Javier Torres-Goitia T.

La Navidad y el amor frente al rencor racista

sábado, 21 de diciembre de 2019 · 00:10

 En tres días más, en el hogar más humilde  o en las salas alfombradas; en los modestos pesebres de los pobres o en las residencias mejor instaladas, se encenderá por lo menos una velita para alumbrar el amor filial y solidario. El saludo usual de esta temporada de “Feliz Navidad” se expresará en un abrazo tierno y cariñoso entre padres e hijos, entre hermanos, amigos o hasta entre simples conocidos. La Navidad es una fiesta que une a todos, creyentes y agnósticos, y en los cinco continentes, como símbolo de paz, de amor y esperanza.

 En nuestro país, gracias a la revolución de las pititas, los mandiles blancos y a millones de personas decididas a “no cansarse”, “no rendirse”  y no dejarse robar una elección, primero, y luego a recuperar su libertad, expulsando al tirano, se conquistó la democracia. Gracias a la movilización, no de masas enceguecidas por un caudillo, sino de consciencias libres y líderes valientes, esta Navidad en libertad ya no será profanada, tratando de remplazar el histórico pesebre, donde nació Jesús, por una casa de Orinoca, con la foto de Evo en la ventana, como ocurrió en años pasados, en esta fecha y en esta ciudad, orgullosa de ser “tumba de tiranos”.

 La nueva presidenta boliviana, adelantándose a esta solidaria emoción navideña, pidió a sus colaboradores “construir puentes de paz y curar heridas” para unir a todos los bolivianos. El sobrehumano esfuerzo gubernamental está logrando consolidar la institucionalidad del país, sustituir la tramposa Corte Electoral por otra elegida democráticamente y garantizar que se convocará a elecciones imparciales

 Pero los cómplices del fraude electoral conservan un poder tan importante, como el Legislativo y escudados en la Constitución tratan, antidemocráticamente, de indultar al tirano prófugo, ahora bajo orden de aprehensión, y liberarlo de toda culpa por los incendios, robos, cerco a las ciudades, quema de autobuses de transporte colectivo y otros vandalismos, más la siembra del terror colectivo en pueblos y ciudades que él impulsó desde un privilegiado refugio en el exterior.  

 Lo mucho logrado no permite resignarse a “dormir con el enemigo” y menos a dejar de lado delitos y crímenes cometidos por el rencor racista. Necesitamos paz y también recuperar la justicia. Derrotar el narcototalitarismo, que está buscando resquicios legales para rescatar el poder, requiere movilizar un esfuerzo societal unitario.

14 años de racismo, distorsión de la ética, la moral y hasta la religión, no se corrigen fácilmente. Niños, que ahora son ya jóvenes, han aprendido a odiar al supuesto blanco, el crimen se tornó en virtud y la mentira en arma de defensa, el robo mismo se convirtió en conquista, y en esta inversión de valores sus paradigmas priorizan a Zárate Willca, frente a Pedro Domingo Murillo, precisamente porque Willca, sin respetar el templo donde se refugiaron jóvenes chuquisaqueños derrotados, fue el descuartizador y degollador de aquellos blancos en Cosmini y Ayo Ayo.

Con estos antecedentes, el cerco a las ciudades y los bloqueos ordenados por Evo para sembrar el caos y retomar el poder son sólo un pálido reflejo de lo mucho que hay que cambiar

 La violencia, en cualquier circunstancia, siempre genera mayor violencia. La firmeza, protagonizada por la actual presidenta es diferente, precisa más de Paolo Freire que de Pinochet, demanda una pedagogía social del más alto nivel, una política de puertas abiertas, una gestión compartida y concurrente, no sólo para el pueblo, sino con el pueblo, y que sea escuela para enseñar prácticamente que la democracia no busca destruir a nadie, sino que todos contribuyamos al bienestar de todos, solidariamente.

 En 1982, cuando vencimos a otras dictaduras, una política de salud democrática y participativa logró conquistas en salud no igualadas hasta la fecha. Ahora, con toda la sociedad movilizada, con los comités cívicos, las redes sociales, y la activa solidaridad creada frente al peligro de un sangriento enfrentamiento fratricida, podemos ir más lejos en todos los sectores, mostrar que la democracia es superior a la dictadura y que ya sabemos que unidos no nos hundiremos.
 

Javier Torres-Goitia T. fue  ministro de Salud.

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