Lupe Andrade

Recordando a Juan Lechín

miércoles, 18 de diciembre de 2019 · 00:10

En estos tiempos en que pelean entre el liderazgo político y el liderazgo laboral, me viene a la memoria la vida digna y hazañas de un gran líder político, fundamental líder laboral y hombre excepcional.  
Lo conocí de niña, en las épocas del 1952; lo recuerdo de Vicepresidente con Víctor Paz Estenssoro, y en otras facetas más.  Nació en la mina Corocoro, trabajó en Catavi y fue fundador de la COB, así como adalid de la Nacionalización de las Minas, uno de los pilares del MNR.  
Pero hoy no hablo de su política, no siempre bien apreciada.  Quiero recordar al hombre que surgió de la base, que se levantó como líder por su convicción de que los mineros eran héroes de la patria, y porque al desarrollar su propio liderazgo en la política nacional nunca dejó de ser defensor de los humildes e indefensos. 
Tengo una hermosa fotografía de Don Juan con impecable frac, junto a su esposa Coca Weise, de largo traje de gala.  También tengo desteñidas fotos de él en Catavi, donde fue motor de la Revolución de 1952, esa que dio el voto a mineros, campesinos y mujeres.  Lechín ayudó a cambiar a Bolivia y la engrandeció. 
Era un hombre elegante (lo acusaban de ser un dandy), siempre impecable con ternos de lana inglesa, chalina de cachemira, sombrero y zapatos relucientes.  No tenía complejos al respecto, y creía que todo hombre tenía derecho a ser lo que quiera ser y vestir como quisiera.
 No pensaba, como hoy, que el líder minero estaba obligado a usar un “uniforme” con casco, casi hasta para dormir, o que el líder campesino debía estar forzosamente enfundado en un poncho rojo.  No.  Lechín, nacido minero, trabajador y líder laboral de  la más grande mina boliviana, se destacó por su inteligencia, dedicación y capacidad de enfrentar a cualquier rival, de cualquier nivel.  
No creía en límites o casillas fijas que atrapan a los líderes. No se dejó encajonar.  Ser elegante no le impedía ser dirigente, y ser un Don Juan con muchas mujeres, no le impedía ser Don Juan Lechín, el mejor, más serio y más activo vocero del trabajador boliviano. 
Como dirigente laboral, fue constructor, no destructor; hombre de honor.  Era fino y exigente, pero vivía modestamente en un pequeño departamentito en Sopocachi.  Lujo, ninguno.  Además de ser intachable, vivió desde el inicio inmerso en la misión de luchar por los mineros. 
Luego extendió su misión a todos los trabajadores porque creía en el valor de cada persona, en el valor de sus esfuerzos e ideales, y en que cada trabajador debería poder ser todo lo que su capacidad y ambición le permitan, sin estar limitado por categorías secantes.  
No tuvo temor a ser elegante, pero tampoco tuvo vergüenza de calarse el casco minero con el cual había iniciado su vida laboral.  Nunca negó haber nacido en Corocoro, ni se hizo construir allí un museo con su nombre. No se sintió obligado a rechazar al mundo exterior para mantener su imagen laboral.  A veces lo tildaban de contradictorio, pero era simplemente talentoso y complejo.
Hoy no tenemos a nadie de su talla.  Hemos adoptado otras modas y modismos. Pareciera que el dirigente minero de hoy tiene que andar mal vestido, como si ponerse una buena camisa fuera una claudicación, pero es importante saber que somos más que un disfraz, un traje o un oficio.  Somos la suma de partes contrastantes y complejas, y Juan Lechín lo comprendía perfectamente.  No tenía complejos -que yo sepa- y si alguna vez los tuvo, los superó con la misma altura y donaire con que luchó por el MNR.  
En el Instituto Americano donde estuvo interno, fue alumno de mi padre, junto con Hernán Siles Suazo.  La amistad forjada entre los tres se tornó en una relación vibrante de política y convicciones que duró una vida, con desavenencias, pero nunca enemistad.  Sabían que se puede disentir sin claudicar.  Lechín fue también entrañable amigo de Mario Mercado, empresario minero con quien compartía la visión de una gran nación a nuestro alcance.
 Valioso personaje para recordar ahora, cuando parece que hemos olvidado lo que significa luchar por una patria de brazos abiertos, de ricos y pobres, de oriente y occidente, citadinos y campesinos unidos y empeñados en lograr una Bolivia fuerte y mejor.
 
Lupe Andrade es periodista

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