Tuffí Aré Vázquez

Jhanisse en la OEA

lunes, 16 de diciembre de 2019 · 00:12

“¿Qué pasó? ¿Dónde estaban ustedes cuando más los necesitábamos?”.  Así ha resonado en uno de los salones de la Organización de Estados  Americanos el inédito y vibrante reclamo de la joven activista boliviana, de 26 años, Jhanisse Vaca Daza, a los representantes de más de una treintena de gobiernos que se han interesado, recién ahora y como nunca antes, por lo que sucede estas últimas semanas en la todavía frágil democracia boliviana.

No se conocen antecedentes de una intervención de una ciudadana boliviana en la OEA con ese tono crítico y justo al desempeño muchas veces tibio y sospechoso de un organismo multilateral y de la comunidad internacional, que casi no se ocuparon en los últimos 14 años de dirigir su mirada a los atroces abusos de poder de un gobierno autoritario. Hasta ahora persiste la sensación de desamparo ante lo que fue la insistente demanda de una mayoría de los bolivianos de inhabilitación de las candidaturas de Evo Morales y de Álvaro García, después de que ambos se creyeron con la suficiente autoridad para desconocer el voto del 21-F.

Es más, el desconcierto dominó cuando el propio secretario general de la OEA, Luis Almagro, se encargó inesperadamente de legitimar en persona a la dupla autoritaria. Otra hubiese sido el rumbo si la comunidad internacional se ocupaba a tiempo de conocer y de entender lo que realmente venía ocurriendo con el manejo abusivo del poder en este pequeño país del corazón de Sudamérica. Mucho del dolor y la sangre que ha corrido en estos tiempos se habría evitado con la celeridad que no tuvieron los indiferentes y lentos organismos internacionales cuando se les pidió al menos dirigir su mirada a lo que pasaba con la democracia boliviana.

Como lo ha explicado y sostenido acertadamente Jhanisse en su inolvidable y fulminante exposición cronológica de hechos el jueves último a la OEA, el origen de los graves problemas de la democracia boliviana está en el autoritarismo de un gobierno que ella misma padeció desde sus cortos 14 años de edad, junto a los jóvenes de su generación, puntales de la histórica “revolución de las pititas”. Las muertes, los heridos, las detenciones, la zozobra y las pérdidas de patrimonio que hemos sufrido en las semanas pasadas se hubiesen evitado con el necesario contrapeso al poder, que se creyó capaz de eludir impunemente el voto.  No hubiese sido necesario tanto sacrificio en la defensa de la democracia.

Solo diez minutos de Jhanisse Vaca Daza en la OEA han sido suficientes para sacudir la atención de los que han hecho poco para comprender lo que se gestaba en Bolivia estos años. El testimonio de la joven activista tiene el valor principal de intentar herir el relato oficial interesado y el mito construido por quien usó todas las armas disponibles para prorrogar su mandato.  

“Bolivia ha sido abusada, pero se le cree más al abusador”, ha expresado la cofundadora de Ríos de Pie, el movimiento de jóvenes que impuso inteligentemente el método de lucha no violenta, sobre todo en las calles de Santa Cruz durante los 21 días de la “revolución de las pititas”. Con el único poder de la palabra y el testimonio personal de los hechos, Vaca Daza ha desnudado las miserias del abusador y será desde ahora más difícil que el mundo escuche y le crea solo a una de las partes interesadas en la historia.

De la intervención de Jhanisse en la OEA queda como primera consecuencia el remezón a la conciencia de la comunidad internacional, sobre todo para que intente actuar con justicia y honestidad, cuando así lo requiere la democracia de un país, por más pequeño que sea. Los silencios cómplices solo ayudan a engendrar monstruos difíciles de derribar.

Una segunda constatación se asienta en la evidencia de la eficiencia de los métodos de luchas no violentos, que en el caso boliviano, se han impuesto hasta este momento a las peligrosas movilizaciones incitadas por los violentos de siempre. Como expresa Jhanisse, la “revolución de las pititas” no solo cambió el curso de la historia, sino que ha transformado para bien la cultura urbana.

Más allá de estos efectos, el ciclo que se inicia debe insistir como nunca en la reconciliación, en la reconstrucción del tejido social y en la consolidación de una cultura de paz. El llamado de Jhanisse a la comunidad internacional a acompañar el proceso de recuperación y fortalecimiento de la aún frágil democracia boliviana apela a una solución de fondo que no pasa por apoyar solo a personas en las nuevas elecciones, sino fundamentalmente por encarar ahora sí, sin descanso y con firmeza, la construcción de instituciones fuertes, de manera que no sea necesario cada 10 o 15 años dirimir las disputas de una sociedad tan compleja en las calles.

Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2019.

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