Juan Antonio Morales

Trece años y nueve meses

domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:12

Vale la pena preguntarse qué le ha pasado a la economía nacional en los más de 13 años del gobierno de Evo Morales y del MAS. Vale la pena preguntarse también si no la han dejado “a punto de colapsar”, como lo confiesa el exministro Luis Arce Catacora desde México, en respuesta al cuestionario de La Razón (14/12/2019). 

No se podría entender lo ocurrido sin referirse a la extraordinaria bonanza  de nuestras exportaciones, posiblemente sólo comparable a la  que tuvimos a principios del siglo pasado, con el auge del estaño. En algunos años, como el 2012 y el 2013, el ingreso adicional por efecto de la relación de precios de nuestras exportaciones con relación al precio de nuestras importaciones fue de 8%.

 En otras palabras, el equivalente del 8% del PIB nos había caído literalmente del cielo. El problema era entonces bien administrar ese maná y no la escasez a la que estábamos acostumbrados en nuestra pobreza secular. Es una pregunta abierta la de si se administró bien esos recursos adicionales. Una hipótesis benévola es que podíamos haberlos farreado y que más bien se tuvo una cierta prudencia, lo que iría a distinguir a la política económica boliviana de las aplicadas por Venezuela y Ecuador (antes de Lenin Moreno). Nosotros fuimos más sensatos, pero es magro consuelo compararse con esos países y simplemente constatar que podíamos haberlo hecho peor.

La bonanza de las exportaciones tuvo repercusiones internas de gran magnitud. Durante un periodo bastante largo, los depósitos bancarios crecían al 18% por año. El aumento de los depósitos produjo un auge de la construcción privada, que vino a sumarse a la gran expansión de la construcción pública. El aumento de los depósitos bancarios no sólo que incrementó la disponibilidad de crédito, sino que tuvo también el efecto colateral de hacer bajar las tasas de interés que se pagan a los depositantes. 

Muchos ahorristas, al constatar que por sus ahorros les pagaban apenas una pestañita, decidieron almacenarlos más bien en bienes raíces, lo que le dio un impulso adicional a la construcción. Con la doble bonanza, la de las exportaciones y la de la construcción, no era tan milagroso que el PIB creciera a altas tasas, a pesar de las políticas equivocadas. 

Con el crecimiento de la economía y en mucho menor medida por las políticas sociales  se redujo la pobreza. El crecimiento, muy intensivo en mano de obra no calificada o semi-calificada, hizo también que la distribución del ingreso mejorara. Como la prima de ingreso por educación se redujo, fueron los  profesionales los menos beneficiados con la economía en auge.

La leche comenzó a agriarse a fines del 2014. El año 2015, las exportaciones cayeron en un 40% pero el Gobierno, en vez de ajustarse, trató de continuar la fiesta con programas muy grandes (y muy mal pensados) de inversiones públicas. No es de admirarse entonces  que el déficit fiscal trepara a 8% del PIB y que el déficit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos subiera por encima del 5% del PIB. 

Las reservas internacionales que se habían acumulado hasta el 2014 comenzaron a caer precipitadamente. Contribuyó también al deterioro de las cuentas externas, el congelamiento del tipo de cambio a fines del 2011, que descabelladamente  decidiera el dueño (o que se tomaba por tal) del MEFP.

No cabe duda que el gobierno del MAS ha legado problemas difíciles al nuevo gobierno, pero la economía está muy lejos de estar a punto de colapsar. De entrada, se  tiene que encarar el saneamiento tanto de las cuentas fiscales como de las cuentas externas. Un tema especialmente difícil es el de la inserción internacional, ahora que nos estamos quedando sin reservas de gas natural, luego de una gestión  desastrosa de YPFB. No tenemos suficiente oferta y los mercados de exportación se nos están encogiendo.

Los desafíos son grandes pero creemos que dando más espacio a la iniciativa privada y confiando en el tino de buenos equipos económicos, en el MEFP y en el BCB,  de la presidenta Añez, se tendrá éxito. El país lo necesita.

Juan Antonio Morales es expresidente  del Banco Central de Bolivia

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