XX), una serie de características básicas como elecciones regulares, independencia de poderes y libertad de expresión, así como el tácito contrato social basado en la confianza  y respeto a la ley entre el Estado, sus instituciones y los ciudadanos.

 Sin embargo, si nos encontramos ante un nuevo escenario volátil, impredecible y sobre todo altamente influenciable por la tecnología y comunicación en redes sociales; las típicas caracterizaciones de buenas o fallidas democracias podrían ya no ser del todo útiles ni plantear las preguntas correctas.

En el caso de Bolivia, la reciente elección general del pasado octubre, con las consecuentes denuncias de fraude y las movilizaciones ciudadanas masivas en las ciudades exigiendo el respeto al voto popular, demuestran que en una sociedad con rostro joven como la boliviana y con un alto acceso a las plataformas virtuales  y redes sociales, las viejas dicotomías izquierda-derecha y  afiliaciones partidarias ya no representan a una masa crítica de votantes, que no sólo cuestionan la legalidad del régimen al poder,  sino sobre todo su legitimidad en las calles y en el aparato estatal.

Al imponer su candidatura, el Movimiento Al Socialismo (MAS) y Evo Morales no solamente han desconocido la Constitución y el referendo vinculante del 21 de febrero de 2016, sino también han manipulado cínicamente al Órgano Electoral Plurinacional para perpetuarse en el poder a cualquier costo. En este sentido, ¿estaríamos ante el fin de la democracia con la re-re postulación e imposición de Evo Morales a la Presidencia? Evo Morales en un cuarto mandato ilegítimo (e ilegal) representa un grave síntoma de la transformación del sistema político hacia uno con instituciones débiles, desencanto con la política y la  continua  y violenta polarización de la sociedad.   

Si actualmente nos encontramos ante la crisis y el fin de un ciclo político que inauguró el siglo XXI en Bolivia, esta crisis podría derivar en una pseudo democracia vacía de contenido; inclusive una dictadura encubierta por votaciones fraudulentas y plebiscitos con los diferentes grupos corporativos que hoy sostienen al régimen autocrático del MAS. 

En el marco referencial del pasado, la dictadura era sostenida a través del monopolio de la violencia estatal y alianzas político-militares. Hoy por hoy, la dictadura disfrazada se sustenta en la destrucción de las instituciones y el Estado de Derecho, la subordinación de los poderes del Estado (Legislativo, Electoral y Judicial) al partido y al caudillo, y la represión directa e indirecta de las libertades y la ciudadanía. 

Evo como el presidente perpetuo no es el fin, pero sí representaría una democracia vacía, manipulada y supeditada a la hegemonía del MAS. Más aún, representaría la desesperanza absoluta de una sociedad que durante décadas luchó por un proyecto de país más incluyente y democrático.

 

Daniela Sánchez López es doctora en desarrollo internacional, actual investigadora en la Universidad de Cambridge.

 

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