Jorge Patiño Sarcinelli

Así cosecharemos tempestades

jueves, 12 de diciembre de 2019 · 00:11

Cuando la Asamblea aprobó por unanimidad de la ley de convocatoria a nuevas elecciones y cuando los actores de los varios conflictos desatados en el país a raíz del fraude electoral depusieron su beligerancia, se disiparon los temores y se extendió el alivio colectivo. 

Parecían todos cansados de tanta pelea, como un gran animal herido y jadeante, y estaban deseosos de retomar el rumbo, aunque sea precario, de sus vidas. Había optimismo en el aire, pero no era general. La lucha había terminado, pero había vencedores y vencidos, contentos y descontentos; no era una paz definitiva, era una tregua en una pelea de largo plazo. 

Los grupos sociales también tienen hipocresías y volatilidades, esconden sus sentimientos y los cambian al menor chispazo. La paz lograda era precaria, nadie se pudo hacer ilusiones. Era el bien más precioso y más frágil que este Gobierno debía cuidar, y temo que esté fallando en este intento. La violencia ya brota nuevamente. 

Durante los primeros días, excepto por los excesos verbales de Murillo, todo parecía ir bien, pero pasada la primera ilusión, han comenzado los errores del nuevo Gobierno. No me refiero al traspié de Justiniano, que es un accidente normal de gestión y fue corregido, sino al revanchismo que domina sus acciones.

No hay día que no aparezca una noticia de alguien metido a la cárcel acusado de algún crimen de la gestión del MAS. Sí, metido a la cárcel de buenas a primeras, no como consecuencia de un debido proceso sino por una simple acusación. Este gobierno está cometiendo la misma arbitrariedad del MAS: hacer de la cárcel una vitrina de un supuesto rigor justiciero.

Pero el error más grave que se está cometiendo, y del cual esa actitud carcelera es solo una parte, es el revanchismo. El Gobierno parece estar empeñado en negar y borrar todo lo que hizo la anterior gestión, como si hubiese sido un bando de usurpadores sin logro alguno, no un gobierno elegido democráticamente. 

Incluso la amnistía propuesta solo beneficia a los afectados por abusos judiciales de los últimos 14 años, como si antes no los hubiese habido, en todos los gobiernos sin excepción. 

Lamentablemente este revanchismo lo comparte una buena parte de la población. El tan cantado espíritu cívico y democrático había estado manchado de sed de venganza; es decir, es menos democrático de lo que se cacarea por ahí.

Con esa destrucción a fardo cerrado de todo lo anterior, se están echando por la borda logros que benefician al país. Pero hay un daño más grave en este momento, pues esa negación revanchista e indiscriminada de todo lo hecho por el MAS margina al área conciliadora del partido y atenta contra la paz que la presidenta Añez tiene como tarea principal consolidar.

Es un derecho político de los ciudadanos ser reconocidos en su identidad, en sus ideales y en sus logros. Son muchos los que han votado por Evo en esta elección, y muchos más los que un día creyeron o votaron por él. Esa suma, que debe corresponder a unos dos tercios de la población, es seguramente la que cree que algo de bueno debemos al MAS. 

Por lógica eso debe ser reconocido y preservado. Al contrario, su destrucción es un atentado contra ese derecho al reconocimiento, es una provocación y un insulto. Una parte de ese grupo siente la amenaza de ver aquello en lo que ellos creían negado y revertido. Con toda razón, abandonarán su actitud de paz en un escenario que ellos creían de conciliación, para salir a defender sus conquistas legítimas.

La presidenta Añez tiene una misión principal por la que será juzgada por la historia: administrar la transición hasta las elecciones manteniendo la paz. Lo demás es accesorio. La paz debe ser consolidada sobre lo avanzado, no queriendo hacer borrón histórico con una imposible cuenta nueva. 

Negarse a sí mismo es una grave violencia sicológica. Lo mismo sucede con un país: pretender borrar lo que fue y lo que es, y negar lo avanzado es una violencia colectiva como los palos y el fuego.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor
 

 

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