Juan Pablo Marca

El reino de los cielos en el discurso político

lunes, 02 de diciembre de 2019 · 00:11

Este artículo busca analizar la instrumentalización de la religión y la idea de la instauración del reino de los cielos en la legitimación de un gobierno.  El martes 12 de noviembre, Jeanine Añez, la nueva presidente interina de Bolivia, llegaba a Palacio de Gobierno con la Biblia en la mano para asumir sus funciones. Posteriormente Luis Fernando Camacho mencionaba que la Biblia había llegado a Palacio y que Dios había llegado a Palacio.

 De un tiempo a esta parte, el tema religioso ha cobrado una importancia relevante en el discurso político de diferentes actores políticos, cívicos y la ciudadanía en general. Pareciera que en Bolivia estaríamos viviendo en una teocracia, un sistema político en el cual los sacerdotes o los príncipes, en su calidad de ministros de Dios, ejercen el poder político en la nación.

En la actual coyuntura, después de la renuncia de Evo Morales, es muy común en las redes sociales escuchar frases como: “Dios tienen el poder ahora en el país”. “Nuestro Rey Jesucristo, Gobierna nuestra Bolivia desde nuestro palacio de gobierno para siempre”, “El reino de los cielos ha llegado a palacio”. Evidentemente, las ideas mencionadas contradicen en términos teológico lo que el mismo Jesucristo mencionó en la Biblia: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36).

 Efectivamente, Jesús nunca mencionó que su reino fuera establecido desde un gobierno temporal. En ese contexto se debe entender que los reinos de este mundo son temporales y que Cristo no vino a establecer un poder temporal o político. Conviene, precisar que su reinado nunca se acabará y que nunca será destruido. Y será establecido definitivamente con su segunda venida en gloria a esta tierra. 

Hace tiempo Evo Morales mencionaba: “Túpac Katari sería mejor que Cristo Salvador”, “si el imperio norteamericano nos acata políticamente, económica, no nos va salvar Dios, el pueblo nos va salvar”. Evidentemente el uso de rituales religiosos indígenas en la legitimación del Estado Plurinacional preparaba el terreno para el uso político de la religión (cristiana católica) en el discurso de diferentes actores políticos y cívicos. Como es el caso de Chi y Camacho, que mencionan que la Biblia volvería al Palacio. 

La centralidad de la política boliviana empieza a girar en torno a quién usa mejor la religión en la legitimación de sus posiciones políticas. No es un reavivamiento espiritual, es la politización de la religión. Esto podría llevar a larga a un desprestigio de la religión en la sociedad. La religión no necesariamente implica que las personas, que dicen ser religiosas, sean más morales frente a las que no son.  

Sin embargo, el fenómeno del uso de la religión en el discurso político lleva a articular un relato que tiende a ser hegemónico en el campo político opositor. Pero es necesario precisar que la cuestión religiosa no es el gatillador de las movilizaciones que terminaron con la renuncia de Evo Morales, sino el respeto a la democracia. Entonces, cabe precisar nuevamente que el problema que vive el país no es un problema religioso, sino un problema político.

 En síntesis, el discurso de que Dios vuelve a Palacio es básicamente una instrumentalización grotesca de la religión en la legitimización una acción política. El hecho de que la Biblia haya sido colocado en el Palacio y a partir de ese hecho creer que Dios gobierna en Bolivia, es algo irreal en términos teológicos y además contraviene el mandamiento que indica que no se puede tomar el nombre de Jehová tu Dios en vano (Éxodo 20: 7).

  
Juan Pablo Marca es politólogo y sociólogo por la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno

60
8

Otras Noticias