Iván Camarlinghi

¿Asilado, refugiado o huésped?

domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:10

El expresidente de Bolivia ha tenido en los últimos 40 días un periplo internacional digno de una tragicomedia, al más puro estilo de Les Luthiers, porque vistos los acontecimientos ya no se sabe si es asilado, refugiado o “huésped” de la Casa Rosada.

La tragicomedia empezó el 10 de noviembre, cuando, en menos de 24 horas, el exmandatario pasó de ser un presidente con un poder invencible a un exdirigente mansito, al que había que tener “conmiseración” por las acciones de oligarcas, derechistas y golpistas que habían decidido quitarle la vida, esa que presuntamente le salvó el Presidente mexicano, sin sospechar que abandonaría su asilo sin siquiera despedirse. La soberbia y las malas formas lo siguen dominando, a pesar de que ya no tiene el poder omnímodo. “Le mete no más”, ahora sin importarle las normas y leyes internacionales trasgredidas todos los días.

Qué diferencia con los verdaderos asilados de las dictaduras que asolaron Sudamérica en los años 70 y 80, que tuvieron que escapar clandestinamente por las fronteras o ingresar a embajadas de países amigos para emprender futuros inciertos. Muchos de ellos sobrevivieron trabajando de lo que sea. No hacían declaraciones, ni les permitían opinar o alentar contra la estabilidad de los regímenes instalados en Palacio de Gobierno, mucho menos instruir cercos a las ciudades para que la gente no tuvieran agua ni alimentos.

El expresidente recibe apoyo de sus aliados populistas para conspirar contra la presidenta Añez y contra la naciente democracia boliviana. Se da el lujo de amenazarnos a pesar de que ya no tiene todos los privilegios que detentó durante 14 años. Cómo extrañará sus vuelos matutinos en helicóptero, sus comidas cocinadas por chefs extranjeros o la enfermiza entrega de obras como campaña electoral de todos los días.

Es lamentable que a 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de una etapa más civilizada del sistema internacional, hoy, por conveniencias ideológicas, algunos convenios internacionales han quedado reducidos a simples pedazos de papel, sin ningún valor. Las Convenciones del Asilo Territorial, Diplomático y la de Refugiados han sido pisoteadas, por decir lo menos, por un exmandatario y al menos dos presidentes en ejercicio. El primero se empeña en seguir detentando el poder indefinidamente, esta vez detrás del trono.

Hasta la lógica común determina que si un vecino o una persona es invitada a nuestro hogar no puede hacer lo que le dé la gana, romper todas las normas de convivencia civilizada y encima amenazar con agredir a los vecinos, y continuar con un discurso violento. Las normas internacionales que regulan el asilo y el refugio son muy claras: ningún asilado puede incitar a la violencia, ni atentar contra la estabilidad del gobierno del Estado territorial (en este caso, Bolivia).

Además, los beneficiarios del asilo no pueden entrar y salir de los territorios de los Estados asilantes cuando se les antoje. Morales ha entrado y salido de México y de Cuba. Ingresó a la Argentina en forma “secreta”, según reportes de prensa. Si bien en principio el Canciller argentino le impuso que no hiciera declaraciones ni reuniones políticas, rápidamente fue desautorizado por el Jefe de Gabinete y por el propio presidente Fernández, quienes ahora lo tienen como “huésped” y hasta quizás le den alguna condecoración, cuál si de un héroe se tratara.  Por lo pronto, dicen que tendrá una casa en Orán.

En Bolivia, la heroica gesta de los jóvenes de las pititas pudo más que la dinamita, las bombas molotov fabricadas en oficinas del Estado y las armas de las FARC, el MRTA, y algunos otros grupos. La sesión del Consejo Permanente de la OEA, en la que hablaron un expresidente, la joven destacada Jhanisse Vaca, el Tata Quispe y un experto informático boliviano llena la esperanza de que, a pesar de las tropelías y el vandalismo desbocado de algunos, predominará la convivencia civilizada y democrática en nuestros países.

Si Evo y sus partidarios continúan atropellando la democracia en Bolivia será con la complicidad de sus aliados mexicanos, cubanos y ahora, argentinos. Había esperanza de que Fernández pudiera desmarcarse del kirchnerismo, pero las primeras acciones de su gobierno nos hacen ver que seguirá administrando el poder con las mismas mañas de su vicepresidenta.

A los bolivianos que queremos vivir en democracia y libertad sólo nos queda pedir a los dirigentes cívicos y políticos (que junto a todo un pueblo ayudaron a derrocar al gobierno autoritario) que en las nuevas elecciones prevalezca ese espíritu de unidad que hizo que Bolivia fuera  una sola,  para seguir emprendiendo unidos el camino que nos lleve a consolidar una democracia justa y duradera.

Iván Camarlinghi es periodista y diplomático

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