Erick Fajardo Pozo

Necropoder y victimismo como agencia táctica

miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 00:10

Mientras el antropólogo alemán Mats Utas estudiaba las dinámicas societales en escenarios de guerra civil, en África occidental estableció la necesidad de deconstruir el par opuesto agencia-victimización, cuestionando la tendencia a asumir “per se” la privación de agencia en actores percibidos como “deficitarios” en términos de poder y su categorización a priori como víctimas de conflicto.

La etnografía de Utas sobre mujeres-soldado en Liberia, igual que la de su colega Henrik Vigh sobre niños-soldado en conflicto armado en Guinea Bissau, confirmaron esenciales certezas foucaultianas: que las estructuras no detentan monopolio de poder, que ningún individuo está incapacitado para ejercer agencia y – lo trascendente – que la agencia, cual estrategia o táctica, se ejerce con eficacia precisamente desde la presunción de vulnerabilidad.

En una crítica a la categoría victimización (victimhood) y el monopolio de poder, que esta atribuía a la estructura (Estado, patriarcado, clase) sobre individuos “desposeídos” de agencia (mujeres, menores, minorías); el concepto de victimismo (victimcy) es propuesto como el ejercicio de una estrategia de poder y un recurso táctico de los aparentes desvalidos para prevalecer en escenarios de conflicto.    

El victimismo es entonces revelado como una forma de autorepresentación, mediante la cual una cierta agencia táctica es efectivamente desplegada para lidiar con circunstancias difíciles, inciertas y desempoderantes que pudieran confrontar actores en escenarios de confrontación (Utas, 2005).     

El conflicto boliviano en proceso es un ejemplo perfecto de la articulación de necropoder y victimismo. Nos permite entender el bucle entre el ejercicio de la soberanía como política de anulación del otro y el ejercicio de la agencia de autoposicionarse como “víctima de conflicto”.

La articulación de ambos, cual estrategia de poder y recurso táctico es la fórmula lógica que le ha permitido al régimen cocalero normalizar la excepcionalidad desde su forma estado y apelar a una percepción colectiva de vulnerabilidad, y carencia de agencia; mientras se negocia, se contiende y se disputa el campo político precisamente desde la agencia táctica, que esa vulnerabilidad le ofrece. 

En términos de Mbembe y Agamen, el régimen de Evo Morales ejercitó necropolítica como rasgo central de su ejercicio de soberanía, desde sus instituciones absolutas –el gobierno, el partido, el sindicato–, reclamando los triunfos políticos como victorias militares, pero asumiendo a la vez, eficazmente, el rol de víctimas en su eventual repliegue a la forma sindical. 

El victimismo es una secuencia cíclica de estrategias y tácticas sociales de agentes de poder que se basa precisamente en proyectarse como despojados de agencia y poder. En tanto, Estado-institución, el régimen cocalero ejercitó la descarnada soberanía del Estado postcolonial y ya fuera del Estado ejercita ahora el repliegue táctico hacia narrativas de damnificación, desde donde re-acumula legitimidad social. 

Si tomamos la definición de Vigh, que define “estrategia” como el proceso de demarcar y constituir espacios y “táctica”, como el proceso de navegar en esos espacios (Vigh, 2003), encontraremos más comprensible la paradoja que vive Bolivia estos días: estructuras y agentes de poder que entran, y salen del Estado, navegando socialmente del ejercicio de una soberanía del necropoder al victimismo de quien dice ser objeto del asedio del Estado absoluto.

Bolivia debe repensar 20 años de dictadura sindical y 14 de necropolítica; deconstruir los discursos del periodismo paraestatal y las minorías eficaces intelectuales agenciadas al régimen de la coca desde la perspectiva de un victimismo, adoptado como estrategia y táctica por los agentes de un necropoder forzado al repliegue, pero en plena capacidad de ejercer la violencia como agencia.

 
Erick Fajardo Pozo M.A. en comunicación política y gobernanza, T.A. de antropología de Latinoamérica en el Columbian College of Arts and Sciences.

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