C. Augusto Díaz Villanueva

Entre las sombras de María Galindo

domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:11

En lo personal trato de alejarme de toda opinión acerca del feminismo, sus actores y sus vindicaciones; creo que el mejor ejemplo que puede dar un hombre en este caso es el ejemplo, y en lo posible, mantener la boca cerrada. Es decir, no caer en el sensacionalismo machista que se mofa de las graves condiciones de millones de mujeres, ni en la hipocresía del aliado feminista, que lo único que busca es quedar bien y aprovecharse de una causa ajena. Sin embargo, y a pesar de costarme públicamente lo que pienso, no puedo dejar en lo privado una serie de pensamientos que elaboré tras leer la columna de María Galindo dirigida a la Presidenta del país.

Gracias a la vida tuve la oportunidad de decirle de frente a Galindo que gran parte de su lucha es admirable. Pero no por ello, ni por ser mujer, este personaje está exento de la crítica, como cualquier mortal. De ahí que me atrevo a enunciar ciertos rasgos de María Galindo a raíz de su artículo, cargado de resentimiento contra la presidenta Jeanine Añez. Aprovecho esta oportunidad para explicar algunas categorías que vengo trabajando en otros escritos.

Galindo sufre de “racismo de postal”. Si María Galindo cree que teñirse el cabello y tomar Coca Cola es odiar al indio, pues cree también que la india no tiene derecho a superarse; no tiene derecho a salir del lugar donde nació, no tiene derecho a estudiar una profesión. En el imaginario de Galindo, una de las condiciones para ser india es no acceder a las ventajas que proporciona la modernidad, lo que equivale a que la india tenga que vestir, para ser una, un atuendo pintoresco y en lo posible elaborado artesanalmente, así como aparecen en las postales.

La única diferencia para Galindo, a modo de diferenciarlas, estaría en las sandalias, si la mujer vive en el oriente, o en las abarcas, si vive en occidente.

En el fondo,  el pensar de Galindo no es más que la expresión de un racismo encubierto tras la lucha feminista. Galindo es la típica mujer blanca paceña que trata de igualada a cualquier india que ose gozar de los mismos privilegios que ella. Galindo cree que teñirse de rubio te hace odiar lo que eres, pero teñirse de rojo, violeta o verde te dignifica.

Galindo es la viva expresión del conservadurismo paceño. Más allá de su blanca piel, de sus claros ojos y de su cómoda, y larga vida, Galindo no cree en el mérito de las mujeres, peor si son indias. Galindo sigue siendo esa blanca de la República de Sopocachi o de la jailonada de la zona Sur que cree que todo logro de una mujer india es por ser puta. Galindo es esa enemiga de las mujeres que cree que un título, un ascenso o un buen trabajo obtenido por una mujer india es porque se acostó con el jefe. 

En el fondo Galindo no cree que los indios puedan conseguir algo por mérito. Galindo cree que un indio no puede ser un potentado ganadero, sino sólo un matón. De ahí se puede observar que el decimonónico imaginario de Galindo asocia la delincuencia con lo indio, como si el mundo del poder económico tuviera que ser exclusivamente de los blancos y de ojos claros. 

Si eres blanco y te sientas en la silla ejerces el poder, pero si eres indio o india sólo eres una ficha.

Las palabras de Galindo son la mayor y más clara muestra del “resentimiento del color de piel”. De ahí que pueda ser posible que siendo de izquierda, al igual que Evo Morales, éste último haya sido objeto de sus críticas. Porque Galindo antes de ser de izquierda o feminista de clase, es racista. Por eso ni Evo ni Añez pueden ser una opción para ella, en su imaginario sólo puede ser opción un blanco o una blanca vecino de ella (de ahí que haya tenido un programa con otro famoso político de tez blanca y casualmente de izquierda).

Lo que en el fondo no entiende Galindo es que la india y el indio pueden ser lo que les da la gana. Los indios pueden decidir si quieren ser rubios o crespos, pueden conducir programas en la TV, pueden cruzar el Pacífico y traer mercadería de China. La india también puede vivir en la República de Sopocachi o en la zona Sur. La india puede, si le da la gana, ser Presidenta de la República, porque presidente indio ya hubo uno, ella por qué no. Es más, la india puede decidir por sí misma si quiere que la llamen india o no.

Tampoco podemos esperar que Galindo admita lo dicho anteriormente, porque Galindo nunca se equivoca, nunca se autocritica. Galindo es ese caudillo bárbaro personificado en una mujer, a modo de camuflarse en las exigencias del mundo moderno. Para Galindo no existe mujer admirable que no sea ella; para Galindo no se puede ser feminista sino se es de izquierda y racista. 

En fin, Galindo es egoísta porque su imagen y su fama son prioritarias antes de reconocer los logros de la que dice que es su lucha en otra persona.

C. Augusto Díaz Villanueva es abogado.

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