Juan Antonio Morales

Maximum maximorum

martes, 10 de diciembre de 2019 · 00:10

El artículo de Jorge Patiño en Página Siete (24-11-2019) me ha traído a la memoria lo que me dijo una vez un gerente de un banco internacional, de que los bolivianos éramos muy malos negociadores, porque siempre apuntábamos a lo máximo. En teoría de juegos, que se aplica también a toda suerte de conflictos, se aprende que lo primero que hay que hacer es tratar de identificar hasta dónde los participantes en una disputa pueden ceder y no abandonar la partida con pérdida para todos. Muchas veces nos hemos apartado de este punto básico.

Es posible que al país le hubiese ido mejor si sus líderes políticos de oposición hubiesen accedido a la invitación que les hiciera el entonces presidente Morales para una reunión ese fatídico domingo 10 de noviembre. El problema era que Morales había dañado completamente su reputación y su credibilidad al ignorar el 21F. 

Hasta ahora me pregunto cómo sus abogados, asesores y magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional no le advirtieron del enorme riesgo de perder reputación  en el que incurría desdeñando la votación del 21F, y contradiciendo a sus propias declaraciones de que respetaría sus resultados. Los más cínicos dirán que a Evo no le importaba perder reputación porque en su endiosamiento estaba por encima del bien y del mal. A todo esto hay que añadir que el informe preliminar de la misión de la OEA era demoledor.

A pesar de todo lo anterior, en retrospectiva se tiene la impresión de que Camacho forzó la salida. Tengo colegas que piensan que también Mesa fue víctima de la impetuosidad de Camacho y que tal vez le hubiese correspondido no sumarse al pedido de renuncia.

Por su parte, Morales jugó muy mal sus cartas. No debía oponerse a la segunda vuelta en la que todavía podía ganar. Es una conjetura razonable que podía haber recogido los votos para Chi y para Patzi. Aún si hubiese perdido la elección no dañaba sus posibilidades para volver el 2025. De nuevo, en una posición maximalista, cantó victoria antes de tiempo. Debía también estar consciente de la poca credibilidad que tenía la Corte Electoral y no fiarse mucho de ella, especialmente después del grave error de haber suspendido el TREP. 

Ninguna “comisión de la verdad” ni apelar al hermano Papa, como lo propone Evo Morales, podrá enderezar esos graves errores. La percepción de fraude ya había calado hondo en la población. Sucede a menudo que los perdedores de una elección gritan fraude y como nos hace recuerdo J.C. Salazar, AMLO lo hizo varias veces, pero las reclamaciones caían en saco roto. En el país no cayeron por lo que había ocurrido con el 21F y la poca credibilidad del Tribunal Electoral.

Nos conviene un partido de izquierda fuerte, para tener los contrapesos de una buena gobernanza, pero plantear la disputa política en términos raciales, como lo hace el perdedor García Linera, es una estrategia equivocada. Lo único que logrará será herir de manera muy significativa al país. 

Ahora más que nunca hay que mirar hacia adelante y no es tiempo de recriminaciones. Las tareas que tiene el gobierno de la presidenta Añez, aun si es transitorio, son inmensas. Tiene que conducir a las elecciones, restablecer  la confianza y  mejorar la imagen internacional, incluyendo la normalización de relaciones con el nuevo gobierno argentino. Lo logrado para la pacificación del país es destacable, muestra lo sensatos que podemos ser los bolivianos y  refuta la tesis de que siempre somos maximalistas.

Los maximalistas han resultado ser nuestros  críticos extranjeros. Que la rosca de los Maduro, Ortega, López Obrador y los kirchneristas chillara no llama tanto la atención, como los editoriales  de periódicos supuestamente serios y las opiniones de los  “dear professors” de respetadas universidades, que desde  lo alto de sus cátedras lamentan lo sucedido en  un país que desconocen.

 En pocas semanas más Evo Morales ya no estará en la marquesina y el peor castigo que tendrá por sus malandanzas será el aburrimiento. Por su parte, los forasteros editorialistas y académicos nos revelarán cuán desinformados estaban.

 
Juan Antonio Morales es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.
 

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