Gregorio Lanza

Fraude, demonios y biblias

sábado, 09 de noviembre de 2019 · 00:09

Cuatro días después de las elecciones, el día jueves 24 de octubre,  en una entrevista por el canal estatal, se lo veía al Presidente  con su ojo derecho cerrado, mal de ojo, o señal de que los Kallawayas le habían dicho que “no le iría bien”. A pesar de eso, estaba elegantemente vestido, con una camisa blanca, saco con el cuello corto, con un ribete andino de color rojo a la altura del pecho; pero con un detalle que sus modistos no tomaron en cuenta: su camisa blanca con un volado en el cuello se parecía a  la que Luis XVI, el emperador francés, usaba días antes de que fuera devorado  por las huestes, en las calles de París.

Evo no soñó jamás ese final.  Antes del referéndum del 21F decía:  “Si pierdo, me voy a mi chaco con mi enamorada”. Perdió y no se fue. Y ahora dijo que se iría a criar peces, pero parece que –de nuevo– alguien, o él mismo,  buscó la manera de quedarse  e  imaginó un plan de suplantación y sembrado  de votos.  

Los datos son evidentes, primero  nombró a la señora Lucy Cruz,  delegada personal, vocal en el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Ella  se convirtió en la comisaria del TSE. La presidenta María Eugenia Choque y el vicepresidente Antonio Costas sólo  fueron palos blancos. Ella tenía –con sus otros dos vocales– mayoría y, tal como cuentan funcionarios de la entidad,   declaraba sistemáticamente  que todos en el Tribunal Electoral estaban para defender el proceso de cambio.

Las evidencias  muestran que la preparación del  fraude se realizó con anticipación, despidieron y colocaron a sus propios funcionarios en el   área de informática, era como controlar la llave de la bóveda de un banco. Mapearon las zonas, especialmente rurales, donde la oposición no entraría, por sus limitaciones, y por la presión de los movimientos sociales (imagínense el norte de Potosí o Colomi). 

Allá, sin delegados de los partidos de oposición, manipularon los votos y, por otro lado, hicieron uso de  la  bolsa de blancos, nulos e inhabilitados para aumentar los votos del MAS. El propio gerente de Neotec señaló que las copias de las actas eran enviadas por los funcionarios de Segip, que –conocemos– tenían dependencia  de los funcionarios del partido de gobierno.

Pero la avalancha de votos opositores era tal que en su desesperación ordenaron paralizar el conteo rápido. Así el TREP, que era la joya de la corona, quedó paralizado. Necesitaron 24 horas para ajustar, cambiar actas, rellenar vacíos y modificar  drásticamente la tendencia que mostraba una segunda vuelta, tal como el conteo rápido de la empresa Viaciencia y  de la Fundación Jubileo-UMSA lo habían señalado.

        Los datos de diversas auditorías,  tanto  de la  Misión de Observación Electoral de la  OEA, como de expertos nacionales (Villegas, Chumacero, Morales, la UMSA y otros), el gerente de Neotec y del propio auditor contratado por la TSE, señalan que hubo vicios de nulidad. La mayoría del país lo sabe y lo rechaza. 

Grandes sectores salieron a las calles: las clases medias y en especial los jóvenes universitarios. Santa Cruz, cansados de los abusos del gobierno  y de la quema intencionada de la Chiquitania, en un extraordinario sacrificio  colectivo, mantienen un paro casi 20 días. Aparecieron nuevos liderazgos y el país se paralizó. Hay muertos y decenas de heridos. El conflicto ha escalado. De pedir segunda vuelta se ha pasado a exigir la renuncia del Presidente. 

Nuevas elecciones con un Tribunal Electoral de notables podría dar un respiro al país. El presidente Morales tiene que decidir si escucha a sus asesores, los pocos que le dicen  “sea cauto,  dialogue”; o a los demonios que, sin saber contar los muertos, menos leer La Biblia,  le dicen que los muertos no importan: “Hemos venido para quedarnos”. Pero ya no les será fácil, sólo el diálogo  y una solución concertada permitirán que el Presidente no sea devorado por sus propios demonios. 

 

Gregorio Lanza es economista con maestrías en políticas públicas y exresponsable de Prevención y Atención de Conflictos de la Defensoría.

 

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